CrónicasFeaturedFin de Trayecto

Un mar… Mariem Merroun

Reflexiones

Había un mar pleno de olas, había un barco sin vela, sería capaz de remar con los índices, yo podría y no me importa en ese mar superar mis límites.

Encontré conchas que cantaban, caballos de mar que se balanceaban, una ostra se abría y una perla a mí, y solo a mí me sonreía y pertenecía.

Eran las expresiones sólidas y líquidas de mis cristalinos, eran mis ojos acuosos, era mi soledad embriagada sin wiski, ron, ni vinos.

Submarinos violetas perdidos en el fondo, con tiburones paseandome las entrañas, eran mis miedos, eran mis anhelos y faltas.

Creí que pararía de agitarse, que con el viento a cero dejaría de moverse, mis náuseas no cesaban, era el niño que llevaba, era el espíritu del océano que a mí debilidad apoyaba.

Las medusas y las sardinas, las conchas finas diamantes rosados cuando se juntan, parecían de África minas.

La arena, crujiente e incalculable, me hacía contarla en minutos cuando de tí hacen que hable.

El lenguado y los calamares, un enamorado en los psiquiátricos y hospitales, que bucea hasta balbucear…tú nombre en la inmensidad.

Corales de coral, que por mi cuello y cintura solo como hormigas saben trepar, tatuandome, emborrachando me de agua y sal, tú me haces bien tú eres mí mal.

Pecado y agua bendita, purificada en el mar, por favor para de llorar. Que todos estamos confesados, que todos estamos bautizados, que nosotros te ayudamos que entre todos te adiestramis para no hundirte, para no recaer, en la vergüenza ajena, en el no saber decir no, en el no saber no querer.

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