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UN LOCO DEL SIGLO XXI Autor: Mario Hernán

Entre ciencia y humor

Doce del mediodía. Suena débilmente, a la distancia el cañonazo del Cerro Santa Lucía, ese, del cual, Rubén Darío decía “Cerro Santa Lucía, tan inocente de día tan pecador de noche”. Vuelan las palomas, corren los perros, los cuales me han hecho pensar que en Santiago hay más perros que humanos. (Y que los perros santiaguinos no se pierden un cambio de guardia en La Moneda, truene, llueva o haya 32° de temperatura). Ellos, no se preocupan mucho por el calor pues pronto aparecen los estudiantes y el “Guanaco” de los Carabineros moja a todo el mundo. Los perros saltan exaltados tratando de morder el chorro de agua. Mientras tanto, todo el mundo mira sus relojes para comprobar no la exactitud de ellos sino la del cañonazo. Esa es sin duda una antiquísima costumbre santiaguina, que va a cumplir un siglo y medio. Doce del día y todo el mundo corre al Café, no se sabe a ciencia cierta si a tomar el rico brebaje o a ver las lindas piernas de las mozas que lo sirven. En fin, no tiene importancia…

Guillermo, Juan, Pablo, Carlos me esperan en el famoso Café Caribe de Ahumada con Moneda, y mientras sorben su tacita de café, miran engolosinados las piernas de las bellas féminas que atienden. “Viejo verde”, le dice sonriente Marcelita a Guillermo, por un piropo de este. Otro de los viejos ociosos dice ¡Ta’ güena!  Y sigue bebiendo su brebaje.

Me acerco sigilosamente al grupo, como siempre, para escuchar lo que murmuran. Ante de yo decir nada Guillermo me dice Hernán ¿qué te pasa, por qué esa cara viejo? Si compadre, ¿por qué esa cara? casi gritan todos al unísono. Caballeros, digo yo, con mi mejor acento aprendido en Escocia, estoy semióticamente volviéndome loco. ¡Qué vaina! ¿Qué es eso? Pregunta Juan. ¿Es muy grave? Pareciera grave, dice Carlos que poco o nada habla.

Yo, prepotentemente les digo “deslastrados mentales, garimpeiros del pensamiento, eso es pura ciencia”. Lo que me tiene jodido y loco es la ciencia. ¡Ah! Se escucha al unísono, pero no un ¡Ah! Así no más, sino uno largo y bostezado, aburrido, pues realmente no me entienden. Claro, qué quieren si tampoco me entiendo yo.

Como veo las caras de asombro de mis amigos digo: “caballeros, eso de semiótica es pura ciencia, episteme puro. ¡Guau! Se escucha. Tú sí que estás difícil hoy, dice uno de los amigos. ¿Es que otra vez perdió el Colo? Dice otro. No bruto, respondo entre risas; con esa ciencia analizamos hasta nuestro comportamiento en el baño, en las elecciones… ¡Ah! Exclama Pablo, por eso es que cada vez que votamos ponemos la torta…Ja, ja, ja, ríen todos. Bueno, yo la puse más o menos pues mi candidato llegó tercero.

Y pensándolo bien digo con bravura, ¡No! No hermano. Esto es serio. Fíjense que ya no sé si mi fantasma es  imaginario o simbólico. Si lo que digo tiene o no contenido, si lo que veo tiene los códigos que yo creo observar, si la identificación de los mensajes es primaria o secundaria, si produzco o no placer. Creo amigos que estoy trastornado. Sueno como arpa vieja y no entiendo mi sonoridad.

¡Chuta! Hernán, tú está realmente mal, dice Guillermo. ¡Claro! Eso que dice Hernán es cierto, dice Juan con su misma cara de Paco desde que lo conocí hace 35 o más años.

Yo insisto en hacerme escuchar. Estoy planteando un tema serio y los viejos se ríen. Creo amigos, digo con rabia, que mi condición de estabilidad emocional es seria; mi estructura mental está mal cabros…

¡Cálmate huevón! ¡Cálmate! Dice Pablo. ¿Qué quieres, le respondo casi gritando? Sueño con Freud, con Peirce y Sherlock Holmes, con Saussure, con Metz, con Umberto Eco, con Rafael del Villar, y lo peor de todo es que ni siquiera son futbolistas, son semióticos…

Sabe que más camarada, yo me voy dice uno de los amigos. Usted está loco de remate. Si dicen todos, vámonos. Hernán está semiótico ¡Ja já ja!  Chao compadre, sánese pronto pa’ tomarnos otro cafecito…

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