Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Resolución 2548 del CS No hay peor necio que el que no quiere admitir

La otra realidad

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

La resolución 2548 del Consejo de seguridad del viernes lo aclara de manera tan fehaciente como inequívoca.

Argelia lo sabe. Su Polisario lo dudo: si el mentor y el doméstico no los admiten, el primero sabe pertinentemente que el impacto de la resolución sobre la comunidad mundial es un mazazo difícil de soportar.

¿Interpretación? Imposible de interpretar un texto de la ONU y aunque se hiciera los países del mundo no lo entenderán así.

Total, Argelia debe asumir sus responsabilidades regionales e internacionales y admitir, como lo dejó claro la resolución 2548, que el problema del Sahara que ha creado, es un problema bilateral en el que el Polisario no es más que un a accesorio más. Es decir: un instrumento detrás del cual se oculta el creador del problema para realizar sus miras expansionistas y desestabilizadoras.

A estas alturas nadie ignora cuanto se ha gastado Argelia en crear, armar, financiar y teledirigir al Polisario. Pero lo incierto es que pueda un día recuperar la más mínima parte de su perversa “inversión”.

A veces es, mil veces, mejor tomar el tren en marcha que perderlo para siempre.

El Sahara es lo que es y nunca será como desea el régimen militar argelino.

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