CrónicasFeaturedFin de Trayecto

Un fragmento de mi historia – II- La otra realidad Por: Mahfud Ould Sid Bih*

La verdadera historia de un "refugiado" en Tinduf

 

Desde ayer consagramos “Fin de trayecto” a un ensayo de Mahfud Ould Sid Bih* quien, por obvias razones nos ha pedido omitir su verdadero nombre y el lugar de donde corresponde con nosotros, ha hecho el honor a infomarruecos.ma/conacentomarroqui.blogspot de confiarle su primer ensayo.

Una historia verdadera, conmovedora, contada por su protagonista con una espeluznante frescura. Es la  primera vez que el mundo descubre esta faceta del terror.

                                            – II- La otra realidad

La verdad es que las preguntas brotaban tan rápidamente en mi cerebro que no sabía por dónde

empezar, pero la principal cuestión estaba clara.

¿Cómo es posible que llevara en España 20 años y no fuera español?

Llegué allí con un año y seis meses, no conocía nada más, tenía 21 años en aquella época, pero

La primera vez sentí que no era uno más.

Mi padre me fue explicando con delicadeza que desde que era pequeño estuvo intentando

sacarme la nacionalidad, pero, aunque cumplía todos los requisitos, ese trámite requería de dos

documentos esenciales: el certificado de nacimiento y el certificado de antecedentes penales.

Dichos documentos se los solicitó varias veces a mi familia biológica, pero sus intentos se vieron frustrados, la oficina encargada de representar a los saharauis, tenía un aviso del frente Polisario para que esos documentos no salieran bajo ningún concepto, pues mi familia perteneciente  a este frente  pues  sentía que podría perder y su única garantía de ejercer algún control sobre mí era a través de mi pasaporte argelino, el cual solo era un título de viaje, algo así como un salvoconducto el cual solo tramitaba el frente, ejerciendo así un monopolio de control sobre la población.

En aquél momento ilustración de desierto, el mismo de las fotos en mi cuarto, aquél que parecía tan lejano, volvía a mí con tal fuerza que me enterraba en un segundo, ya no era uno más.

Entre tanto desconcierto tenía clara una cosa, necesitaba esos documentos en mi poder a cualquier precio, si me caracterizaba por algo, era porque cuando una idea entraba en mi cabeza

iba con todo para cumplirla.

Llamé a mi madre biológica, le expliqué la situación, la cual me invitó a pasar un par de días en unos campamentos de refugiados para poner mi huella en los documentos y volver a España, lo cual en aquél momento tenía lógica para mí.

En mi trabajo pedí una semana de asuntos personales, compré mi boleto de avión, preparé una pequeña maleta, le di un abrazo a mi padre y comencé mi travesía, sin tener consciencia ninguna de lo que me depararía el destino.

Cuando aquel avión aterrizó en el aeropuerto de Tinduf y se abrió la puerta, una brisa ardiente golpeó mi cara, la geografía simplemente era algo desolador, era un desierto sin dunas, tan solo escombros y polvo; los argelinos que allí trabajan tenían un carácter terrible; no sería uno más de los allá, pero definitivamente no sentía que fuera allí.

Mi familia me recibió con una fiesta, se sentía bien, era algo diferente, exótico; no entendía nada de lo que hablan entre ellos y ellos se reían viendo lo perdido que me encontraba allí.

Aquello era casi como una película medieval, las construcciones eran de adobe, los techos de chapa, parecían aquellas casetas rudimentarias que le daban refugio al ganado en Andalucía, pero la gente era muy acogedora, era una sociedad muy cercana.

  • Mahfud Ould Sid Bih* seudónimo del autor

Continúa mañana

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