Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Sahara marroquí Quedan muy pocos

Entre las ultimas oportunidades

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Tan necia es la cúpula del Polisario y sus mentores argelinos que, ante la deslumbrante realidad, siguen aferrándose a espejismos.

Cada día, centenares de, políticos, ilustres personajes, decidores y, a menudo, países, expresan su pleno y total apoyo a la soberanía de Marruecos sobre su Sahara. Sin embargo, Argelia y su Polisario prefieren desviar su atención hacia La Habana, caracarás o Pretoria.

Incluso los cubanos que no conocían a la fantasmagórica RASD creían que era un Estado y no una minúscula y abandonada provincia argelina.

Argelia se encargó de todo: tierra, pueblo y soberanía. Cae una, caen todos, por ello, algunos generales argelinos han comenzado a hablar de “pérdida del Sahara y de Tinduf”.

El final será ineluctablemente así: Argelia/Polisario, Polisario/Argelia y que la solucione quien pueda…

Un colofón que corre el resigo de ser inquietante para todos, sobre todo, a los que apoyaron sin saber lo que apoyaban.

El expediente del Sahara entra en un episodio final con el que lo más justo, lo más acertado y lo más ideal es ir pensando en cómo volver al país: Marruecos y contribuir a su desarrollo sin necesidad de ayuda humanitaria de nadie, como viven y disfrutan decenas de miles de sus hermanos en Layun, Samara, Dajla o Bojador.

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