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Título de investidura del Dr. Aziz TAZI como Académico No Residente en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba

Titulo de investidura

En un destacado evento, el presidente de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, el Excmo. Sr. Dr. D. José Cosano Moyano, ha conferido el título al nuevo académico no residente en Córdoba designado en mayo de 2023, el renombrado hispanista y poeta marroquí Dr. D. Aziz TAZI. Posteriormente, el recién investido académico pronunció su discurso de ingreso, del cual presentamos aquí su transcripción completa:

   En primer lugar, quiero dar las gracias a la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, en la persona de su Director, el Excmo. Sr. D. José Cosano Moyano, a su respetable Junta Rectora, a los Ilustrísimos Señores Académicos de número que suscribieron la propuesta reglamentaria para mi  nombramiento como académico correspondiente en Fez (Marruecos), el Ilustrísimo Sr. D. Manuel Gahete Jurado, el Ilustrísimo Sr. D. José María Palencia Cerezo, y el Ilustrísimo Sr. D. Antonio Cruz Casado. Mis agradecimientos van dirigidos, igualmente, a todos los Ilustrísimos Señores Académicos de esta noble y prestigiosa Corporación.

    Me siento sumamente honrado por esta designación y espero estar a la altura de su confianza para trabajar y obrar en pro del reforzamiento de las relaciones de entendimiento y amistad entre nuestros dos países, España y Marruecos.

   El título de este trabajo de presentación, Lenguas adoptivas e identidades cruzadas, hace referencia a uno de los fenómenos literarios más genuinos de las letras marroquíes de las siete u ocho últimas décadas: se trata de la llamada Literatura Hispanomarroquí o Literatura Marroquí en Lengua Española, que consiste en la adopción del español como medio de expresión literaria por parte de algunos escritores marroquíes, residentes en Marruecos, cuyo idioma nativo no es precisamente la lengua de Cervantes sino el árabe o el amazigh (o bereber).

   Antes de evocar las múltiples y variadas razones de esta predilección por la lengua española como herramienta de escritura, a expensas de la lengua original, con todo lo que tan crucial y vital decisión conlleva como posible y eventual conflicto o dilema identitario, y aunque nuestro propósito aquí y ahora no es hacer historia de la literatura, conviene recordar, sucintamente, los orígenes de esta neoliteratura, descritos y detallados, por lo demás, en numerosos estudios y antologías publicados sobre este tema, entre los cuales cabría destacar la antología Calle de agua. Antología de literatura hispanomagrebí, publicada en 2008 por varios autores, entre los cuales figuran los académicos y poetas D. Manuel Gahete y D. José Sarria, aquí presentes, y servidor.

    Si bien se suele considerar como primera manifestación de esta escritura un texto de un tal Lahssen Menun, publicado en 1877 en el periódico madrileño El Imparcial y titulado “Crónica de Marruecos”, lo cierto es que el verdadero comienzo hay que situarlo a finales de los años 40 y principios de los 50 del siglo pasado, con la aparición en Larache y Tetuán, todavía bajo Protectorado Español, de dos revistas literarias, Al Motamid y Ketama respectivamente, donde unos cuantos jóvenes escritores marroquíes encontraron una oportuna plataforma para publicar sus poemas y ensayos en castellano, además de traducciones al árabe de grandes poetas españoles. La desaparición de ambas revistas hacia finales de los años 50 supondría un largo periodo de silencio y habría que esperar hasta mediados de la década de los 80 para asistir al verdadero comienzo y la posterior proliferación de esta literatura, a partir de los años 90 y hasta la actualidad, aunque con muchos altibajos en cuanto al ritmo y la frecuencia de las publicaciones. Hay que remarcar que, en la actualidad, la aplastante mayoría de los escritores que tienen obra publicada en español (cuento, novela o poesía) son oriundos del norte de Marruecos, aunque también encontramos a algunos, muy pocos, que son originarios de otras zonas del país, entre los cuales nos incluimos.

