SOÑEMOS JUNTOS EL SUEÑO QUE PIDE NUESTROS PASOS Por Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Cuando soñar se convierte en camino.

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Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón Poeta y escritor (Argentina)
Highlights
  • Soñar también significa atreverse a caminar hacia aquello que todavía no existe.

Amanecía sobre Tafí del Valle.

Las montañas conservaban todavía las últimas sombras de la noche, mientras un sendero de tierra comenzaba a dorarse con la primera luz. El Abogado permanecía de pie junto a la pirca. El Niño Lector sostenía un libro abierto. Sobre ellos, el Pez Volador parecía navegar en ese mar invisible que existe entre la tierra y el cielo.

—¿Para qué sirve soñar —preguntó el Niño— si, al abrir los ojos, el mundo continúa siendo el mismo?

El Abogado miró el camino.

Había aprendido que algunas respuestas no llegan desde las palabras, sino desde las heridas que aceptaron convertirse en enseñanza.

—Soñamos para no ser nosotros los mismos frente al mundo —respondió—. Porque quien ha visto una luz, aunque sea lejana, ya no puede resignarse enteramente a la oscuridad.

El Pez Volador descendió lentamente y dejó que sus alas rozaran el aire.

—Pero no todo sueño es verdadero —dijo—. Algunos sólo vienen a distraernos. Los sueños verdaderos, en cambio, nos incomodan: nos piden levantarnos, perdonar, insistir, abrir una puerta o comenzar aquello que el miedo venía postergando.

El Niño cerró el libro.

—Entonces, ¿soñar también exige valentía?

—Siempre —contestó el Abogado—. La esperanza no consiste en esperar que desaparezcan las piedras. Consiste en decidir que ninguna piedra tendrá la última palabra.

El Valle escuchaba.

Lo hacía con el antiguo silencio de sus cerros, sus pircas y sus senderos. Quizás aquellas montañas supieran que todos los hombres atraviesan alguna noche; y que, muchas veces, la aurora no llega para cambiar el camino, sino para enseñarnos a mirarlo de otra manera.

El Abogado avanzó.

No necesitó hacerlo deprisa. Hay pasos que valen por la distancia recorrida y otros que valen por todo aquello que vencieron para poder darse.

El Niño Lector caminó a su lado.

Entonces comprendió que soñar juntos es prestar al otro un poco de porvenir cuando el suyo se ha quedado sin luz. Es decirle: “No tengas miedo; si tus fuerzas no alcanzan, avanzaremos con las mías. Y cuando las mías flaqueen, me sostendrás con las tuyas”.

El Pez Volador emprendió nuevamente su vuelo.

La mañana ya había ganado las montañas.

Y los tres siguieron aquel sendero que no figuraba en ningún mapa, pero que conducía hacia el único lugar donde los sueños dejan de ser promesas y comienzan a convertirse en destino.

Porque mientras exista una mano dispuesta a sostener, una palabra capaz de levantar y un corazón que se niegue a rendirse, todavía podremos decir, desde este Valle:

Soñemos juntos.

Siempre se puede.

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