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Sahara/Al margen de la gira de Horst Köhler “La solución del problema del Sahara o se hará con Argelia o no se hará”

 La atinada y muy oportuna frase es del representante permanente de Marruecos ante Naciones Unidas.

Con ella, Omar Hilal ha querido trazar el nuevo marco impregnado de franqueza, realismo y pragmatismo en la búsqueda de soluciones al prefabricado problema del Sahara.
Y tiene razón, el diplomático marroquí porque en 42 años los ha habido que han buscado, más problemas a soluciones que soluciones a problemas.
Hasta en los campamentos de Tindouf se sabe que detrás del telón está el régimen argelino que espera el milagro… un milagro que, se lo han dicho mil veces, nunca llegará.
Por ello, junto a la extrema generosidad marroquí que consiste en proponer, no la mejor solución (autonomía) sino la única hasta ahora en cuatro decenios, su constante disponibilidad a respetar y acatar las decisiones del organismo mundial y de su secretario general, no sería exagerado afirmar que la actual misión de Horst Köhler puede ser la última oportunidad a la paz y a la estabilidad en el nor-oeste africano.
El nuevo Enviado especial del secretario general de la ONU para el Sahara no debe ignorar que tanto a Argelia como el puñado de dirigentes que controla con manos de hierro a la banda del Polisario les conviene el actual atolladero y que “están bien como están” con el contrabando, la ayuda humanitaria internacional y sobre todo creyendo que obstaculizan la marcha del vecino marroquí hacia el desarrollo, frenando con sus maniobras dilatorias su progreso y su avance.
No obstante, Argel parece haberse dado cuenta (se lo han dicho) que Marruecos está preparado a todo tipo de situaciones y que lo que más le interesa e importa es salvar a esta población atada a la vida, vegetando en los campamentos argelinos de Tindouf en espera de una limosna internacional que nunca llega completa.
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