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“Relatos del Corán” (Historias de los profetas) Hoy: Capitulo 19, Hoy: SALIH[1]

De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado por Dar Al Kotob Al Ilmiya

A causa de sus pecados, los aditas morían miserablemente, siendo remplazados por los Thamuditas que se apoderaron por transmisión la herencia de sus casas y sus tierras[2].

Los Thamiditas era un pueblo muy hábil y activo. Vivía en la tierra, la poblaba y cavaba en ella fuentes de agua. Plantaba los jardines, cultivaba los campos, edificaba los palacios y cavaba en las montañas magnificas residencias. Para ellos, la necesidad era la madre de la ciencia. El lugar que habitaban era arriesgado, debido a lo cual tomaban una serie de precauciones para protegerse contra imprevisibles circunstancias. Vivian en quietud, en medio de la prosperidad y desahogo, pero eran siempre ingratos. No habían agradecido a Allah por todos estos favores ni manifestaron su reconocimiento hacia Él. Al contrario sembraban la corrupción y la inmoralidad en la tierra. Era gente refractaria que, arrogante, ignoraba el camino recto y actuaban de manera orgullosa y altiva. Adoraba ídolos en vez de Allah, atribuyéndole asociados, creyendo que eran inmortales, que iban a gozar eternamente de sus bienes y vivir en toda quietud en la prosperidad.

Allah les Envió Salih, un hombre de elevado rango, honesto, indulgente, clarividente y razonable. Salih los invitó a adorar Allah sin atribuirle asociados y a creer en su Unicidad. ¿Acaso no es Él que los Ha Creado de arcilla, los Instaló en la tierra, haciendo de ellos los sucesores de Add y permitiéndoles poblarla, Colmándolos con sus favores abierta y abundantemente pero prohibiéndoles adorar otra divinidad que no fuera Allah y que ni puede perjudicarlos ni puede beneficiarlos? Entonces ¿Por qué renuncian al culto monoteísta?

Salih predicaba día y noche, recordándoles el vínculo familiar que le unía  con ellos, un vínculo tan sólido como perenne.

¿No eran su familia, sus próximos parientes y su pueblo, velando para serle útil, que solo buscaba su interés sin ninguna mala intención? Les suplicó pedir perdón a Allah y arrepentirse ante Él porque Él está muy cerca de los hombres: “Cualquiera que vuelva a Allah sus votos serán realizados y sus oraciones escuchadas”, les dijo. Pero ellos hacían odio de mercader. Sus corazones estaban sellados y sus ojos cegados, tratándolo, incluso, de impostor y burlándose de él, pretendiendo que este llamamiento estaba muy lejos de la verdad, carente de sinceridad y que el propio Salih no decía mas tonterías.

Lo censuraron, lo regañaron cuando él era el razonable, el sabio. Le dijeron: “O Salih. Hasta ahora eras para nosotros una esperanza, razonable y dotado de un humor equilibrado y de una impresionante madurez. Te debamos mucha importancia cuando un día la desgracia nos pudiera asolar o cuando, ante una grave situación nos podrás salvar gracias a tu buen sentido y tu razón. Esperábamos que fueras un apoyo para nosotros en los momentos difíciles cuando el tiempo comienza sus convulsiones o sin una desgracia nos azotara. Sin embargo, ahora no dices que tonterías y no cuentas que más babosadas. ¿Qué nos pides hacer? ¿Nos aconsejas no adorar lo que nuestros antepasados habían adorado? Debes saber que seguimos y practicamos este culto desde nuestra más tierna infancia. Tenemos una inquietante duda respecto a lo que prodigas. No confiamos en tu palabra ni en la sinceridad de tu llamamiento. No denunciaremos el culto de nuestros ancestros.

Les advirtió contra una renuncia a su llamamiento, declarando abiertamente la finalidad de su misión, recordándoles los favores de Allah, explicándoles hasta qué punto será terrible su castigo.

