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¡Tebboune, la farsa en el poder! Por Mustapha Tossa 

Anàlisis

Abdemadjid Tebboune es cualquier cosa menos un político. Es incluso menos un estadista. No es ni más ni menos que uno de sus muchos apparatchiks de limitada inteligencia con los que pulula la administración argelina y al que circunstancias políticas excepcionales le han ofrecido un destino presidencial, mientras todo lo destinaba a vegetar toda su vida bajo el oscuro disfraz de un quinto cuchillo con el anonimato como único signo distintivo.

La entrevista que acaba de conceder a la revista “Le point” parece una entrevista realizada por periódicos satíricos como “Al Manchar” o “Le Gorafi” donde se exagera deliberadamente la línea de la caricatura, donde el segundo grado es una modalidad de escribir y pensar. Si la revista Le point la hubiera presentado como una entrevista imaginaria y fantaseada, este enfoque podría haber provocado en el límite algunas carcajadas aquí, algunas sonrisas de indignación allí, seguidas de algunas risas burlonas para subrayarlo en los pensamientos y la pesadez de las visiones. Podríamos haber dicho: aquí hay un arreglo con la realidad en salsa satírica con un propósito lúdico y creativo.

Sin embargo la desgracia del gobierno argelino es que se trata de un encuentro real con declaraciones reales de un hombre al frente de un Estado neurótico que equilibra todo lo que pasa por su cabeza y que confirma cada día la magnitud de su impostura.

Tebboune parece olvidar que cuando los soldados dirigidos por el general Gaid Salah habían decidido enterrar el quinto mandato como solución para desanclar la honda popular, buscaban un hombre incoloro, indoloro, sin personalidad, políticamente analfabeto al límite para asegurar la transición y el aparente ruptura en la continuidad.

Habían circulado muchos nombres y Gaid Salah, entonces hombre fuerte del momento había elegido a A. Tebboune por su capacidad de limitarse a un ejercicio de figuración, de no atraer luz y en el peor de los casos de servir como pararrayos de un odio inextinguible de los argelinos hacia su clase dominante.

Hoy A. Tebboune viene a entregarles una mentira tan grande como las montañas Hoggar de que el ejército argelino no se preocupa por la política. ¿Quién podría creer tal afirmación, él la pura creación de los jefes de cuartel argelino?

Y toda la entrevista de Point trata sobre este modo de negación, mentira y fabricación. El señor Tebboune, que tiene el carisma de una ostra, está tan atrapado en su delirio patológico que se ve a sí mismo como el producto del Hirak que tuvo y sigue sacudiendo los cimientos del poder argelino, que piensa en una forma de la esquizofrenia se manifiesta como el icono de este enojo popular que sigue golpeando el pavimento argelino contra viento y marea.

La realidad es que lo coloca donde está un clan mafioso en el que el gobierno ha fracasado estrepitosamente como lo demuestra la situación política y económica del país cuyas últimas quiebras están ilustradas por una gestión catastrófica de la gestión del impacto del Covid, la cruel falta de vacunas y el peligroso amateurismo del desconfinamiento.

Fracaso también en todos los frentes cuando el país se transforma en una prisión con detenciones arbitrarias a diario, la tortura como método de manejo de la ira hasta el punto de plantear preocupaciones internacionales.

Respecto a Marruecos, A. Tebboune se mantiene fiel a su legendario odio contra este país que se ha convertido en un rasgo característico de su temperamento. Conocimos al presidente Bouteflika enfermo de sus mórbidos celos hacia Marruecos, hoy nos encontramos con Tebboune, un hombre que respira atávico aborrecimiento de Marruecos y de los marroquíes en todos sus gestos.

En la entrevista con Le Point, acaba de transgredir otro nivel al atacar abiertamente a la monarquía marroquí. Ilustra el grado de ceguera política de un presidente falso, fabricado desde cero por un ejército acorralado y asediado, que se sienta donde es correcto cumplir la misión de desviar la atención hacia un enemigo externo. Historia para ahorrar tiempo y tratar de desinflar las frustraciones.

La crisis de Tebboune contra el rey Mohammed VI, si bien viola todas las reglas del decoro diplomático, en cualquier caso ajenas a su cultura y su educación, también refleja la fuerza del duro golpe que acaba de sufrir el régimen argelino en el percance de su líder de los separatistas del Polisario.

La mejor prueba de ello es que en su apresurado regreso a Argel, el régimen argelino, Tebboune y el jefe del ejército Changriha, se vieron obligados a organizar una mini obra de teatro filmada en su visita al enfermo Mohamed Benbattouche, alias Brahim Ghali, en su cama de hospital. En las pocas palabras que dijo Tebboune junto a su cama, el presidente argelino demostró aún más el alcance de su ignorancia y demagogia al agradecer a Brahim Ghali por haber respondido amablemente a las preguntas de la justicia española.

Abdzlamdjid Tebboune no es solo una maldición para los argelinos que lo ven encarnar la quiebra de su estado y el aborto de sus sueños de cambio, también es una maldición para toda la región condenada a esperar el momento de su partida y su liberación, esperanza de un futuro mejor.

Tebboune es un hombre que insulta descaradamente el futuro y porque lo hace conscientemente, es uno de esos nombres masculinos apolíticos que rápidamente se tiran al basurero de la historia.

De: AtlasInfo.fr

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