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« Vela en la obscuridad » Argelia y el tenaz complejo de inferioridad respecto a Marruecos  Por Fouad ARIF-MAP

Mientras el pueblo argelino se pregunta legítimamente sobre su futuro, cansado ​​de la inestabilidad política y socioeconómica que padece desde hace décadas, de la vacancia del poder en la Cumbre del estado, las guerras de posicionamiento a las que se dedican sin cuartel ni concesiones los diferentes centros de influencia en Argel,  el Ministro de Relaciones Exteriores de Argelia, Abdelkader Messahel, ha hecho un desafortunado intento de diversión de esta aterradora realidad profiriendo gravísimas acusaciones contra Marruecos y sus políticas africanas, traicionando así un complejo de inferioridad tenaz que el régimen argelino está experimentando respecto al Reino, su estabilidad política, su historia milenaria y la profundidad de sus vínculos con África.

La quiebra doctrinal del régimen argelino en este contexto marcado por una gran precariedad institucional, se ha traducido en la escena africana, por una flagrante disminución, según el reconocimiento del primer ministro argelino Abdelmalek Sellal que hizo la observación, con motivo del Foro de inversión de África, celebrado en Argel en diciembre pasado, de la indigencia de los intercambios comerciales bilaterales de Argelia con los países de África, en un momento en que Marruecos despliega su proyección de múltiples facetas en el continente sin distinción geográfica.
El despliegue de la estrategia de Marruecos en África, bajo la dirección de Su Majestad el Rey Mohammed VI, ha añadido al nerviosismo del régimen argelino cuyos nombres más importantes ya no tratan de ocultar sus diferencias sobre el debilitamiento de la influencia de Argelia en el continente africano, como lo demuestra la debacle que había sido el foro africano de inversión.
La prensa argelina, en un arranque de lucidez y sobriedad inusual, no dejó de calificar la reunión de « fracaso » y « dañar la imagen de Argelia », después de que el primer ministro eligió salir de la sala tan pronto como termine su discurso, « por el trasfondo de las tensiones entre los miembros del gobierno y el jefe del foro de empresarios ».
Al participar en esta práctica execrable de « noticias falsas » Messahel se encuentra en sí mismo en una situación precaria, ya que la proyección multifacética de África de Marruecos se lleva a cabo bajo su mandato en tanto que jefe de la diplomacia de su país. Él sabe que sus patrocinadores le esperan a la vuelta al formalizar la integración de Marruecos en la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO), como parte de un proceso natural, la culminación de una relación más fructífera entre el Reino y esta agrupación regional africana.
Después del regreso victorioso de Marruecos a la Unión Africana, su familia institucional, el régimen argelino encuentra que su zona de influencia en el continente se está reduciendo, de donde la febrilidad de Messahel en el mismo momento en que Argelia padece los contragolpes de una coyuntura económica y financiera muy severamente impactada por la baja de la renta petrolera que, según el Banco Mundial, continuará la carga de las finanzas del Estado argelino en 2017, con una exacerbación inflación, desempleo y la depreciación del dinar, que ya ha perdido un 20% de su valor.
Los observadores estadounidenses señalan que la caída de los precios del petróleo dista mucho de ser el único daño sufrido por Argelia, explicando que la producción mundial de petróleo y gas ya estaba en declive y que desde 2006, la producción está a media asta, las reservas estancadas y el aumento del consumo interno han reducido el volumen total de las exportaciones de hidrocarburos.
En un análisis titulado « El ejercicio anacrónica arriesgado del régimen argelino », publicado por el Think Tank estadounidense Carnegie Endowment for Peace, Isabelle Werenfels, Directora de la división de Oriente Medio y África en el Instituto Alemán para
Asuntos de Seguridad Internacional, cree que esta peligrosa situación empuja al régimen argelino a un « anacronismo arriesgado ». En este contexto, dice, « cualquier perspectiva de reforma debe descartarse » en el contexto de profundas divisiones dentro de la clase política y los centros de poder en Argelia.
El pueblo argelino está « preocupado por la estabilidad, teme un retorno a la violencia de la década de 1990 », observa, y agrega que los desafíos que enfrenta Argelia van desde « conflictos étnicos a la inestabilidad social, a través de las amenazas a la seguridad (…) y la volatilidad de los mercados internacionales del petróleo, los cuales ponen en riesgo cada vez más la política del gobierno para comprar lealtades para silenciar el malestar social».
The New York Times enfatiza, por su parte, un clima político marcado por la « frustración » y la « frustración » popular en Argelia, con una tasa de desempleo estratosférico que aumenta en más del 30 por ciento.
La bancarrota doctrinal del régimen argelino es parte de la misma doctrina de un sistema que impone una regla de plomo al pueblo argelino, estando íntimamente convencido de que la apertura sería fatal. El anacronismo y la indigencia de su política regional y africana ilustran del estado de un régimen en declive, enredado en sus propias contradicciones.
La vaguedad y la falta de claridad institucional, especialmente con respecto a la sucesión del jefe del Estado, combinadas con la no renovación de la clase política, están resucitando el espectro de una transición entre generaciones políticas peligrosas e incontroladas.
Desde la independencia, el régimen argelino se jactó de haber sido capaz de establecer un complejo petrolero, del cual solo queda el voraz clientelismo injertado en Sonatrach. Sin embargo, el complejo de inferioridad alimentado por el régimen argelino con respecto a Marruecos se ha mantenido tenaz.
La firma estadounidense Stratfor, especializada en inteligencia geopolítica prospectiva y económica, señala en un análisis reciente que « la reestructuración del sector energético amenaza los intereses de las redes clientelistas tejidas en torno a Sonatrach ».
En un momento en que Argel intenta modernizar el sector de la energía, una empresa que tiene que hacer camino tejiendo redes clientelistas, altos funcionarios argelinos se han ocupado de garantizar que las reformas que se implementarán no tendrán ningún impacto en su acceso a las arcas del Estado, dice Stratfor.
« Esta debacle es tanto más embarazosa (para el régimen argelino) que Marruecos se destacó como el campeón de las alianzas público-privadas en proyectos de infraestructura », destaca Stratfor.
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