Salih manifestó su buena intención, jurando que no esperaba de ellos ninguna retribución porque su recompensa no in cumbre más que al Señor de los mundos. Les dijo también que no aspiraba a ser jefe ni trataba de sacara beneficio alguno de su mensaje. La verdad es que no les había pedido nunca ni sueldo ni recompensa por lo que hacía por ellos. Pero insistió sobre estos hechos para disipar las sospechas, inherentes de poner en tela de juicio su misión.

Algunos, considerados como débiles entre su pueblo, se adhirieron al nuevo credo. En cambio, los notables seguían con su reprensible y repugnante orgullo, superando los límites de la razón y mostrando una rigurosa adhesión hacia el culto y la idolatría, diciendo: “Estás hechizado. Has perdido la razón. Creemos, en efecto que un diablo te acosa o que alguien te haya engañado. Por ello te has convertido en tan tonto, contando idioteces y hablando de lo que no conoces. No eres más que un ser humano como nosotros. Además, tu linaje no es más noble que el nuestro ni tu familia más rica o superior que las nuestras. Existe gente, entre nosotros, que es más digna que tu para ser gratificadas con esta función y transmitir el mensaje de Allah. ¿Qué es lo que te ha inducido a obrar de esta manera y adoptar este camino si no es el deseo de que te conviertas en alguien importante e influyente”?

Luego le invitaron a abandonar su religión y olvidar este asunto, pretendiendo, al mismo tiempo, de encontrarse desviados de la vía recta si siguieran su llamamiento. Salih desoyó sus calumnias, no dejándose influenciar por su tentación. Les dijo: “O mi pueblo, suponed que soy pudiente de una prueba de mi Señor y que una misericordia me llegara de Él, ¿quién me aportar socorro contra Él, si le desobedeciera?

Sois unos insensatos.

Cuando la gente que se estimaba superior inspiraba su resolución y su adhesión a Allah, se asustó porque temía que sus partidarios se multiplicarían y adquirirían una considerable fuerza. Les era muy difícil verle convertirse en el guía espiritual. El jefe, por excelencia para su pueblo que recurriría a él durante los momentos difíciles.

En este caso, la gente se sentía obligada a renunciar a sus consejos, considerando a Salih como un buen recurso, un mejor consejo cada vez que encontrarían insalvables dificultades. En efecto, Salih iría a guiarlos en un buen camino que les conduciría hacia la obediencia del Señor y que les protegería contra todo pecado. Los notables de su pueblo temieron perder sus privilegios y sus poderes, tratando, de este modo, a mostrar la ineficacia de su llamamiento. Les exigían aportar una prueba procedente de Allah y presentar un fehaciente milagro que probaría su sinceridad. Entonces les dijo: “ Alli tenéis una camella. Beberá un día y vosotros beberéis otro día convenido. Dejadla pastar a su antojo.

La gente que nunca había visto una camella que bebía un día agua y otro se abstenía voluntariamente, se encontró en un aprieto. Sin duda, Salih había observado ya su maldad y su ingratitud hacia Allah, adhiriéndose rigurosamente a su culto.” La verdad es que el ingrato no aprecia nunca que su oponente tuviera una argumentación razonable y lógica. Teme encontrarse ante justificaciones decisivas y cabales, entonces recurre con todas sus fuerzas, al rencor y a la adversidad para rechazar hasta las pruebas elocuentes”, les dijo.

Por esta razón, Salih comenzaba a temer se que se matar con premeditación a esta camella. Entonces les aconsejó evitar ser ignorantes y refractarios.

Les dijo: “No le hagáis daño alguno, sino vais a sufrir un castigo rápido”.

