Temas de Ramadán y de Al Aid El Islam y la Paz                               VI (Último) (Comunidad musulmana Ahmadia) Enseñanzas Islámicas sobre la Paz y la Guerra Conclusiones

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Categóricamente podemos decir que estos versículos enseñan las siguientes reglas:

            I.- Sólo se debe recurrir a la guerra en el nombre de Dios y no por motivos egoístas, y no por agrandar o por fomentar cualquier otro interés.
            II.- Sólo podemos recurrir a la guerra contra quien nos ataca primero.
            III.- Sólo podemos luchar contra los que luchan contra nosotros. No podemos luchar contra los que no toman parte en la guerra.
            IV.- Incluso después de que el enemigo hay iniciado el ataque, es nuestro deber mantener la guerra dentro de unos límites. Extender la guerra, bien territorialmente o con relación a la armas utilizadas, es un error.
            V.- Tenemos que luchar sólo contra un ejército regular designado por el enemigo para luchar de su lado. No tenemos que luchar contra los demás del lado enemigo.
            VI.- En la guerra, debe permitirse inmunidad a todos los ritos y observancias religiosas. Si el enemigo prescinde de los lugares donde se celebran las ceremonias religiosas, entonces los musulmanes también deben desistir de luchar en dichos lugares.
            VII.- Si el enemigo utiliza un lugar de adoración como base para atacar, entonces los musulmanes pueden devolver el ataque. Ninguna culpa caerá sobre ellos si así lo hacen. Ni siquiera se permite luchar en los aledaños de los lugares religiosos. Está absolutamente prohibido atacar los lugares religiosos y destruirlos o causarles cualquier tipo de daño.
            VIII.- El hecho de que el enemigo inicie el ataque desde un lugar religioso no debe utilizarse como excusa para atacar ese lugar.
            IX.- La lucha sólo debe continuar mientras dure la injerencia en la religión y la libertad religiosa. Cuando la religión es libre y la injerencia en  ella no prosigue más tiempo, entonces no debe haber guerra aun cuando el enemigo sea quien la empiece.
            X.- Si el enemigo desiste, es deber de los musulmanes desistir también, y perdonar el pasado. Los musulmanes deben luchar mientras dure la persecución religiosa, mientras la religión no sea para Dios y no se abandone la injerencia en los asuntos religiosos. Cuando el agresor desiste, los musulmanes también tienen que desistir. No debe continuar la guerra porque el enemigo crea en una religión falsa.
            XI.- Los musulmanes no tienen derecho a entrometerse en la religión de los otros, incluso si les parece que esa religión es falsa. Si después de una oferta de paz, el enemigo continua la guerra, los musulmanes pueden estar seguros de la victoria aún cuando sus efectivos sean escasos.
            XII.- Si en el transcurso de una guerra los no creyentes se inclinan hacia la paz en cualquier momento, los musulmanes deben aceptar la oferta inmediatamente y hacer la paz. Los musulmanes deben comportarse así aun a riesgo de ser engañados. Deben poner su confianza en Dios. El engaño no prevalecerá contra los musulmanes, que confían en la ayuda de Dios. La oferta de paz debe ser aceptada.
            XIII.- Los paganos, que acuerdan un pacto con los musulmanes, lo mantienen y no ayudan al enemigo contra ellos, deben tener tratamiento recíproco por parte de los musulmanes. La piedad exige que los musulmanes deben cumplir su compromiso del pacto tanto en la letra como en el espíritu.
            XIV.- Si cualquiera de los que están en guerra con los musulmanes buscan refugio en ellos para estudiar el Islam y reflexionar sobre su Mensaje, deben recibir refugio de los musulmanes durante el tiempo razonablemente necesario para dicho propósito.
            XV.- No está permitido hacer prisioneros del enemigo salvo en caso de una guerra regular que implique mucho derramamiento de sangre. El sistema de hacer prisioneros de las tribus enemigas sin guerra y derramamiento de sangre, practicado hasta e incluso después del advenimiento del Islam, es ilegal. Sólo se puede hacer prisioneros de los combatientes y después de una batalla.
            XVI.- En relación con los prisioneros de guerra, lo mejor según el Islam, es liberarlos sin pedir rescate. Como ésto no siempre es posible, la libertad mediante rescate, también se puede efectuar.
