CrónicasFeaturedVela en la obscuridad

Un reconocimiento con valor mundial

En otros medios (islami.es)

* Que la Comunidad Autónoma de La Rioja haya decidido inscribir ACOHA es un logro importante, ya no solo por el espaldarazo administrativo que supone, sino porque es un reconocimiento inusual en Europa y en países occidentales, no porque los gobiernos se nieguen a registrar este tipo de entidades enfocadas a consumidores y usuarios  de productos y servicios halal, sino porque no existe cultura sobre este modelo  de asociación en el propio seno de las comunidades musulmanas que viven en Europa y otros países occidentales, lo que aumenta considerablemente  -en todos los niveles- el valor de la decisión del gobierno autonómico de La Rioja

Esta situación no es ajena a los países árabes y musulmanes en los que el Islam es la religión predominante. Resulta difícil encontrar alguna entidad que defienda a los consumidores y usuarios de productos y servicios halal.  Estas carencias tienen mucho que ver con las decisiones de los propios gobiernos, cuyo esfuerzo se ha limitado a la creación de grandes corporaciones adscritas a su poder e influencia para que inspeccione, verifique y reconozca qué es halal y lo que no es, dando por excluida cualquier opción inspirada en actividades de asociación ciudadana.

Se trata de un modelo fallido, tal como pudo comprobarse en los últimos acontecimientos ocurridos en Malasia, otrora país de referencia en estándares y normas halal.

Las turbulencias a las que tiene que hacer frente el halal hoy día -y en años venideros- vienen motivadas porque han sido muchas las decisiones que han magnificando su perfil económico en detrimento de su naturaleza, carácter, factor de modelo y de estabilidad y bien social.

La pirámide que hoy día conforma el halal en su estructura internacional es de unas proporcionales colosales. En la cúspide, los grandes Centros de Acreditación, quienes   se han convertido en extraordinarias  máquinas de hacer dinero. Son grandes corporaciones cuyas sedes compiten entre sí en poder arquitectónico y en infraestructuras administrativas. Toda esta demostración de poder e influencia se transmite en toda la escala de mandos, tanto es así que los inspectores que verifican los procedimientos de las certificadoras exigen hoteles de cinco estrellas y dietas diarias realmente exuberantes.

No existe una armonización en cuanto a estándares a aplicar, lo que en muchas ocasiones conduce a que lo que es halal en un país no lo sea en otro.

Son muchas las carencias que aquejan a los grandes Centros de Acreditación, sin embargo, y tal vez la que más les incrimina en lo referido a su relajación y comodidad, sea la inexistencia de procedimientos estables y fidedignos para hacer frente a los avances que la industria alimentaria ha alcanzado en los últimos años, lo que en la práctica significa que muchos ingredientes resulten indetectables.

Más abajo, y dentro de ese orden piramidal, aparece la ingente masa de certificadoras halal repartidas por el mundo. Estas mercantiles, que no empresas, pues las empresas, en su intrínseca naturaleza gozan de sitio para actividades sociales, destinadas a favorecer y beneficiar al conjunto de la sociedad, que no es el caso de las certificadoras halal, y una muestra recalcitrante son las españolas, que en todos estos años de actividad, tiempo en el que han amasado enormes fortunas, no tienen en su haber ninguna acción en favor de la comunidad musulmana a la que se deben y a la sociedad en general.

Las certificadoras halal son las que sustentan a los Centros de Acreditación, ya que sin su acreditación no pueden mover un dedo.  Las acreditaciones son costosas, y su precio varía desde los 12.000€ hasta otros que superan los 30.000. Las certificadoras halal son cautivas de lo que dictamen los centros de acreditación, de ahí que no exista la más mínima crítica hacia sus procedimientos, menos aún, hacia su esencia empresarial y comercial.

La ausencia de participación de  los consumidores en la actividad de todas estas entidades es de gran relevancia, tanto es así que incluso en sus propios organigramas no existe ninguna referencia en defensa de los consumidores musulmanes, quienes son, en definitiva,  quienes les sustentan y proveen de razón para su existencia. Es la paradoja que rodea a todo ese mercantilismo ciego que incluso llega a alentar y permitir que certificadoras regentadas por personas ajenas al Islam certifiquen productos para musulmanes.

Dentro de ese marco piramidal, los que tocan suelo, son los consumidores y usuarios musulmanes. Todo está al revés. Los que están arriba deberían estar abajo y viceversa, pero esa no es la suerte que les tocó a los consumidores y usuarios musulmanes; antes bien, son rehenes de un diabólico sistema que los usa y oprime como simple materia prima para engordar las cuentas de resultados de unos centros de acreditación y de unas certificadoras carentes de consciencia vital sobre lo que significa e implica manipular cuestiones halal.

Celebramos la decisión del Gobierno de la Comunidad Autónoma de La Rioja por muchas razones, pero si hay que citar alguna, esa no es otra que es el primer gobierno en todo el mundo que reconoce a una entidad de consumidores y usuarios halal.

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