    Volviendo al tema que nos ocupa, el del porqué de esta escritura, es decir el intento por comprender y aprehender las razones profundas que han hecho que algunos escritores, depositarios de una lengua y una identidad cultural determinadas (en este caso la lengua y la cultura arabo-amazigh) hayan decidido adoptar otra lengua, el español, como modo de expresión literaria, permítanme hacerles partícipes de mis reflexiones sobre este fenómeno, reflexiones por lo demás nunca definitivas, más bien sujetas a continuos replanteamientos y cuestionamientos, pues creo que todavía nos falta la suficiente perspectiva histórica susceptible de ofrecernos un juicio cabal acerca de este asunto.

   En su brillante ensayo Los libros y la libertad, el ilustre escritor andaluz Emilio Lledó reflexiona, con inigualable lucidez, acerca de las lenguas, del lenguaje en general, y su papel en la conformación del sentimiento de identidad y pertenencia en el ser humano. Dice Lledó a este respecto:

Porque nacer en una lengua es un azar del que apenas somos responsables: nadie puede enorgullecerse de un lenguaje que, sin duda, nos nutre, pero la habitación, la casa que en él nos acoge es un simple y azaroso alquiler. Heidegger (…) había dicho que el lenguaje es la “casa del ser”. Pero la casa necesita ser habitada, ser vivida. Y la vida consiste en la transformación de una morada en vivienda, de esa lengua materna en lengua matriz. Una lengua personal, hecha por nosotros mismos, por nuestra “mismidad”, iluminada por nuestra experiencia y nuestra singular recepción e interpretación.  (p. 39) (Fin de la cita)

   En estrecha relación con los sentimientos de pertenencia y con este pensar la lengua en lo que tiene de primigenio, es decir la facultad del habla, que diferencia al hombre de las demás especies y que posibilitó la aparición de la cultura, añade el filósofo sevillano:

La patria es algo que cada individuo construye desde la decencia y claridad de su propio ser. Por eso he dicho alguna vez que no deberíamos enorgullecernos por ser de algún sitio, por tener una determinada lengua materna -se puede ser perfectamente imbécil en castellano, en inglés, en vasco, en catalán y en francés- [ y en árabe también, por supuesto]. La lengua materna en la que por casualidad hemos nacido tiene que hacerse lengua matriz, convertirse en lengua propia hecha de libertad, de racionalidad y de sensibilidad. (p. 48) Fin de la cita

   Creemos que la idea matriz que subyace en estas espléndidas palabras de Emilio Lledó remite a la dicotomía mismidad/otredad, en última instancia a la cuestión de la identidad, no como algo fijo e imperturbable sino como el ejercicio de una libertad en construcción.

   La identidad con mayúsculas es la superposición conflictiva y dialéctica-pero no por ello menos auténtica- de muchas identidades. Ser uno mismo significa ser lo que uno siente y quiere ser: uno nace y hereda una identidad determinada, que puede enriquecer con otras identidades y querencias a lo largo de su vida y por lo tanto sería irracional y temerario estigmatizar a los individuos que abrazan otras latitudes, o bien porque experimentan un gran malestar viviendo la suya propia o/y en la suya propia, o bien porque sienten la imperiosa y vital necesidad de complementarla con otras identidades, con otras mismidades. Se efectúa así un dialéctico ir y venir desde la dimensión estructural del ser, aquello que constituye la semilla de nuestra unicidad, la irreductible recámara de nuestra soledad, nuestro inalienable núcleo, hacia lo que determina la esencia de nuestro existir, a saber aquello que está en una incesante fluctuación y una acuciante paradoja dentro de la trayectoria cambiante de nuestras vidas. Así, pues, la mismidad (que sería el carácter inmutable, aquello por lo cual se es uno mismo) se torna, en palabras de Jean Paul Sartre, ipseidad,  es decir una nueva condición que remite a la temporalidad, a la promesa [como dice Paul Ricoeur].

