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“Relatos del Corán” (Historias de los profetas) Hoy: Capitulo 24, Hoy: OZAÏR

De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado por Dar Alkotob Al Ilmya

Un día entró en su jardín, miró a derecha y a izquierda, encontrando que todo estaba verdecido con un aspecto risueño. Las ramas casi tocaban el suelo, los pájaros gorjeaban, suscitando una viva alegría. Sintió admiración por este paraíso terrestre. Todo llevaba un signo de belleza. Descansó durante un buen rato antes de llenar dos cestas de uvas y de higos, cosechando luego una buena cantidad de trigo y se dirigió a su domicilio.

Andaba con pasos inciertos, contemplando la bella creación del mundo, meditando, cada vez más. Fue tan absorbido por su pensamiento y su imaginación que cuando se despertó no sabía dónde se encontraba ni cómo había llegado. Se había equivocado de camino, perdiendo los signos de la pista sin saber qué camino debía emprender. Pasó junto a una ciudad desierta, en ruinas que contaba la historia de un pueblo, antes activo pero, por una razón indeterminada fue azotado por la desaparición: huellas borradas, casas deterioradas, huesos cariados y cadáveres inanimados.

Bajó de su asno, colocó sus dos cestas en el suelo, atando el cabestro de su asno a un árbol, luego se apoyó en un muro a punto de derrumbarse. El lugar estaba calmado y el aire refrescante. Ozaïr descansó para recuperar sus fuerzas y reunir sus pensamientos, sumergiéndose en una profunda reflexión:” ¿Cómo Puede Allah resucitar estos cadáveres inanimados estando mezclados con la arena, convirtiéndose en la superficie de la tierra, un suelo que recibe la lluvia y da frutos? Comenzaba a sentir cierta tristeza. Frotó su frente, cerró los ojos y se fue en un profundo sueño como…un muerto.

Pasó un siglo entero: los niños crecieron y envejecieron, generaciones sucedieron a sus precedentes, murieron hombres y Ozaïer seguía allí, estirado en el suelo donde había dormido; cuerpo sin alma, los huesos separados. La gente que pasaba por donde estaba se quedaba atónita, sin saber qué decisión se debía tomar. Finalmente Allah puso fin a su perplejidad. Volvió a unir los huesos de Ozaïr, Elaboró su forma, Infundiendo en él su alma. Ozaïr se puso de pie como si acababa de despertarse, normalmente, tras una noche de sueño, comenzando a buscar su asno y su comida.

Al conocer la noticia, el monarca de esta ciudad se fue a ver a Ozaïr a quien preguntó: “¿Cuánto tiempo permaneciste así?”, respondiendo Ozaïr espontáneamente: “Un día o menos”. El monarca le dijo: “¡No, hombre! Quedaste así bajo la lluvia, expuesto al sol tórrido y a los vientos un siglo. Durante largos años tu comida y tu bebida no se estropearon pero mira tu asno ¿No ves que sus huesos están desgarrados y podridos. Allah, Su nombre sea exaltado, te Mostrará los huesos de tu bestia y cómo los Resucitará, Cubriéndolos de carne para que pudieras sentir el alivio y para que te convenzas de la existencia del día de la resurrección. Allah ha Hecho de ti un ejemplo para el género humano. Lo serás para la humanidad entera cuando se sintiese escéptica respecto a la vida y a la muerte. Enseñaras a tus conciudadanos todo lo que les parece difícil en todo asunto de religión”.

Ozaïr miró hacia donde estaba su asno, encontrándolo vivo ¡Qué milagro! El animal tenía los mismos rasgos que antes. Ozaïr exclamó: “Reconozco que Allah es Omnipotente”.

Preparó su montura para regresar a su domicilio. Todo le parecía extraño: la arquitectura de las casas era diferente. Trató de recordar algo pero su pensamiento y sus ideas estaban confusas. De repente se encontró ante su domicilio. Al abrir la puerta encontró a una mujer muy vieja, débil, jorobada pero seguía en vida a pesar del paso de tantos años. El día en que la dejó era aun muy joven, apenas adulta. Preguntó a la anciana: “¿Es esta la casa de Ozaïr?”, respondiendo ella con una mueca de dolor, entre sollozos: “Ozaïr ha fallecido. Nadie evoca su recuerdo. Hace mucho tiempo y aquí estás tú para recordarlo”.

Ozaïr la cortó: “Yo soy Ozaïr. Allah me Ha Hecho morir luego me Resucitó”.

La mujer escuchó con sumo interés lo que acababa de revelarle este hombre, tomándolo por mentira: “Ozaïr era un hombre bondadoso- le dijo- Allah nunca le Negó una solicitud. Aceptaba todo lo que Le pedía y cuando decidía interceder a favor de un enfermo o una persona sufriente sus votos y sus oraciones eran inmediatamente escuchadas y realizadas. Asi que…si eres realmente Ozaïr implora a Allah para Darme fuerza y que me Devuelva un poco de mi vista. Ozaïr accedió a lo que le pedía, volviendo la anciana a su juventud, viéndolo todo.

La mujer se fue corriendo hacia los hijos de Israel, entre los cuales estaban los hijos y nietos de Ozaïr, sus contemporáneos que se habían envejecido mucho. Al verlos gritó: “Ozaïr, el hombre que habíais perdido hace un siglo Allah lo Ha Resucitado joven”.

Ozaïr se presentó ante ellos. Al observar su vivacidad y su juventud, la gente lo tomó por un impostor, acusándolo de ser mentiroso. Tras una fuerte polémica se pusieron de acuerdo en probar al hombre que, según ellos, pretendía ser Ozaïr. Uno de sus hijos dijo: “Mi padre tenía en el hombro un lunar. Era una de sus características más sobresalientes”.

Al quitarse la camisa, encontraron el signo como descrito por el hijo. Pero como seguían sospechando de que se trataba, en efecto, de un impostor, decidieron continuar con las pruebas. Uno de ellos dijo: “Nos contaron que desde que Baktanssar había conquistado la Casa Sagrada hizo quemar a los que conocían la Tora de memoria. Ozaïr era uno de ellos. Entonces si eres realmente Ozaïr, como lo pretendes, recítanos un versículo de la Tora”.

Ozaïr recitó ante ellos toda la Tora con sus puntos y comas sin absolutamente ningún lapsus lingüístico.

Entonces la gente reconoció su sinceridad, sabiendo que era él, acercándose a él, dándole las manos en señal de veneración. No obstante, en vez de hacerse más creyente y más agradecida, en vez de reforzar su fe, optó, una vez más, por la vía del extravío, pretendiendo que Ozaïr era hijo de Allah[1]

 

[1] Allah nos Ha Citado la historia de Ozaïr para estar seguros de la existencia del Dia de la resucitación

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