La camella permaneció con ellos algún tiempo, desplazándose libremente, bebiendo un día y absteniéndose otro. De hecho, su presencia entre ellos influenció a mucha gente que descubría mediante esta maniobra la sinceridad y la verdadera profecía de Salih. Una realidad que inquietaba a los notables, los cuales, invadidos por cierto recrudecimiento de temor de perder su influencia y de encontrarse privados de sus privilegios, ante los que habían sido reducidos a la impotencia, que se convirtieron en sinceros creyentes, acordando fe a Salih después de una profunda reflexión y meditación. Su fe no estaba expuesta a la duda o al temor sino basada en una convicción libre: “¿Sabéis si Salih ha sido enviado por su Señor? La verdad es que nosotros creemos en el mensaje del que se encarga”. Esta confesión no pudo engañar a los creyentes porque los notables que eran en todo momento soberbios y orgullosos habían declarado abiertamente su ingratitud hacia Allah, acusando a los demás de mentirosos: “Nos negamos a creer en este mensaje”.

Muchas justificaciones constituyen la base de esta irrazonable reacción. Por un lado, puede que esta corpulenta camella tenía una forma excepcional lo que asustó a demás camellos y bestias, rechazando su presencia entre ellos y puede ser que causaba algún impedimento para obtener suficiente agua, sobre todo en los momentos de gran necesidad, puesto que la orden divina era como sigue: “beberá un día y vosotros beberéis otro día convenido”, por otro. Puede ser, incluso que debido a que tenían una inclinación hacia el mal, obraban con vistas a disimular los signos de Allah y de sofocar toda prueba tendente a reforzar esta verdad, habida cuenta de que Salih ganó por esta tentación a muchos adherentes logrando atraer a mucha gente. Esta nueva situación inquietó mucho a los notables que temieron ver incrementarse con el paso del tiempo el número de los creyentes y que los discípulos y los adherentes de Salih se aumentaran cada vez más.

Por una o por todas estas razones a la vez que los notables cortaron los jarretes de la camella, matándola a pesar de que Salih les haya advertido de que serian castigados y condenados a la muerte si hicieran daño a esta camella. Creemos realmente que el pueblo de Salih consideró a la camella como un peligro. Para ellos se trataba, quizás, de un mal amenazador. Debido a lo cual reflexionaron mucho antes de cometer este crimen o cuando menos tuvieron miedo de matarla, temiendo el severo castigo. Cada vez que se disponían a ejecutar su plan, regresaban balbuceando con las manos vacías.

Al comienzo, los thamuditas, vacilaron a veces por el mal, otras por el temor. Ninguno de ellos se atrevió a hacer daño a esta camella ni siquiera tocarla. Al final decidieron hacer uso de las mujeres como último recurso. La mujer, en general, posee muchas cualidades que pueden seducir al hombre: la belleza, la seducción y la coquetería.

El hombre por su naturaleza, aspira a gustar a la mujer, se precipita a realizar todo lo que le pide, no escatimando esfuerzo alguno de cara a ganar su satisfacción. Por ello Sadouk, hijo de Mohia, una mujer de un elevado rango, muy rica, de una familia de notables, prometía a Mosda, hijo de Moerj estar a su disposición si cortara los jarretes de la camella que era un evidente signo de la sinceridad de Salih.

