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“Relatos del Coràn” (o Historias de los Profetas) Hoy 4- HUD[1]

De Mohamed Ahmed Jad Al Maula, Mohamed Abu Al Fadel Ibrahim y Ali Mohamed Al Bajaui Al Said Chatta. Traducido por Said Jedidi y editado, por Dar AlKotob Al Ilmiya (Beirut)

Los aditas vivían en Ahk’af, un terreno arenoso elevado y redondeado, ubicado entre el Yemen y Omán. Permanecieron durante mucho tiempo en quietud y bienestar. Gracias a Allah, llevaban una vida fácil en el seno de la abundancia y suficientes recursos y bienes materiales, cavando fuentes de agua, cultivando la tierra, plantando jardines y edificando palacios. Allah les había dado, además, una corpulencia y una magnifica ascendencia física. Contrariamente a demás criaturas, habían recibido de Allah abundantes bienes.

Sin embargo, no meditaron sobre el principio de la creación ni trataron de conocer el origen de tantos bienes. Tan cortos e indiferentes, habían encontrado un alivio, tomando ídolos para venerar, prosternando ante ellos con sumisión y resignación y cubriéndose las mejillas con polvo y dirigiéndose a ellos con gratitud cuando obtenían beneficios y a ellos regresaban cuando asolados por una desgracia deseaban solicitar su apoyo e intervención. Luego propagaron la inmoralidad en la tierra. El más fuerte sometía al más débil y el grande imperaba sobre el pequeño.

Para guiar a los fuertes en el camino recto, apoyar a los disminuidos y devolver a los humanos su estado de pureza lejos de la ignorancia, Allah Decidió Enviar como mensajero a uno de los suyos, que hablaba la misma lengua, actuaba de la misma manera que ellos para que les condujera en la vía recta y hacerles descubrir el verdadero Creador, ensenándoles hasta qué punto eran insensatos.

Era pues un favor y una buena gracia del Señor.

Hud era un hombre muy ilustre, de un impresionante carácter, generoso, indulgente y paciente. Por ello Allah le Había Confiado la responsabilidad de transmitir el mensaje divino y de invitar a la gente al culto monoteísta con la esperanza de conducir estas almas descarriadas en la buena vía y de devolver a los espíritus retorcidos el buen sentido. Hud asumió lo que se le Había Encomendado. Se encargó de transmitir el Mensaje de Allah, él que estaba dotado de cualidades dignas de un mensajero: una voluntad de hierro y una paciencia insuperable. Les hizo frente, reprochándoles de ser tan insensatos al adorar tan insignificantes ídolos en vez de Allah.

Les dijo: “O mi pueblo ¿Qué son estas piedras que esculpáis y luego adoráis, refugiándoos ante ellas? ¿A qué sirven exactamente? ¿Qué utilidad tienen? Ni os causan mal ni os aportan alguno. Son incapaces de perjudicaos ni pueden seros útiles.

Sois unos insensatos. Os humilláis cuando las divinizáis. La verdad es que no hay mas divinidad que Allah, Único, Digno de ser adorado. Un señor que merece más oraciones. Es Él el que os Ha Creado y Ofrecido todos estos bienes. Os vivifica y os Hace morir. Es Él quien os Ha dado todos estos prestigios, haciendo crecer las plantas de la tierra, aumentando vuestra corpulencia, colmándoos con su gracia. Adorad, pues a Allah y no seáis ciegos no pretensiosos. Recordad al pueblo de Noé. Os aconsejo no cometer el mismo pecado. La verdad es que el pueblo de Noé no está muy lejos de vosotros. Hud se expresó en estos términos con la esperanza de influenciar a su pueblo con su lógica, pensando que a lo mejor, lo creerán o por lo menos sus palabras llegaran a sus corazones, reflexionando y siguiendo la buena vía. ¡En vano! No encontró ningún oído receptivo. Aquella gente nunca antes había escucharon parecidos consejos  ni tenía costumbre de escuchar parecidas exhortaciones. Les dijeron: “¡Es el colmo de lo absurdo! ¿Cómo quieres que adoremos a Allah solo sin atribuirle asociados? Adoramos estos ídolos para que nos acercaran de Allah e interceder por nosotros ante Él”.

“O mi pueblo, les respondió, no existen asociados sino un solo Dios. El culto de un Dios Único es el fondo, el corazón, la base de todas las prácticas actuales. Allah está muy cerca de vosotros. La idolatría os aleja de Allah en vez de acercaros como pretendéis. Es un signo de ignorancia, no de conocimiento. Son incapaces de acercaos a Allah o de interceder por vosotros ante Él. Dejaron a Hud¸ diciendo: “Eres un insensato descarriado encargado de denigrar a nuestros dioses y de criticar nuestro culto que es el de nuestros antepasados. ¿Por quién te tomas? ¿Qué diferencia hay entre tu y nosotros? Comes como comemos y bebes como bebemos. Obras de la misma manera que nosotros. Entonces ¿Porque Dios te Ha Encargado particularmente de transmitir Su mensaje te Ha Encargado particularmente de transmitir Su mensaje te Dio exclusivamente la ventaja de predicar con la gente? No te creemos”, contestando Hud: “O mi pueblo no soy ni tonto ni insensato. He vivido entre vosotros durante mucho tiempo. ¿Me habéis encontrado malo, insensato o descarriado? ¡Creéis que es extraordinario que una memoración de Vuestro Señor os llegue a través de uno de los vuestros, encargado de advertiros! Lo extraordinario es que Allah Dejara a la gente cegada sin enviarle un mensajero, dejándola en la anarquía sin trazar los limites o encargar a un mensajero de establecer el orden entre ellos. Sin embargo, en lo que me concierne no he perdido la esperanza de guiaros en la buena vía. Vuestras tonterías no me inquietan. Reflexionad mejor y penetrad en el fondo de lo que no lográis comprender con clarividencia. Vais a encontrar que Allah es Único e Omnipotente: este sistema prodigio, esta extraordinaria creación, los cuerpos celestes que giran, la estrella centelleante, por donde veáis, existen signos que prueban que Allah es Único, Señor del universo.

