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 Sahara marroquí/España: La disfrazada concepción de “ocupación”

Las cosas, lo que son

Said Jedidi es periodista y escritor, embajador de la paz por el Circulo Universal de Embajadores de la Paz y presidente nacional (Marruecos) de la Asociacipn mundial de escritores en español

Argelia, su Polisario y sus legionarios españoles hablan hasta la saciedad de “ocupación” del Sahara.

¿De quién/a quién y por quién?

Algunos españoles como mi amigo Isidro C. despliegan un enorme esfuerzo para reconocer parte… solo parte del “problema”.

Con la Marcha verde, las posteriores negociaciones entre el ocupante (España) y el ocupado (Marruecos) y finalmente el Acuerdo Tripartita de Madrid, la descolonización se discutía, se hacía y se rubricaba entre dos: Madrid y Rabat.

Por ello, para Isidro, ex funcionario de la ex administración colonial en Bojador  que conocí en Marbella durante la gloriosa etapa de « Identidad Andaluza » para nosotros los españoles y, más particularmente, los que aun apoyan por una u otra razón al Polisario, se trata de una ‘ocupación’ a España ya que el Polisario aun esperaba el milagro que el coronel Gadafi le podía proporcionar y no ha proporcionado”.

Más clara el agua: El ocupante que juega al ocupado y, lo que es todavía más paradójico, lo contagia hasta el ridículo.

Isidro, 79 años (importante señalarlo) recuerda (a su manera) los hechos y me recuerda un artículo al respecto publicado en Identidad Andaluza del inolvidable, Ali Manzano en el que calificaba esta posición de “surrealista:

“Extraña austeridad imaginativa, decía aquél articulo entre otras, De cantinela a cantilena. De la monótona “la provincia de Ifni-Sahara es parte integrante de España” a la insistente “el pueblo saharaui no fue consultado”.

Un dilema ético porque, entre otras ineficiencias humanitarias, esta airada postura de despecho por la “arrogancia” en la concepción, mantiene a miles de “refugiados” o “secuestrados” en Tinduf, más que vivos, atados a la vida”.

¿A quién le conviene esto?

“Conscientes de su modesta ecuación histórico-estratégica, unos y otros hacen lo posible para que el argumento se mantenga eternamente adolescente, encarnando de esta manera con ardor, un atavismo geopolítico gratuito y un insulto a la realidad y a la razón”.

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