Los informes que llegan este 17 de abril de 2026 desde Nueva York y Jartum son tajantes. Sudán y su vecino del Sur se adentran en un túnel de sufrimiento donde las primeras víctimas son, como siempre, los civiles más vulnerables.
Sudán: El calvario sistémico de las mujeres
La ONU lamenta un « hallazgo concordante »: en Sudán, la violencia de género ya no es una serie de incidentes aislados, sino una amenaza constante.
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Sentimiento de inseguridad: Según un estudio del UNFPA realizado en 16 de los 18 estados del país, el 76 % de las mujeres de entre 25 y 49 años declara sentirse en inseguridad total, ya sea en los campos de desplazados o en las rutas del exilio.
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La omerta forzada: Fabrizia Falcione (UNFPA) advierte que la realidad es probablemente mucho peor. El estigma, el miedo a las represalias y la lejanía bloquean la denuncia de los casos.
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Quiebra financiera: El sector de protección solo está financiado al 14 %, y el de salud al 11 %. Un abandono presupuestario que deja a las víctimas sin auxilio.
Sudán del Sur: 7,5 millones de bocas que alimentar
Al Sur, es el espectro del hambre lo que persigue a las poblaciones. La ONU prevé que más de 7,5 millones de personas necesitarán ayuda alimentaria de emergencia en 2026.
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El choque climático: Las inundaciones persistentes aíslan a comunidades enteras y destruyen los medios de vida, agravando el periodo de « escasez » (penuria antes de las cosechas).
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Llamado al Consejo de Seguridad: Tom Fletcher, jefe de asuntos humanitarios de la ONU, es categórico: para evitar una « hambruna generalizada », se necesitan fondos flexibles de inmediato. El plan humanitario de 1.460 millones de dólares solo está financiado actualmente al 22 %.
El grito de la ONU
Ya sea en Jartum o en Juba, el diagnóstico es el mismo: el acceso humanitario debe garantizarse sin trabas y el derecho internacional debe respetarse. Se insta a la comunidad internacional a pasar de las palabras a los hechos antes de que se alcance el punto de no retorno.