            XVII.- Los que no merecen ser liberados sin rescate pero no tienen a nadie que se lo pague, si todavía piden su libertad, pueden obtenerla firmando un compromiso de que, si se les permite trabajar y ganar dinero, pagarán su rescate.
Directrices del Santo Profeta Sobre la Guerra
Las enseñanzas islámicas, sin embargo, no constan solamente de reglas establecidas en el Santo Corán. También se incluyen los preceptos y ejemplo del Santo Profeta del Islam. Lo que hizo o enseñó en situaciones críticas es también una parte esencial de las enseñanzas islámicas. Recogemos aquí algunos dichos del Santo Profeta sobre el tema de la guerra y la paz.
            I.- Se prohibe a los musulmanes totalmente mutilar a los muertos.
            II.- Se prohibe a los musulmanes recurrir al engaño.
            III.- Las mujeres y los niños no deben ser asesinados.
            IV.- No se debe interferir con los sacerdotes, funcionarios religiosos y líderes religiosos.
            V.- No se debe asesinar a los ancianos, ancianas y niños.
            VI.- Cuando los musulmanes entran en territorio enemigo, no deben sembrar el terror entre la población. No se permiten los malos tratos a los civiles.
            VII.- Un ejército musulmán no debe acampar en un lugar donde provoque molestias a los civiles. Al desfilar debe tener cuidado de no bloquear la carretera ni causar incomodidades a otros viajeros.
            VIII.- No está permitido desfigurar el rostro.
            IX.- Deben infligirse al enemigo el menor número de pérdidas.
            X.- Cuando los prisioneros de guerra se ponen bajo custodia, debe colocarse juntos a los parientes cercanos.
            XI.- Los prisioneros deben ser correctamente tratados. Los musulmanes deben tratar a sus prisioneros mejor que a ellos mismos.
            XII.- Se debe tratar con gran respeto a los emisarios y delegados de otros países. Cualquier falta o descortesía que cometan debe ignorarse.
            XIII.- Si un musulmán comete el pecado de maltratar a un prisionero de guerra, debe expiarlo dejando en libertad al prisionero sin rescate.
            XIV.- Cuando un musulmán tiene a cargo un prisionero de guerra, debe alimentarlo y vestirlo de la misma forma que el musulmán hace consigo mismo.
            XV.- No se deben dañar los edificios públicos, los árboles frutales y las cosechas.
            XVI.- Debe tenerse presente siempre la posibilidad de paz.
            De los dichos del Santo Profeta se hace evidente que el Islam ha  instituido los pasos que tienen como consecuencia evitar o detener una guerra o reducir su mal. Los principios que enseña el Islam no son sólo preceptos piadosos; tienen su ilustración práctica en el ejemplo del Santo Profeta y los primeros Jalifas del Islam. Como todo el mundo sabe, el Santo Profeta no sólo enseñó estos principios sino que también los practicó e insistió en su observancia.
            Regresando a nuestra época, deseo decir que se han enviado varias propuestas y se han presentado muchos planes ideales para la paz, pero no se ha ofrecido ningún ejemplo práctico y realista para enseñar al mundo cómo evitar la guerra, minimizar sus sufrimientos o detenerla totalmente.
            Predicar un método para detener las guerras, pero no ser capaz jamás de permitirse una ilustración práctica de ese método, indica que es impracticable. Parecería por lo tanto, que la experiencia y sabiduría humanas apuntan solamente a un método para evitar o parar la guerra; y ese método lo enseñó y practicó el Santo Profeta del Islam.
            Un punto más debe añadirse. El Santo Profeta dio las enseñanzas mencionadas sobre la conducta y comportamiento de los musulmanes en un campo de batalla. Generalmente se dice y se cree que no hay regla a seguir cuando se está en estado de guerra. No se suscita la cuestión de la misericordia y los buenos tratos. Nadie piensa en hacer ningún acto de caridad y de gracia hacia nadie. Pero aquí nos encontramos con un hombre que aconseja a sus seguidores dar todos los pasos posibles para ser amable y considerado incluso con el enemigo. Aquí hay un hombre que predica y recomienda la paz y la moralidad incluso en el campo de batalla. Se trata del Profeta del Islam, Muhammad, la paz y bendiciones de Dios sean con él, que fue correctamente descrito por Dios como la encarnación de la misericordia con toda la humanidad.