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“VOLANDO CON MIS FANTASMAS” Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón (Argentina)

Tribuna infomarruecos.ma

Desde edades remotísimas el hombre fabula la existencia de seres, imaginarios, horribles, monstruosos, a los que se les atribuye una existencia real y perversas vinculaciones con la gente. He manifestado y relatado a mis lectores y amigos sobre mi facultad de bilocación. Pero nunca pensaba poder visualizar de manera tan vívida y sostenida las cavernas prehistóricas pintadas de animales inverosímiles que nunca han existido para nosotros.  Muchos interpretaron que son seres desaparecidos en el tiempo o que entre sueños se presentan a la imaginación. He percibido entre nubes olvidadas en una noche vacía a siluetas indiferentes contar historias inquietantes en una noche de invierno. En las paredes como de cavernas titilan como luciérnagas en vuelo los recios leones esculpidos con alas de águila y colas de sierpes. Me voy   alejando sin control sobre mi hilo conductor y observo en otro tiempo en distinto plano a egipcios crear una Esfinge con cuerpo de león y cara de mujer y a Griegos describiendo al centauro mitad hombre y mitad caballo. Entre sombras esparcidas como viento aparece radiante una sirena, mitad pez y mitad mujer de atrayente belleza envuelta en una melodía misteriosa que atrapa a cualquier hombre sin ser devorados. Los monstruos abundan, puedo demostrarlo. Como si el tiempo se corriera entre velos invisibles descubro al Minotauro, cuerpo de hombre con cabeza de toro y al Cancerbero, perro de tres cabezas que guarda la puerta de los infiernos, atrás se mueven inquietas las arpías aves rapaces con cabeza de mujer. La hidra de lerna se alza sobre mi nido mostrándome sus siete cabezas como si se tratara del nacimiento y la muerte, se corta una y nace otra. La monstruosidad existe sin duda y no sólo estriba en las antinaturales combinaciones de seres reales sino también los que por su tamaño descomunal o por su horripilante aspecto se escoden como huyendo hacia un destino eterno. Las imágenes van desapareciendo y mi vuelo sin control se esparce sobre un agitado lago rodeado de serranías escarpadas que se elevan hacia el cielo como suplicando explicación. Una sensación sideral me rodea acercándome a tiempos actuales. Una neblina gruesa y profunda me envuelva a través de una capa delgada que me separa de otra dimensión. Advierto la silueta de un gigante animal nadando en las aguas del lago Ness, pareciera   ser Escocia. Lo miro extasiado y confundido. Me acerco cada vez más hasta casi tocarlo. Un animal fabuloso que se sumerge a profundidades desconocidas para el hombre. Sinceramente, puedo dar fe de su existencia a pesar de encontrarme en un plano distinto, diferente. La duda frente a las potentes quimeras que apasionan al hombre moderno siempre existirá. Como lanzado desde lo alto de un acantilado hacia aguas profundas me sumerjo centellante a través de una espiral que me atrae como un imán a dimensiones extrañas. Observo multitudes de banderas de diferentes razas y distintos pueblos pintadas con los animales sagrados con que se reconocían a las tribus del antiguo Egipto. Las águilas persas y las palomas asirias flamean encadenadas señalándome los colores de las doce tribus de Israel y el monograma de Cristo pintado por Constantino en los emblemas romanos. Son imágenes reales que indican que los leviatanes no son fogones inventados con la eterna fantasía artística del hombre que con las figuras simboliza conceptos que saltaron el subconsciente de este escritor. Hasta Rubén Darío en su colosal inspiración los vislumbró y este pez volador en su transformación enigmática y misteriosa lo puede confirmar.

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