Cronica desde TindufFeatured

Unión africana: ¿Qué le queda a Argelia? Khalil R’Guibi

 

  Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

Argelia creía haber “preparado” minuciosamente su ofensiva contra Marruecos con motivo de la Cumbre africana de Adis Abeba mañana y pasado. Su decepción ha sido casi mortal: Poca…muy poca audición le queda aun en el continente y en el mundo. Su “Skech” polisarista como lo calificaban ayer durante el Consejo ejecutivo de la UA, interesa muy poco, signo de una descomposición anunciada desde hace anos, más concretamente desde finales del ano pasado cuando Marruecos pidió y obtuvo su re adhesión a la organización panafricana.
En estos campamentos donde, previamente a la celebración de la Cumbre y del Consejo ejecutivo de la UA se había llevado a cabo una campaña triunfalista, el humor alcanza su punto álgido. “El Polisario ya no sirve para nada”, comentaba alguien recibiendo como réplica “Ni su Argelia”.
Ni la guerra fría y sus vestigios en Cuba y Venezuela y asimismo entre algunas fuerzas políticas españoles en franca decadencia ni la paz caliente por la que Argelia apuesta desde hace lustros prometen una salvavidas al régimen argelino.
Tras la Cumbre africana de mañana, el Polisario debe preparar maletas y repensar otra utopía. La gente no puede esperar eternamente. Todas las promesas argelinas se han incumplido. Falta lo esencial: rendirse a la evidencia, buscar una solución fiable, justa y duradera con Marruecos y poner punto final a este foco de tensión, mal montado por Argelia y peor soñado por la cúpula polisarista.
 
 
 
 
 
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