Una voz de la otra orilla

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Se llamaba « Primavera arabe » y recuerdo que en España las miradas convergian hacia Marruecos. De modo que un amigo español me escribia al respecto:

      He seguido con atención las revueltas que se suceden en los países árabes y las manifestaciones del día 20 en Marruecos, que sin dudas no tienen nada que ver con lo que ocurre en otros países árabes. Pese a ello, muchos analistas y periodistas españoles se empeñan en ver en las manifestaciones de Marruecos el mismo sentido que lo ocurrido y que sigue ocurriendo en otros países árabes.

     Desde mi punto de vista las manifestaciones del día 20 en Marruecos se enmarcan en una normalidad democrática, en la que grupos muy minoritarios se expresaron y manifestaron libremente. Grupos que van desde la izquierda radical hasta el islamismo sin base social ni representación parlamentaria. El número reducido de manifestantes en todas las localidades en que se produjeron estas manifestaciones, atestigua del carácter minoritario de estos grupos. Además, hay que tener en cuenta que pese a su carácter de minorías, el marco de las protestas se enmarcaba en un contexto constitucional, sin que se vieran temas o consignas que no tuvieran cabida en él. Creo que las reivindicaciones de esos grupos están en el día a día del debate político marroquí, para cualquiera que se moleste en pegar una ojeada a los medios del país. A pesar de estas evidencias, los analistas y periodistas españoles quieren seguir viendo esto como un síntoma de la inestabilidad del régimen y de su falta de legitimidad. Como vemos, la misma desinformación o parcialidad de siempre.

      Lo que está ocurriendo en otros países árabes no tiene nada que ver con Marruecos. Considero que en estos países lo que se está derrumbando son sistemas estatales construidos durante la Guerra Fría e inspirados en los principios soviéticos de las economías estatales planificadas desde el estado y fuertemente centralizadas. El Egipto edificado por Nasser, pese a que se habían emprendido medidas de reforma desde el 2004, sigue siendo una economía estatalizada y nacionalizada, donde la libertad de comercio y de empresa encuentra muchas dificultades. Nasser llegó a nacionalizar el 90% de la economía de Egipto. El caso de Túnez es muy similar, con una ideología socialista de fondo y sectores económicos intervenidos y gestionados por el estado. El caso Libio ya es extremo, algo parecido a la Cuba actual, o a  Corea del Norte, es decir un verdadero residuo fósil del sovietismo más rancio. Argelia también es otro caso extremo y un fracaso estrepitoso como sociedad, a la que le quedan pocos días.

     A estos modelos de estado y de gestión económica, se unen indefectiblemente modelos políticos aberrantes, basados en el autoritarismo de una camarilla y un liderazgo político dictatorial. Todos estos líderes llevaban en el poder más de 30 años y los regímenes que representaban más de 60. Lo más parecido a la URSS en su mejores tiempos. Lo raro es que hayan tardado 20 años en caer tras la desaparición por derrumbe de su mentor e inspirador ideológico.

    El fracaso de estos modelos de sociedad es a lo que estamos asistiendo estos días. Los ciudadanos de esos países están hartos y han salido a la calle para decir que ya no pueden más y que necesitan reformar la sociedad en la que viven. Esperemos que las reformas que emprendan vayan en el buen sentido y no se equivoquen para los próximos 50 años.

     El caso de Marruecos es diferente. Siempre se tuvo claro que la economía libre de mercado era el único camino para mejorar la prosperidad de los pueblos, y pese a algunos desafortunados episodios como la marroquinización  de los años 70, que se corrigió rápidamente en los años posteriores, la libertad de comercio y de mercado se impuso como marco en general. Y consecuencia de ello, la renta per cápita en Marruecos es 2 ó 3 veces superior a la de los países que estamos tratando, pese a no disponer de los generosos recursos naturales con que cuentan los otros países. Hassan II sostuvo siempre esta visión estratégica, pese a que las élites intelectuales y políticas de los años 60 y 70 estaban muy contaminadas por las ideologías socialistas, las economías estatalizadas y todo el credo de la influencia soviética. Los jóvenes de aquella época miraban con admiración los éxitos aparentes de Nasser, Gadafi o de la Argelia revolucionaria. Pero afortunadamente, en Marruecos no se implantaron estos sistemas y se apostó por la economía libre de mercado.

     Además, desde el punto de vista del sistema político, Marruecos nace ya desde la independencia como una monarquía parlamentaria constitucional, que mediante sucesivas reformas y avances, se ha ido adaptando a los tiempos y a las demandas del pueblo marroquí. Un sistema multipartidista, que pese a todas sus deficiencias como en cualquier democracia, canaliza las aspiraciones políticas de la sociedad, acompañado de una creciente aspiración democrática por parte de la propia sociedad, que ha ido madurando positivamente.

     A todas estas diferencias con otros países árabes, habría que añadir dos grandes activos de Marruecos como nación: La monarquía y el patriotismo responsable y sereno que caracteriza a la actual sociedad marroquí, que se redefine en el nacionalismo que surge tras la Marcha Verde.

Creo que Marruecos es una excepción en el panorama de los países árabes contemporáneos y me parece también, que en un futuro próximo podrá aportar mucho al liderazgo de los países árabes, si sabe aprovechar la oportunidad. Quizá para ello debería ir más allá de una actitud defensiva sobre lo que ocurre en su entorno y ver la situación actual como una oportunidad de liderazgo.

    Me gustaría recibir sus comentarios sobre estos puntos de vista. Por aquí ya le digo, que todo se reduce al miedo al islamismo o infantiles planteamientos sobre la tensión autoritarismo-libertad.