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Tiempo de lectura: Grito primal de Said Jedidi (la versión árabe por el profesor Ahmed Elamraoui en conacentomarroqui.blogspot)

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                              Capitulo VII Boleto de vuelta (Segunda parte)

 

Nunca lo pudo evitar. Cada vez que atravesaba Feddan[1] convergía con una mezcla de desprecio y compasión su mirada hacia los grupos de mutilados y jubilados del ejército franquista marroquíes antiguos militares del bando franquista durante la guerra civil española y después de ella que proliferaban en los banquillos de la legendaria plaza e incluso en el suelo contando “hazañas” de la guerra o jugando “Ronda”.

  • ¡Mentirosos! Solía exclamar

Olvidando su miseria, su deteriorado estado físico, la ingratitud del franquismo y la indiferencia de su administración militar, grupos de estos excombatientes marroquíes del franquismo pasaban el tiempo y la vida contando su experiencia en el campo de batalla y las crónicas de una guerra que solo su fértil imaginación y la sed de sus auditorios en matar tiempo escuchan do lo que sea podían tejer.

Contaban como si aquella guerra era suya y que aquél enemigo era el suyo, de su nación y de su religión.

Sus relatos sobre sus heroísmos contra los rojos “enemigos” de Dios y de patria” y sus “epopeyas” guerreras se escuchaban desde lejos.

Martirizada por decenios de colonización y de propaganda franquista, Tetuán se acomodaba aun en su pasado reciente y estas manadas de ex combatientes formaban parte de aquél triste pasado. Ninguno de ellos tenia acento tetuaní ni lo necesitaban los que los llevaron a un destino que no era suyo.

En sus largas conversaciones con Marta, Hach Ahmed Ben Ali aprendió que nada… absolutamente nada, ni la patria, mucho menos la patria de otros, ni la religión ni el orden moral establecido ni siquiera los ideales proclamados de manera circunstancial pueden ni deben servir para robar vidas humanas.

  • Al fin y al cabo, la diferencia entre el mártir y la victima solo existe en sus perturbadas mentes, reflexionó.

Ahora que Marta no está se acordaba muy a menudo de aquella frase que le asustaba: “No hay nada peor que encontrarse bloqueado en el pasado”.

  • Esta gentuza está bloqueada en el pasado… su pasado, creyendo que habían cumplido un deber religioso, como se lo comunicaban los medios de propaganda franquista.

Fue también ella, Marta que un día le revelo que los marroquíes en la guerra civil española estaban en los dos bandos.

Poco sabia Hach Ahmed ben Ali, pero la revelación de Marta al respecto le había intrigado tanto que hubiera dado lo que sea para saber un poco más sobre la presencia “mora” en el bando republicano que, hasta entonces nadie, jamás había evocado. Él, como el resto de sus conciudadanos solo conocía los “moros” de Franco, la “Guardia mora”, las atrocidades “moras”, el horror ”moro” contado paradójicamente después de la guerra civil hasta por los franquistas.

  • Pero ¡Qué culpa tiene esta pobre gente, si hasta ahora, sigue siendo un caso patológico, creyendo que lo que hicieron, lo hicieron por su país, por los suyos y por su religión, concluyó

Tetuán y los marroquíes en general conocían una sola versión de la guerra civil española: la que cantaba la valentía y el valor de aquellos “combatientes de la libertad” venidos de las lejanas comarcas marroquíes para defender “la legalidad”. Nadie, nunca precisó que lo hicieron por un bollo y unos gramos de queso o una lata de sardinas.

La historia la cuenta el vencedor…

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