Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
En Argelia, con la espada de Damocles sobre el cuello la gente prefiere hablar de “mala suerte”, “de mal de ojo” … “de mala pata”.
¿De quién? No se atreven a llamar al pan, pan y al viejo Changriha lo que es.
El tribunal de Blida se alza como la institución mas “democrática” y la proliferación de las prisiones constituyen sus sucursales.
Y… en efecto con este dúo Tebboune/Changriha no se puede ir a ningún lado y si le añadimos a una inútil y desmesuradamente costosa milicia del Polisario y la jauría de los narcotraficantes “rifeños” …
La junta militar argelina parece darse cuenta… tarde… mortalmente tarde. ¿Qué puede hacer ahora si el país está patas arriba… trozos?
La paz de los bravos, como diría el difunto Yasser Arafat. El sentido común, el despertar…
Argelia necesita hombre, valentía política y clarividencia geopolítica.
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