Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
Las noticias procedentes de Argel señala un espectacular refuerzo de los dispositivos de seguridad en la capital y en otras ciudades del país.
Las autoridades hablan de llamamientos cuyo origen es indeterminado invitan a manifestaciones.
Otras fuentes más independientes hablan de manifiestos de decenas de personalidades argelinas que instan a más democracia y más libertad.
Entre todas estas informaciones, una cosa es segura: Cada día son más evidentes signos de la vuelta de Hirak.
Consecuencia de las milicias garrapatas que chupan la sangre de los argelinos, manteniéndolos al borde de la pobreza mientras que ellos, inútiles pero muy costosos.
Es el precio que cualquiera debe pagar al intentar desestabilizar a los vecinos con infructuosas milicias que gastan y no producen.
Ahora, probablemente la junta militar argelina recurra a sus servicios como en Siria durante la revolución para acabar con las protestas y las manifestaciones.
Rentabilizar lo inútil.
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