Otra mujer, la vieja ingrata Oniza atrajo a Khodar, hijo de Salih, prometiéndole ofrecerle gratuitamente una de sus hijas sin pedir ni sueldo, ni dinero ni recompensa si lograra matar a la camella que había ganado la simpatía de la gente y que no cesaba de atraer a esta gente hacia el llamamiento de Salih. Esta camella inquietaba cada vez más a los notables, atormentándolos por la única razón de que bebía el agua que creían que les pertenecía solo a ellos. La tentación de estas dos mujeres encontró un eco favorable entre Mosda y Khodar, los cuales cegados, se esforzaban en realizar esta demanda a todo precio. La recompensa, que se les había prometido era para ellos un voto, convirtiéndose en feroces y audaces para realizar este voto. Para ello comenzaron a buscar el apoyo y la adhesión de la gente. Al final, lograron ganar la simpatía de siete personas. Juntos observaban de cerca a la camella. Al terminar su brebaje, regresando a pastar, una flecha lanzada por Mosda alcanzó a la camella clavándose en su jarrete. Armado con una espada, Khodar cortó los jarretes, cayéndose la camella abajo. Mosda y Khobar sintieron un profundo alivio como si acababan de despertarse de una pesadilla o de salvarse de una fuente de preocupación, una carga muy pesada, muy molesta, regresando luego a anunciar esta noticia a la gente, que, contenta, salió a recogerlos de una manera apoteósica, digna de la acogida de un guía victorioso o de un rey conquistador. Los rostros resplandecientes agradecían a los dos hombres, elogiándolos y colmándolos de favores. Cortaron los jarretes de la camella, desobedeciendo a su Señor y revelando malas intenciones, tomando a la ligera las ordenes de Allah y luego decían sin vergüenza: “O Salih, haz que nos asole lo que nos amenazabas si realmente eres un mensajero de Allah, respondiendo Salih: “Os he advertido. Os dije que no se debía hacer daño a esta camella o tocarla pero habéis cometido este crimen con premeditación. Es un pecado imperdonable. Aprovechad durante tres días aun vuestro país después de lo cual vais a ser objeto de un cruel castigo y una severa punición. Se trata de una promesa que nadie puede alterar.

Puede que Salih les haya acordado este plazo con el objetivo de exhortarles, en una última tentativa a regresar a Allah y a escuchar la voz de Su misión. Pero ellos tenían aun sospechas en la sinceridad de su llamamiento, teniendo los corazones sellados Pero ellos tenían aun sospechas en la sinceridad de su llamamiento, teniendo los corazones sellados pletóricos de ilusiones. Ni las advertencias ni los consejos resultaron suficientes para devolverlos a la razón. Al contrario, tomaron la palabra de Salih por una mentira y su advertencia por falsa, perseverando en el desprecio y pidiendo a Salih no sin desdén, provocar el castigo y la punición prometidos. Indulgente y preocupado por ellos, Salih les dijo: “Si pedís perdón a Allah tal vez Aceptará vuestro perdón”.

Aquella gente era obstinadamente descarriada. Se vanagloriaban, haciendo el mal y no se avergonzaban de decirle a Salih: “Os tomamos a ti y a los que te siguen por pájaros de mal augurio” Algunas personas entre su pueblo juraban infiltrarse durante la noche, cuando todo el mundo duerma para sorprender a Salih, matándolo sin dejar la menor huella. Se pusieron de acuerdo en llevar a cabo este plan en jactancia sin divulgar o revelar este secreto. Daban vueltas a las malas intenciones, buscando perjudicar, no solo a Salih, sino también a sus parientes. Les parecía que después de haber ejecutado este plan, se conservarían intactos y salvaguardados del castigo y de la punición prometidos.

Pero Allah no Tardó en Airear esta conspiración, haciéndolos regresar sin realizar nada. Salih salió sano y salvo y preservado, él y los que habían creído en él, del gran castigo. En cuanto a los impíos, el cruel castigo les fue infligido. Era una promesa la de ayudar a Salih y de castigar a los injustos azotados por el rugido. Al día siguiente yacían inertes en sus viviendas.

Ni los enormes palacios o las abundantes riquezas, ni los amplios y jardines o las espléndidas residencias cavadas con arte y maestría en las montanas pudieron salvarlos de este castigo.

Cuando Salih vio las consecuencias de su desobediencia: cadáveres inertes, casas derrumbadas, ciudades abandonadas, los dejó con el corazón lleno de tristeza diciendo: “O mi pueblo, os transmití el mensaje del señor. Os di excelentes consejos, pero vosotros habéis querido los verdaderos consejos”.

 

[1] Houd (Hud) 61-68.

[2] La autenticidad de este hecho queda por meditar. Los exégetas discrepan en sus relatos sobre si Thamud sucedió a Add en la tierra o que el Corán sugiere que Thamud vivió en este lugar un tempo muy remoto en el orden cronológico después de la decadencia de Add.

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