Creed en Allah, pidiéndole perdón. Venid a arrepentiros, os Enviara del cielo una abundante lluvia. Aumentara vuestras riquezas y vuestras fuerzas. No os desviéis de Su vía.

Sabed que después de la muerte seréis resucitados: Todo aquél que obra correctamente será bien recompensado y el que haya obrado mal será severamente retribuido. Reflexionad bien y prepárense a acoger la vida futura. Os he advertido de lo que Allah me Ha Ordenado. En realidad, soy para vosotros, un mensajero digno de confianza”.

Su pueblo no encontró mejor respuesta que la siguiente: “No cabe duda, una de nuestras divinidades debió asestarte un mal golpe por ello tienes espíritu trastornado y la razón perturbada. Estas contando tonterías sin fundamentos ni apoyo y que no existen más que en tus imaginaciones ¿Qué perdón que favorecerá por la gracia de Allah, una abundante lluvia y un incremento de las riquezas y de la fuerza? ¿Cuál es el pretendido día de Resurrección? Resucitaremos después de que nuestros osos se conviertan en cariados y podridos y nosotros mismos seremos cadáveres remotos. No nos prometas más. No hay más que una sola vida. Todo termina allí y nuestras almas se pudren con nuestros cuerpos. Además, ¿Qué castigo nos aseguras que esta prometido? No vamos a escucharte mas ni vamos a renunciar a nuestras divinidades. Si eres sincero, ¿por qué no nos aportas una prueba?

Cuando Hud se dio cuenta de que estaban resueltos y constató su determinación, les dijo: “Tomo Allah por Testigo. Testimoniad vosotros también que he transmitido el mensaje de Allah incansablemente y luché encarnizadamente para propagarlo. Proseguiré, por mi parte, a obrar de esta manera. No cesaré de luchar contra vosotros y de prodigar. No me preocupo por vuestro gran número ni temo vuestras acciones violentas. Usad todas vuestras astucias contra mí y lanzaos todos contra mí con impetuosidad. En realidad me entrego a Allah, mi Señor y el vuestro. No existe bestia alguna en la tierra que no está sometida a su poder. Mi señor Esta, con certeza, en una vía recta”.

Prodigó con el mensaje día y noche, alejándose ellos de él, cada vez más. De tal forma que un día vieron llegar nubes negras en medio del cielo. Las contemplaban, convergiendo sus miradas hacia el cielo y de repente bajaban sus miradas diciendo: “Son nubes pasajeras. Va a llover”. Se disponían a recibir la llegada de la lluvia, labrando sus campos para aprovechar el agua del cielo. Pero Hud, les dijo: “Estas nubes no anuncian el bien ni la prosperidad. Os aportaran la desgracia. Es, justamente, el castigo que os apresurabais a ver: un huracán acompañado de fuertes vientos”.

Al enterarse, enviaron sus camellos y sus bestias, que estaban ya en el desierto arrastrados por los fuertes vientos y arrojados en un lugar muy lejano.

Estaban literalmente asustados, marchando con pasos rápidos, buscando un refugio en sus casas, cerrando las puertas y tapando los huecos, creyendo estar a salvo, pero la desgracia les acechaba y el miedo paralizaba a todo el mundo.

El viento se llevó la arena del desierto. Sopló incesantemente siete días y siete noches, arrancando a la gente como si se tratara de tocones de palmeras cavadas en el interior arrancadas. Desaparecieron todos como si nunca hayan existido, no dejando ninguna huella detrás de ellos. Los fuertes vientos se encargaron de borrar sus huellas, dispersando las cenizas: “Tu Señor no Destruirá una ciudad indebidamente mientras que los habitantes son virtuosos”.

En lo concierne a Hud, estaba con sus compañeros que habían creído en él, permaneciendo clavados en sus lugares. El viento soplaba, dispersando la arena de todos los lados y ellos estaban al abrigo protegidos y tranquilos.

Cesó de soplar el viento, convirtiéndose el tiempo en límpido y claro. Hud se fue a Hadhramaut donde permaneció hasta su muerte[2].

[1] Los exégetas han escrito mucho sobre la historia de la maldición de Add. Hacemos un deber aconsejar recurrir a los libros que se basan en relatos coránicos para verificar la autenticidad de estos relatos diversificados.

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