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Sahara/Hizbulah: Polisario en el papel de sicarios que se venden al mejor postor

Hoy en día Hezbolá es para muchos países una organización terrorista. Desde que surgiera en 1982 tras la intervención Israelí en el Líbano, esta organización armada islámica chií libanesa sin embargo, para otros sigue siendo un grupo perfectamente legal y legítimo.

El creador y patrocinador del Hezbolá (“Partido de Alá”) en el Líbano y de otras organizaciones armadas como Ansar Alá (“Seguidores de Alá”) en el Yemen, ha sido Irán. Este país se ha ganado, después de la Revolución Islámica de 1979, la desconfianza y el recelo de los países del Golfo encabezados por Arabia Saudí por ser el soporte militar y financiero a milicias rebeldes chiitas cuyo objetivo era el de desestabilizar los gobiernos sunitas.
Después de la repetida injerencia iraní en los asuntos internos de Bahréin, ya en el 2009  Marruecos tuvo clara su decisión de romper relaciones con Teherán, también por advertir los esfuerzos de Irán en expandir el islam chiita en Marruecos.
Después de la guerra civil libanesa Hezbolá, a base de kalashnikov, “secuestra” al propio Líbano y armado hasta los dientes crea un estado dentro del estado del Líbano. En todo momento, bajo las directrices de los “barbudos de Irán”, rechazan abandonar las armas incumpliendo reiteradamente la Resolución 1559, auspiciada por Francia, del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en septiembre de 2004, bajo la excusa de defender el sur del Líbano de las agresiones sionistas. Su canal de tv por satélite Al-Manar, ha sido también prohibido por Estados Unidos y Francia, secundado por la UE,  por su “incitación al odio racial y/o religioso” y desde donde emitían en árabe, inglés, español, francés y hebreo mensajes de ideología chií.
El objetivo de expandir la revolución islámica en todo el mundo musulmán, especialmente en el mundo árabe, proviene del líder religioso ayatolá Jomeini quien llegara al poder en Irán en 1979.
Solo tras dos años, en 1981 y bajo sus órdenes, la primera intervención directa y descarada de los fundamentalistas chiíes fuera de sus fronteras fue la creación en el país vecino Bahréin, el movimiento chiita “Frente de Liberación Nacional”, Irán revindicó algunas de las islas del Emirato y organizó el golpe de estado en Bahréin. El país persa negó posteriormente y como es su costumbre, cualquier participación directa en este fallido intento.
Esta intervención de Irán para desestabilizar la situación de la zona hoy en día se refleja claramente en Yemen quien todavía, por desgracia, sigue en conflicto armado. El grupo chií que actúa en Yemen en nombre de hutíes es “Ansar Alá” con similar estilo, con idéntica financiación que Hezbolá y con el mismo objetivo apoyado por Irán: derrocar al gobierno sunita y convertir al Yemen en estado dominado por la rama islámica chiita.  Aclaremos que este conflicto chií-suní prosperó tras la invasión de Estados Unidos a Iraq.
Hezbolá ha intervenido directamente apoyando con sus milicias al dictador sirio Bashar al Asad para mantener con ello en el poder a un gobierno chiita, rama minoritaria en Siria. Por intereses geopolíticos Siria ha sufrido la intervención directa de las potencias internacionales y hoy en día es un estado fallido y devastado por los bombardeos.
La intervención de Estados Unidos en Iraq y tras el derrocamiento de Saddam Hussein, el mayor beneficiado de la zona fue el país iraní, quien lo recibiera en “bandeja de plata” en 2003 de las manos de George W. Bush, conformado Iraq desde entonces por un gobierno chiita.
