Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Sahara marroquí: ¡Irreversible!

El despertar paulatino

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

En vano Argelia y su Polisario tratan de apaciguar los ánimos de las poblaciones de este gulag argelino de Tunduf que, día tras día, se convence más y así lo expresa de diferente forma pese a la implacable represión, de que la actual situación es irreversible, sino que puede empeorar.

No se puede  ocultar el bodque con un àrbol.

La gente debate el giro de 180 grados de Argelia y sus generales que para censurar a Marruecos ya no hablan del Sahara, sino de Israel. ¿Qué tiene que decir Argelia o su Polisario del Sahara? Se desvanecen los slogans cubanos y se desmoronan las promesas argelinas. La luz de la verdad encandila y deslumbra las pretensiones.

En este océano de parquedad, surge la alternativa del realismo y de la lógica: la patria: Marruecos, que está a un ápice de la pesadilla y de la desmesurada codicia.

Unos son “presidentes”, “ministros”, “embajadores” o “walis”. Otros simples refugiados y refugiadizados condenados a lucirse durante las visitas extranjeras para más ayuda humanitaria y para conmover las pasiones y la generosidad de quien no sabe lo que ocurre en este triste campamento.

45 años de falsas promesas. 45 años de perversos sueños y 45 años que, de no tratar de cambiarlo, podrían ser 45 siglos.

Los campamentos de Tinduf tiene cita con su destino.

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