   Paralelamente a los conceptos de mismidad y otredad encontramos la idea de la libertad como concepto ético, en cuanto que esta, desde la perspectiva hegueliana, “nunca es ‘dada’, sino que es ‘hecha’. En ese mismo sentido, y refiriéndose al ser humano, Sartre afirma: “la existencia precede a la esencia”, es decir, el hombre empieza por existir y luego construye para sí una cierta esencia. Quien quiera ser depende de sus propias elecciones, de lo que proyecte de sí mismo”.

   Justamente, la cuestión de la identidad y la libertad están, creemos, en el centro de la dinámica interna que mueve a los escritores marroquíes que se expresan en español.

   Hay que matizar que las razones y motivaciones, objetivas y subjetivas, que subyacen en la elección y la adopción de la lengua española como modo de expresión por parte de algunos escritores marroquíes pueden variar de un sujeto a otro, en función de la pertenencia geográfica, el nivel sociocultural, la formación académica, las competencias lingüísticas, la ocupación profesional y la trayectoria vital de cada cual. No obstante, podemos arriesgarnos a afirmar, con una ínfima probabilidad de ser contradichos, que, desde una perspectiva afectivo-emocional, a todos nos une el amor a la lengua española. Por consiguiente, este difícil y complicado ejercicio mental y afectivo, ejercicio creativo en definitiva, es un acto de amor y un intento consciente y sincero por derrumbar muros de desencuentro y tender puentes de entendimiento y convivencia. Escribir, cuando uno siente en su interior el prurito de hacerlo, es un acto volitivo, y elegir una u otra lengua no puede ser arbitrario ni anodino. Sin querer hacer extensivo a todos los escritores marroquíes que escriben en español el porqué de nuestra predilección por la lengua de Cervantes, diremos que el hecho de haber tenido la interesante oportunidad de ‘salir’, física y vivencialmente, de nuestra propia cultura y nuestra lengua, de nuestra mismidad, en suma, para descubrir otro modo de vida y de entender el mundo, otras querencias y otros sentires, de haber tenido la posibilidad de vivir la libertad en  la otredad, de nutrir nuestra identidad doliente y quejumbrosa con la savia y los afluentes de una identidad nueva, ella también, por supuesto, sujeta a sus propios conflictos y contradicciones, fue determinante en aquella elección, en aquel acto reflejo, si se nos permite hablar así.

   Este haber vivido en lugares que nos han marcado profundamente; esa heteropía que consiste en crearnos y apropiarnos, aunque imaginaria y utópicamente, de espacios de perfección e ilusión y poetizarlos, en una especie de catarsis, está en la raíz de la experiencia creadora de más de uno de los escritores marroquíes de expresión española, entre los cuales nos incluimos. El transitar por dos culturas diferentes, la zozobra de no podernos asentar definitivamente en ninguna de ellas, constituyen, en nuestra opinión, la razón última de esta libre elección, la de escribir (o intentarlo, al menos) en la lengua de Cervantes.

   Hay que recordar aquí, a modo de corroboración de nuestra argumentación, a Claudio Mágris, un intelectual italiano nacido en la ciudad italiana de Trieste, una ciudad con una historia muy compleja, que fue durante un largo tiempo la principal desembocadura mediterránea del Santo Imperio romano germánico y luego del Imperio austro-húngaro, antes de su incorporación a Italia, una ciudad que representa una encrucijada de influencias latino-italianas, germánico- austríacas y eslavo-eslovenas. Mágris afirma que se siente italiano en Viena y austríaco en Italia. Sostiene que la frontera sobre la que vive le confiere el sentimiento de estar siempre del otro lado, de ser otro que sí mismo pero de un modo abierto y creativo. Según sus palabras, la frontera le enseña a negar cualquier identidad definida, a cuestionar y poner en tela de juicio el poder que pretende representar la identidad. Acaba diciendo que esta situación le libera de cualquier “idolatría fetichista, de cualquier obsesión por la pureza étnica”.