La influencia de Hezbolá no se ha restringido a la zona del Líbano y Oriente Próximo. Sus intervenciones se han extendido al continente africano y también a Sudamérica. África adolece del control establecido en los países europeos, convirtiéndose en objetivo donde crear y desarrollar una cada vez más amplia actividad armada. Se cree que la red se ha estado construyendo clandestinamente desde 1986. Kenia, Nigeria, Sierra Leona, Senegal o Costa de Marfil han sido escenario de detención de agentes iraníes y miembros de Hezbolá por espionaje, contrabando de armas, reclutar simpatizantes y entrenarlos militarmente.
Según los informes de funcionarios norteamericanos y franceses,  en el campo del antiterrorismo, el movimiento se centra en mezquitas y clérigos chiitas partidarios del extremismo islámico para luchar contra la rama islámica suní y contra la influencia occidental en el Tercer Mundo y Medio Oriente. Justamente por las características de organización de Hezbolá se favorece que células proliferen por iniciativa propia, lo que hace según fuentes de inteligencia occidentales, más difícil su localización y control.
La “cortina de humo” con la que se pretende confundir al propio nacionalismo árabe al equiparar a quien levanta la voz en contra de Irán y su expansión en el mundo árabe a ser tildado de pro-israelí, está ofreciendo el silencio y la permisividad ante las bárbaras e ilegales actuaciones iraníes que desestabilizan toda la zona.
Igualmente, la tardía decisión por parte de Europa en calificar a este grupo como organización terrorista sumado a la ignorancia sobre las complejas relaciones de los países del mundo árabe, han permitido que este grupo integrista llegue a las mismísimas puertas del viejo continente.
Y Marruecos es la entrada de África a Europa. 
Aunque a finales del 2014 Marruecos hubiera normalizado por interés propio sus relaciones con Irán, no ha dudado en romper de nuevo éstas hace unos días. Su decisión fulminantemente de cerrar la embajada en Teherán y expulsar al embajador iraní en Rabat no se basa por “ceder a presiones internacionales ni inventando acusaciones falsas” como quiere argumentar Hezbolá y sus patrocinadores.
La ruptura de relaciones diplomáticas con Irán según informara el propio Ministro de Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita,  se debe al apoyo de los militares chiís de Hezbolá en adiestrar a milicias del Polisario y por suministrarles armamento, desafiando por ello abiertamente a la soberanía de Marruecos.
El ministro marroquí atendía al protocolo visitando Irán para encontrarse con su homólogo iraní Jawad Darif. En este formal encuentro aportaba datos y pruebas fehacientes y pedía las pertinentes explicaciones al respecto. Al no obtener respuesta, Marruecos tomaba la decisión de romper definitivamente relaciones diplomáticas con Irán.
En declaraciones del portavoz del Gobierno de Marruecos, ya en 2016 Hezbolá creaba el “Comité de apoyo al pueblo saharaui” apoyado por el gobierno iraní y desde el 2017 se vienen detectando por el servicio de inteligencia marroquí los entrenamientos a milicias del Polisario en tácticas de guerrilla, proyectos para la creación de túneles para atravesar bajo tierra el muro de seguridad marroquí en el Sahara y el apoyo directo de al menos un funcionario de la embajada de Irán en Argelia en esta maquinación. Igualmente se ha podido confirmar el suministro de armas al Polisario: misiles tierra-aire SAM-9, SAM-11 y antiaéreo Strella.
Desde la llegada de los ayatolás al poder en Irán, cada vez que intentaron algún complot a los intereses del reino de Marruecos, los servicios de seguridad marroquíes han sabido con anticipación “afeitarles las barbas”.
Las pruebas y los datos recogidos por el reino de Marruecos colocan al Polisario en el papel de sicarios que se venden al mejor postor. Argelia ha permitido que este entramado se desarrolle en su territorio pero seguramente no haya previsto que el chiismo político “no busca amistades para romances”: su objetivo es invadir los países sunitas. La existencia de Hezbolá en Argelia es un peligro a tener en cuenta por el propio régimen argelino. Y que recuerde que los sicarios se alían con el pagador más generoso.
Hamid El Imrani El Idrissi
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