Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Sahara/Algunos sectores de prensa española II- Cripto- deontologías

Falsos argumentos, falsa existencia

 

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

¿Por qué asusta tanto en España la paz en el Sahara? Unas preguntas se hacen y hacen las poblaciones de este gulag argelino de Tinduf, incluidos algunos ingenuos (profanos) dirigentes del Polisario.

Por algo será. Cada vez que se vislumbra la esperanza de un feliz desenlace, salta un órgano de prensa español para denunciar a este, defender a aquél y echar aceite sobre un fuego lento, cada vez más lento para echar una mano a la muy cansada Argelia.

Tanto que, si no es el Sahara, su solución alternativa: Ceuta y Melilla y sondeos que incitan al odio, a la inquietud, aliado y, a la postre, a la preparación a una guerra.

Un tema que, después de casi medio siglo de sufrimiento, probación, exclusión y manipulación, las poblaciones de los campamentos comienzan por los oficios y beneficios, privilegios y dividendos que saca esta prensa con las lágrimas y el sudor de los saharauis.

Evidentemente, nadie ignora que, para España, Marruecos es una cuestión de política interior, en la que, cuantos más problemas al vecino del sur mejor a la España profunda con su prensa, sus voceros y sus militantes de la discordia, de la división, del odio y del rencor.

Afortunadamente siempre hay una providencia y en este caso la providencia se llama Estados Unidos, parte de la solución mientras que España y su “prensa” se queda atrás, relegada a una insignificante parte del problema.

 

 

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