    Creemos, por consiguiente, que esta manera de sentir la frontera y este, digamos, desdoblamiento de la identidad expresados por el pensador italiano es lo que sustenta, en el fondo, la labor creativa de los representantes de esta neoliteratura, literatura de frontera o literatura periférica como se le suele llamar, a saber la literatura marroquí en lengua española o literatura hispanomarroquí.

   Por lo demás, y desde un punto de vista estilístico y estrictamente inmanente, una de las cuestiones de difícil y prematura respuesta sería la existencia o no de un canon literario que rigiese la variopinta producción literaria de esta neoliteratura, con sus diferentes géneros, novela cuento y poesía, fundamentalmente. Como se sabe, el establecimiento de un canon literario se hace sobre la base de una literatura consagrada, con muchos siglos de existencia y un corpus incesablemente alimentado. Además, la noción de canon se asocia a culturas específicas, como apunta Harold Bloom en su libro El canon occidental (1994). De modo que el canon literario del mundo occidental (con la Biblia y los poemas de Homero como prototipos) es diferente del canon árabe y musulmán, con el Corán y Las mil y una noches como referentes ineludibles. Así, pues, para integrar la noción de canon en una valoración consecuente y cabal de esa literatura, habría que tomar en consideración la percepción del lector y las múltiples interpretaciones que este pueda realizar de aquella, en función de su adscripción a una cultura y una tradición literaria y de pensamiento determinadas. Por lo tanto, y por todo lo dicho, se nos hace difícil barruntar, de momento, un canon definitivo para una neoliteratura como la LMLE, periférica y fronteriza, joven y titubeante, de contornos todavía borrosos, faltos como estamos de la suficiente y necesaria perspectiva histórica que nos permita establecer pautas y marcar deslindes.

   Antes de concluir, creemos que es de obligada justicia por nuestra parte, en este insigne marco, hacer referencia a lo que se conoce ya como actual crisis del español en Marruecos, un idioma que forma parte de nuestro acervo cultural e identitario. Las razones de dicha crisis son múltiples y entretejidas y sería prolijo y tedioso enumerarlas y analizarlas aquí. Nos contentamos con señalar, no obstante, que los estudios hispánicos en Marruecos conocieron, desde mediados de los años 70 y hasta 2008, año del comienzo de la crisis económica en España,  un periodo de florecimiento y esplendor, a través del impulso creciente de su estudio como segunda lengua extranjera en la enseñanza secundaria, la apertura gradual de nuevos departamentos de hispánicas en las diferentes Facultades de Letras, hasta llegar al número de siete departamentos, junto con la proliferación de centros del Instituto Cervantes en las ciudades marroquíes más importantes. Este estado de bonanza del hispanismo en Marruecos, por decirlo de alguna forma, vino a contrarrestar la hegemonía secular del francés y el empuje imparable del inglés y parecía asentar definitivamente la importancia y la competitividad de la lengua española en los programas curriculares en los distintos ciclos de la enseñanza reglada en Marruecos. Desgraciadamente, este estado de gracia no iba a durar mucho y, de hecho, asistimos, desde hace ya más de una década , a un violento frenazo y un grave retroceso de la presencia de la lengua española en todos los ciclos del sistema educativo reglado marroquí, frente a la pujanza cada día más y arrolladora del inglés y su fuerte atractivo para nuestros jóvenes estudiantes, que, aunque sienten una simpatía especial por España y por todo lo hispánico, obviamente no viven ajenos a los efectos de la globalización y por lo tanto están inmersos en un mundo, el de la informática e Internet, donde la aplastante mayoría de contenidos se oferta en inglés.

   Finalmente, hacemos votos, en este inmejorable escenario y contexto, porque la actual crisis no provoque lo que sería un nefasto efecto mariposa sobre una experiencia creativa tan genuina y tan necesitada de apoyo y sostén como es la escritura marroquí en lengua española o literatura hispanomarroquí. Muchas gracias.

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