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Tánger: « Boulevard » Pasteur, un espacio imprescindible para la literatura y la diplomacia

Inspiración

 

 

Infomarruecos.ma/conacentomarroqui.blogspot.com

   Hay ciudades en el mundo que gozan de una leyenda, un atractivo añadido a los ojos del resto de la humanidad, y ese interés legendario reposa en elementos muy diferentes que finalmente le dan un perfil propio, claramente identificado y con poder de seducción frente a otras ciudades, más modernas, más lógicas, más limpias, más cosmopolitas. Y una de estas ciudades es Tánger, cuyo atractivo se asocia con el de Shanghai, Beirut o Viena en otro concepto. Hay ciudades y también hay bulevares que son el corazón de ellas. ¡Este es el caso del Boulevard Pasteur para Tánger!

   En un delicioso libro, “Un cierto Tánger”, su autor, Fernando Castillo, afirma en la página 13 “que desfilan eventos, lugares, objetos, escritores, artistas y libros, formando un mosaico mandarina con este claroscuro que caracteriza a la ciudad”. Y luego, da una impresión estética al señalar que Tánger atesora “olores anacrónicos”, que son “el olor del mar, un zoco de especias, perfumes de ámbar y verbena, pescado, carne y cuero, olores anacrónicos, que se unen el ruido de los  coches y motos, nos advierten que esto es Tánger”• (p. 23).

  En este párrafo o en el otro, el lector imagina, entre otras cosas bonitas, esta terraza del café de París o del café de Francia, justo enfrente de la cual el suntuoso edificio del Consulado de Francia. Como muchos otros cafés y restaurantes del Boulevard Pasteur, estos dos grandes cafés eran los lugares donde los escritores, espías y diplomáticos que vivían en Tánger solían reunirse.

   Un bulevar que reunió a distintos personajes por diferentes motivos que iban desde Paul Bowles hasta Paul Morand que se refugió en Tánger huyendo de su condición de embajador del gobierno de Vichy, donde incluso la « mítica femme fatale ». Marga d’Andurain, originaria de la ciudad de Bayona, que era doble espía – para Francia e Inglaterra – y que desapareció en 1948 mientras cruzaba el estrecho con su yate…

   Y también gracias a la “librairie des Colonnes” (librería de las columnas) donde Jack Kerouac, Gore Vidal, Allen Ginsberg, Juan Goytisolo, Luis Escobar, Jean Genet, Truman Capote, Tennessee Williams, Francis Bacon y el ya mencionado Paul Bowles y muchos otros grandes escritores y artistas siguen presentes en este bulevar.

   En definitiva, tiene razón Castillo al concluir este libro con la reflexión bien redactada por Eduardo Haro Tecglen, (página 233) “Tánger no defrauda, ​​ni siquiera a los que persisten en buscar los restos de la generación beat, brillantes refugiados del ‘ posguerra o los chicos malos de la década de 1960 en los cafés, bares, clubes alrededor del Boulevard Pasteur o entre las palmeras del fabuloso hotel El Minzah y la Villa de France …  »

Fuente: La Depeche

Traducción: Mokhtar Gharbi

 

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