Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
La cuestión del Sahara marroquí ha franqueado una importante etapa. A estas alturas no seria exagerado afirmar que el inventado problema ha sido literal y definitivamente zanjado.
Hasta entre los miembros de la junta militar argelina se cree que el prefabricado problema ha encontrado un feliz desenlace en un marco de legalidad mundial.
Falta ahora valor político, perspicacia geopolítica y realismo inherente de llevar el barco argelino a la orilla.
Las maniobras han fracasado. Las intentonas se han quedado en lo que eran y los proyectos de los cabos y sargentos argelinos se quedaron en agua de borraja.
A través del Sahara marroquí nunca pasara ni un gramo de los recursos naturales argelinos hacia un puerto atlántico.
Así las cosas, Argelia debe conformarse a lo que es y nunca sería otra cosa.
La legalidad internacional ha inmunizado la integridad territorial de Marruecos. El régimen militar argelino debe buscar y, sobre todo, encontrar una solución, a sus inútiles milicias.
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