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REVOLUCIÓN EN CHILE Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D., Director (Primer Presidente) del Centro de Estudios del Magreb Para las Américas

Anàlisis

Chile, un país de un poco más de 19 millones de habitantes, con 5 mil kilómetros de largo y 150 de ancho, con el mayor PIB per cápita de la región, era considerado en los últimos años como un ejemplo democrático-político-económico para Latinoamérica ha despertado de su letargo neoliberal.

Ni en Chile no en el extranjero nadie ha entendido lo que sucede en la nación hasta hace poco más tranquila de la región. Se le ha llamado “Crisis en Chile de 2019”, “Primavera de Chile”,(Esto por la Primavera Árabe) “Revuelta de Octubre”, “Chile despertó”, “Revolución de los 30 pesos”, corresponden a cientos de manifestaciones y disturbios originados en Santiago y propagados a todas las regiones de Chile, con mayor impacto en las principales ciudades del país, durante los meses de octubre y noviembre de 2019. Coincidencialmente esta época es de primavera.

El alza en la tarifa de 30 pesos (US. $ 0,04) del sistema público de transporte de Santiago, que entró en vigor el domingo 6 de octubre de 2019 fue la chispa que encendió el fuego, pues miles de estudiantes secundarios y universitarios decidieron la  evasión masiva en el Metro de Santiago. ​ La situación se agravó el día viernes 18 de octubre cuando lamentablemente la policía en forma muy poco inteligente (como siempre) atacó a los evasores, que eran todos menores de edad y, así, progresivamente fueron cesadas las operaciones de toda la red subterránea por el enfrentamiento de la multitud con Carabineros, lo cual llevó al entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, a interponer querellas por delitos contemplados por la Ley de Seguridad del Estado contra quienes hubieren cometido daños, saqueos e incendios. Fueron incendiadas más de 40 estaciones del metro más moderno de Latinoamérica.

De acuerdo a lo sucedido algo que llama la atención a quienes estudiamos el pulso social es que  las protestas se han caracterizado por ausencia de líderes y de la incorporación de un amplio espectro social, desde la clase baja a la media alta.​ No hay liderazgo y los supuestos “líderes” de los partidos políticos, desde el Partido Comunista hasta la UDI (ultra derecha), aparecen e programas de Radio y TV haciendo análisis más o menos descabellados de lo que ellos creen que es lo que sucede en el país sin realmente entender que el pueblo chileno no quiere saber nada con los políticos tradicionales, que no quieren ser usados y que sólo quieren salud pública gratuita y de calidad, mejorar las pensiones en un 300% a 500%, lo mismo los salarios mínimos que en Chile son un quinto de los de la OCDE, quieren educación pública gratuita (en la actualidad hay estudiantes que han quedado endeudados por 40 años con los bancos privados para pagar sus estudios) el alto costo de la vida (hasta 2019 Santiago es la segunda ciudad más onerosa de Latinoamérica) que se lleva gran parte de los salarios quedando el chileno endeudado con las tarjetas de crédito por años; los precios elevados de fármacos (se han hecho estudios de fármacos que en Chile cuestan hasta 3000% más caros que en España), y un rechazo generalizado a toda la clase política y al descrédito institucional acumulado durante los últimos años, incluyendo a la propia Constitución del país.

El gobierno del presidente Piñera, que a pesar de haber hecho un recambio ministerial, este no ha sido aceptado por el pueblo. Las manifestaciones han seguido in crescendo y ha habido marchas y reuniones diarias de todo tipo de personas, hasta el momento se han reunido más de 3 millones de personas lo cual ha provocado un pésimo accionar de la policía de Carabineros quienes han usado armas que han dejado a más de 200 manifestantes ciegos (han disparado a los ojos) y esto ha significado que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Chile (DD.HH.) haya presentado más de 2000 querellas ante los Tribunales del país por violación a los DD.HH. Otras organizaciones como la Cruz Roja, la Alta Comisionada de DD.HH. de la ONU, han planteado al gobierno chileno la necesidad de moderar la represión.

La impericia política del presidente Piñera, a pesar de que este es su segundo mandato, al sacar a los militares a la calle, (militares de triste recuerdo por la dictadura pinochetista), hizo escalar un conflicto que pudo controlarse, deteriorando la imagen de Chile, ensució de lodo toda su estrategia internacional y Chile es portada internacional de la ingobernabilidad, ya que suspendió las reuniones de APEC y COP25, la primera era de mucha importancia pues serviría para terminar la guerra comercial entre China y EE.UU., y la segunda para garantizar leyes y algunos temas relacionados con el clima mundial.

Chile está siendo azotado por un terremoto y tsunami social y político. La energía desarrollada en estas protestas no cesan y cada día es peor. Grupos anárquicos, fascistas, lumpen proletariat, ciudadanos que están recurriendo a las armas para defenderse de los alborotadores añaden más gasolina al fuego. El lumpen ha asaltado e incendiado universidades, saqueado cientos de tiendas, incendiado librerías y quemado libros (al mejor estilo nazi y de Pinochet), han asaltado y saqueado grandes tiendas de ropa y línea blanca y electrónica, etcétera. La policía civil, gracias a las grabaciones ha logrado establecer que bandas de narcotraficantes se han aprovechado de la situación para saquear farmacias en donde obtienen psicotrópicos y otras drogas. Han apresado a un centenar de ellos y allanado sus viviendas en donde han encontrado elementos de sus delitos; además les han confiscado sus automóviles los cuales han sido todos de último modelo y de alta gama.

Hasta ahora las protestas no han amainado y no lo harán pues lo que el pueblo chileno exige es una Asamblea Constituyente Plenipotenciaria; esto significa que el pueblo a través de sus asambleas populares va estudiando los artículos necesarios para una nueva constitución para luego elegir a sus representantes para una Asamblea Constituyente, que según mi juicio no debería tener a más de 300 constituyentistas y darse un plazo de no más de 6 meses para proponer una nueva constitución política la cual debería ser plebiscita; c) Para esto, previamente, debe ser cerrado el Congreso y el Poder Ejecutivo como Judicial seguir actuando dentro de marcos permitidos por los constituyentistas.

Además de la Asamblea Constituyente el pueblo exige aumento inmediato en a) las pensiones; b) los salarios y sueldos mínimos; pero, sobre todo, se exige dignidad, justicia social y verdadera democracia. Esta revolución chilena, esperamos que sea sólo de carácter civil y se debe pedir que el ejército evite meterse en la “solución” pedida por algunos “cabezas calientes”. Esta revolución se hará con los tribunales funcionando y el mismo Presidente de la Corte Suprema de Justicia pidió que se llame a una Asamblea Constituyente pues es importante seguir los pasos de la civilidad y esperar que las actuales autoridades que ya no tienen casi nada de poder político escuchen antes de que sea tarde.

e-mail: conchamh@gmail.com

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