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SER HONESTO. SER HUMILDE. SER PURO, Elias D. Galati

Reflexiones

Un año pronto terminará, otro se apresta a comenzar.

Mientras tanto nosotros evaluamos que hemos hecho y que no hemos podido

hacer.

Es decir que metas hemos cumplido, cuales han quedado relegadas, cuales

no pudieron ser concretadas.

En esta introspección tratamos de ordenar nuestro espíritu, nuestro corazón,

señalando prioridades, valores esenciales a los que debemos atenernos.

Es un escenario repetido, pareciera que cada año que pasa lleva la misma

condición y hasta la misma proyección.

Esta consideración nos pone frente a valores, comportamientos que son

claves en nuestra vida.

Observamos que hay algunos que son más difíciles de concretar o que nos

cuesta más asumir y poner en práctica.

La honestidad, la humildad y la pureza forman parte de ese grupo, que nos

es difícil cumplir, nos desvían de los objetivos, impidiendo que se concreten

en nuestras acciones sobre todo en la vida de relación.

La honestidad es la decencia y moderación en la persona, acciones y

palabras. Es el recato, el pudor, la honradez.

Desde el punto de vista psicológico la honestidad entendida también como

honradez es el tipo de conducta que se caracteriza por el respeto al derecho

ajeno, en especial en cuanto al fraude y la mentira para conseguir ventajas

económicas o de otra índole.

La humildad es la condición del hombre, que desde el conocimiento de sí

mismo, de su finitud, excluye la soberbia y la presunción, pero también el

servilismo.

Desde la condición cristiana es el agradecimiento a la dignidad dada por

Dios.

Psicológicamente es la actitud con que el individuo se conduce respecto a

otras personas, desde un lugar inferior.

Muchas veces se confunde la humildad con la sumisión, en especial en la

vida de relación, cuando no hay paridad entre quienes se relacionan,

confundiendo la realidad de quienes tienen conciencia y saben perfectamente

su condición de imperfectos, de seres que deben progresar, crecer y mejorar,

con quienes desde una actitud de soberbia, se creen mejores, superiores a sus

semejantes.

La humildad fue desconocida en el mundo antiguo, y San Pablo quién adopta

por primera vez la palabra, entiende que es la ausencia del espíritu de

competencia y de vanagloria.

Kant distinguió la humildad moral que es el sentimiento de la pequeñez de

nuestro valor en relación con la ley, de la humildad espúrea que es la

pretensión de adquirir mediante la renuncia a cualquier valor moral de sí, un

valor moral oculto.

Spinoza considera que la humildad no es una virtud sino una pasión, que

nace de una emoción pasiva, considerando el hombre su impotencia, por el

conocimiento de algo más potente que él que limita su potencia de obrar.

Lo puro es considerado libre y exento de mezcla, pero en relación a la

cualidad del ser, es el que procede con desinterés en el desempeño de su

empleo o en la administración de justicia.

Es lo que no incluye ninguna restricción, excepción o condición.

La pureza es característica de las cualidades sensibles que denotan

uniformidad o ausencia de diversos elementos.

Filosóficamente es lo que está constituido de manera rigurosa conforme a su

propia definición.

Ejercer con nuestras acciones la decencia y el recato, excluir la soberbia y la

presunción y mantenerse puro, procediendo con desinterés y sin perjudicar

a otros, es una tarea difícil y compleja.

En nuestra vida de relación competimos, buscamos la gloria y la fama,

deseamos los bienes materiales a veces sin tener en cuenta el fraude y la

mentira y muchas veces miramos hacia otro lado, renunciando a la pureza de

corazón.

Casi siempre nos encontramos con la misma respuesta del otro, a quien

también le cuesta mantener sus valores incólumes y trasgrede su condición.

Pero no hay otra forma de lograr una unidad firme, una sociedad sólida, justa,

libre y equilibrada, sin poner en consideración los valores en la respuesta

que se le da al otro.

Iniciemos este camino de un nuevo año con un comportamiento decente y

recatado, rechazando toda soberbia y presunción y con un corazón puro, que

tienda a respetar al prójimo, y busque la justicia, la libertad, la paz y la

felicidad de todos.

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