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“Relatos del Corán” (Historias de los profetas) Hoy: Capitulo 22, Hoy: La sabiduría de Salomon

De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado por Dar Al Kotob Al Ilmiya

David, oración sobre él, fue nombrado soberano de los hijos de Israel, con la autorización de zanjar sus discrepancias y de velar por sus asuntos. De tal modo, que se entregó totalmente a la tarea de unirlos y de trazar el camino para facilitarles una vida tranquila, lejos de las inquietudes y de los problemas cotidianos.

Por su parte, los hijos de Israel obedecían total y completamente a su profeta. Venían, cada día, o bien a contarle lo que les sucedía o bien a pedirle su arbitraje en sus divergencias. Para ellos, David era el símbolo de la justicia. La única persona dotada de la facultad de juzgar equitativa y justamente entre ellos.

Se presentaba ante él las quejas y los litigios, esperando su sentencia y su veredicto.

Salomón, el hijo, era aun un joven de apenas once años cuando David, el padre envejecido, estaba a dos dedos o menos de la muerte. Esta situación preocupaba enormemente a David quien se interesaba más por su pueblo. ¿A quién confiaría la soberanía cuando falleciera? Este problema le inquietaba mucho. Observó atentamente a todos sus hijos no encontrando en ninguno de ellos las cualidades que poseía el menor, Salomón en el dominio del saber y del conocimiento. ¿Era justo confiar a su hijo más joven las riendas del poder a pesar de estar dotado de facultades muy avanzadas sobre el resto de sus hermanos? Sin  duda, Salomón estaba dotado de una clarividencia, de una perspicacia y de una firmeza de las que los demás carecían y obraba de manera que impresionaba a propios y extraños.

David tenía la costumbre de permitir a Salomón concurrir a todas las audiencias a fin de adquirir la experiencia y el profundo conocimiento de  cómo tratar los asuntos de manera reflexionada pero firme y decidida.

De este modo Salomón acompañó a su padre en todas sus idas y venidas asistiendo a sus consejos y reuniones para adquirir el conocimiento del poder y de la justa decisión y para poder tomar las disposiciones ante las situaciones más graves y lo que exigirían los imperativos del poder.

Un día, mientras que David celebraba una audiencia judicial en presencia de su hijo, dos litigantes se presentaron ante él, pidiéndole zanjar un pleito entre ambos. Uno de ellos comenzó por plantear su querella: “Una viña, cuyos frutos estaban maduros y listos a ser cosechados. Esta cepa era mi única fuente de subsistencia. Una noche un rebaño de corderos, pertenecientes al otro hombre devastó la viña sin que nadie hiciera absolutamente nada para evitarlo. En realidad la manada estaba mal atada por lo que pudo devastar totalmente la viña”.

El agricultor terminó su intervención sin que el dueño de los corderos rechazara la acusación o repelase lo expuesto contra él. Por lo que era juzgado como culpable.

David ordenó entregar al agricultor los corderos en compensación de los daños y perjuicios y retribuir a su verdadero dueño por su negligencia hacia el prójimo.

Salomón que estaba dotado, gracias a Allah, de una clarividencia y unos conocimientos excepcionales, incluida la capacidad de juzgar el fondo de los litigios, se opuso a esta sentencia antes de explicar a la asistencia las ventajas y los inconvenientes de este juicio, lo que tuvo un considerable impacto sobre la asistencia que esperaba una decisión más justa y más equitativa entre los dos litigantes.

Salomón dijo: “El agricultor tendrá los corderos. Tendrá todo el derecho de lo que produzcan. Es decir: leche, pelo y corderillos. En cuanto al dueño del rebaño debe trabajar en la viña hasta que vuelva como era antes de ser devastada por sus corderos. Cuando lo logre, recuperará sus corderos. De esta forma ninguno de ellos será  victima de la injusticia. Yo veo que esta sentencia es más justa, más correcta, más equitativa y más cerca de lo que llamamos el buen sentido”.

Este acontecimiento engendró una prueba significativa, anunciando un nuevo periodo en la vida de Salomón: el de la profecía.

 

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