A pesar de décadas de progreso, las desigualdades continúan comprometiendo la seguridad hídrica mundial, afectando de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas, alerta el nuevo informe mundial de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los recursos hídricos, publicado por la UNESCO en nombre de ONU-Agua.
A pesar de su papel preponderante en la recolección de agua, las mujeres y las niñas siguen excluidas de la gestión del agua y de los puestos de dirección relacionados, lamenta el informe, que revela que las mujeres son responsables de la recolección de agua en más del 70 % de los hogares rurales sin servicio de red.
«Garantizar la participación de las mujeres en la gestión y gobernanza del agua es un motor esencial de progreso y desarrollo sostenible. Debemos intensificar nuestros esfuerzos para preservar el acceso de las mujeres y las niñas al agua», defendió el Director General de la UNESCO, Khaled El-Enany, durante la presentación del informe.
A su juicio, no se trata solo de un derecho fundamental, dado que «cuando las mujeres disponen de un acceso equitativo al agua, toda la sociedad se beneficia».
Por su parte, el presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y de ONU-Agua, Álvaro Lario, subrayó que «es hora de reconocer plenamente el papel central de las mujeres y las niñas en las soluciones relacionadas con el agua, como usuarias, líderes y profesionales».
«Necesitamos que tanto mujeres como hombres gestionen el agua como un bien común que beneficie al conjunto de la sociedad», insistió.
El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos se publica cada año con motivo del Día Mundial del Agua (22 de marzo).
Bajo el título «El agua compartida, una igualdad de derechos y accesos», la edición de este año destaca que 2.100 millones de personas aún carecen de acceso a agua potable gestionada de forma segura y que las mujeres y las niñas son las más afectadas.
Según el informe, las mujeres y las niñas son, por lo general, responsables de la recolección y gestión del agua para su hogar, «lo que las expone a la penosidad física, limita el tiempo que dedican a la educación y a los medios de subsisencia, y genera riesgos para su salud y una mayor vulnerabilidad ante las violencias basadas en el género, especialmente cuando los servicios hídricos son peligrosos o poco fiables».
El cambio climático, la escasez de agua y los desastres hidrometeorológicos exacerban las desigualdades de género existentes, advierten los autores, quienes consideran que el género sigue siendo un factor de vulnerabilidad determinante, ya que condiciona la exposición a los riesgos, así como el acceso a los sistemas de alerta temprana, al apoyo para la recuperación y a la seguridad de los medios de subsistencia a largo plazo.
Y añade que los datos muestran que el cambio climático afecta de manera desproporcionada a las mujeres: «un aumento de 1°C en la temperatura reduce los ingresos de los hogares encabezados por mujeres en un 34 % más que los de los hogares encabezados por hombres, mientras que el número de horas de trabajo semanales de las mujeres aumenta en promedio 55 minutos respecto al de los hombres».
Para cerrar las brechas de género en el acceso y gestión del agua, el informe recomienda, en particular, «eliminar los obstáculos jurídicos, institucionales y financieros que impiden a las mujeres beneficiarse de la igualdad de derechos en el acceso al agua, a la tierra y a los servicios», «reforzar la financiación y los presupuestos sensibles al género mediante mecanismos de rendición de cuentas sólidos» e «invertir en la recolección de datos sobre el agua desglosados por género a fin de poner de relieve las desigualdades y orientar las políticas».
Asimismo, sugiere valorar el trabajo no remunerado relacionado con el agua en las decisiones de planificación, tarificación e inversión, y fortalecer las capacidades de gestión y las competencias técnicas de las mujeres, especialmente en las áreas científicas y técnicas de la gobernanza del agua, e incluso ir más allá de las soluciones «baratas» que se basan en el trabajo no remunerado y exacerban las desigualdades. MAP

