VIAJE A TÁNGER: Una ciudad de bandera Por: ÁLVARO OCHOA

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Tánger, a 180 kilómetros de Sevilla, es una opción para una escapada de fin de semana.

     El lugar donde Europa y África asisten al encuentro del océano Atlántico y el mar Mediterráneo. Así se podría definir geográficamente a la ciudad marroquí de Tánger. A la puerta norte del continente africano, que mira al mar abriéndose al visitante que llega en ferry o en avión. 35 minutos la separan por agua Tarifa y 55 minutos por aire de Sevilla. Esto convierte a Tánger en un destino cercano, barato y original para pasar unos días o una temporada, como ya hicieran personalidades como Winston Churchill, los Rolling Stone o Truman Capote.
    La llegada por mar a Tánger es un aviso del resto del viaje. Una imponente mezquita da la bienvenida rodeada de muchas y grandes banderas de Marruecos. Un paisaje que se repite por las avenidas de la ciudad dando aún más color a una ciudad que rebosa vida. El Hotel Continental, también cerca de la estación de ferries y fundado en 1865, pone de manifiesto la historia de contrastes que ha vivido la ciudad en el último siglo. El Continental, camuflado en la muralla defensiva de la medina, fue punto de encuentro de máximos mandatarios, espías y artistas durante principios del siglo XX. Bélgica, España, Estados Unidos, Francia, Países Bajos, Portugal, Italia, Reino Unido y la URSS compartían el control de la Zona Internacional de Tánger, como así se denominó a esta zona estratégicamente ubicada hasta 1956.
    La influencia extranjera es manifiesta por toda la ciudad. El francés, el inglés y el español son idiomas dominados por una población que también habla el árabe. No obstante, la medina parecer permanecer intacta. Los arcos en que se han convertido las puertas de su muralla siguen siendo la frontera entre las ancestrales tradiciones árabes y la apertura al mundo que Tánger está viviendo. Baños árabes, fuentes y panaderías públicas siguen funcionando mientras al otro lado de la muralla se erigen lujosos hoteles o el Tanja Marina Bay. Un espectacular puerto deportivo junto a la playa que complementa al proyecto estrella que pretende cambiar Marruecos de norte a sur: el tren de alta velocidad.
    El TGV (tren de alta velocidad en francés) unirá en una hora y media Tánger con Casablanca, la capital del país. Hasta su construcción, este trayecto llegaba casi a cinco horas. 
    Cinco kilómetros al sur del cabo Espartel, Tánger muestra su lado más mitológico en las Cuevas de Hércules. Probablemente el mayor atractivo turístico por la belleza de su vista al mar evocando un mapa del continente africano y por la leyenda que allí se esconde. Hércules habría pernoctado allí antes de llevar a cabo el undécimo trabajo ordenado por el Oráculo de Delfos: robar las manzanas doradas del jardín de Hespérides. Este lugar estaría en Lixus, cerca de la ciudad de Larache. Curiosamente, Hércules también sería, según la leyenda, protagonista indirecto de la fundación de la ciudad. Tánger primero fue Tingis, nombre de la esposa del gigante Anteo, que habría fundado la ciudad varios siglos antes de Cristo. Anteo, hijo de Poseidón, también habría fundado La Coruña, lugar donde Hércules lo habría matado y sepultado en la colina donde su ubica la famosa torre con su nombre.
     Las zonas verdes, claves para entender la vida del marroquí medio, son testigos sosegados del ir y venir de personas. Los parques son zonas de juego, de charla y de descanso. Árboles y mangueras los hacen apetecibles tanto para niños como para mayores. La sombra, al igual que en Andalucía, es un bien cotizado, puesto que Tánger disfruta de casi 3000 horas de sol anuales y una temperatura media que oscila entre los 13 y los 17 grados.
     La visita a Tánger puede ser fugaz, puesto que es lugar de paso hacia un enorme continente, o duradera. La cultura, la gastronomía, la historia y la luz de esta ciudad que el hispanista Mohamed Chakor definió como “la flor de Oriente”, hacen de Tánger un destino cercano y a la vez diferente. Un viaje recomendable.
Una medina que mira al mar
    Tánger es mucho más que una coqueta y animada medina llena de coloridos zocos. Sus playas vírgenes son protagonistas en el día a día de la vida del tangerino o el turista. El cabo Espartel, lugar de batallas navales y donde algunos historiadores sitúan a la mítica isla de la Atlántida, es el mirador natural de la zona con 110 metros de altitud sobre el nivel del mar. Desde allí se divisan los kilómetros de la playa Achakkar, similar a las bellas arenas gaditanas que se encuentran en la ‘acera’ de enfrente.
Fuente: Diario de Sevilla