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Tiempo de lectura: Grito primal de Said Jedidi (la versión árabe por el profesor Ahmed Elamraoui en conacentomarroqui.blogspot)

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                    Capitulo XI: Rosas y claveles (primera parte)

 

Siempre le había irritado la forma de ser y la manera de actuar de aquellos, procedentes de la, entonces llamada “zona francesa” que pretendían ser “héroes” de la lucha de liberación nacional, que actuaban como ejemplo para las poblaciones del norte de Marruecos. Muchos de los cuales eran vulgares fotógrafos, albañiles e incluso mendigos disfrazados de artistas que vinieron a Tetuán, huidos de, decían, de “la represión colonial”  o como pensaban muchos de sus huéspedes, de penas por delitos cometidos en sus respectivas ciudades y en busca de otra vida en la ciudad blanca.

Tampoco soportaba la actitud de los suyos que no denunciaban aquellos abusos de confianza y de autoridad, porque a menudo acuitaban a ciudadanos inocentes de “colaboración con el ocupante” o de “no aportar su ayuda a los miembros del Ejército de liberación nacional”.

  • Pasamos de una tutela a otra, le dijo el otro día a Omar

  • Esto es normal, los regateos de la transición

  • ¿Pero, por qué se comportan con tanta arrogancia?

  • Porque nadie le mandó a la mierda

  • No entiendo. Creen que nos han liberado

  • Tampoco yo, pero se que algunas grandes familias de esta ciudad los han adoptado

  • ¡parece mentira!

  • Todo pasa. Todo pasará

En su barrio, todo el mundo seguía elogiando la labor de Tbiba Lenglisia[1], personaje que se convirtió en una auténtica institución tetuaní. Era una anciana inglesa que nadie nunca supo como aterrorizó en Tetuán ni quién la había enviado a esta ciudad. La gente se limitaba a aprovechar sus servicios. Nadie preguntaba de donde sacaba la medicina gratis ni por qué tanta generosidad con los musulmanes, muy a menudo de manera irónica, porque todo el mundo sabio, eso sí, que con su cruz y su Biblia trataba de convertir a sus pacientes. “¡Y a mí qué me importa! ¡Si cura a los pobres…! Era de todo: oftalmóloga, pediatra, genicologa y sobre todo misionera… una misionera que en sus 4º años de misión evangélica en Tetuán nunca había logrado convertir a un solo tetuaní.

Cuentan que un día se presento un Jibli[2]

  • Doctora, arráncame esta “nesrania”[3] mostrándole lo que quedaba de una vetusta muela poblada totalmente de carie.

  • Que Dios te perdone, hijo, le contesto sin precisar que estaba allí justamente para predicar

Tetuán, la ciudad de las mil maravillas. Tetuán para los tetuaníes. Tetuán y sus enigmas…

Lo que muchos llamaban “delirio de Hach” estaba a flor de oca. Pero nadie se atrevía a preguntarle los pormenores. Mil veces le habían preguntado y mil veces no respondió o lo hizo con una irónica sonrisa.

Pero él seguía pensando constantemente en lo que estaría haciendo Marta. En lo que hubiera podido ser si habría decidido quedarse en Martil y en lo que seria su vida si un día regresara con un… hijo.

“Me ha contagiado” solía reconocer. Ahora se interesaba por la historia y la geografía, sobre todo por la guerra civil española y más exactamente la participación marroquí en los dos bandos. Había buscado por todos lados algo que le explicara la presencia de marroquíes entre los republicanos, mas concretamente con los anarquistas de Cataluña, como se lo había contado una vez Marta.

[1] Médico inglesa que era una misionera en Tetuán que se consagraba a la medicina en el casco viejo de la ciudad y a labores misioneras

[2] Habitante de los arrabales de Tetuán. Aldeano

[3] Cristiana

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