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VOLVER AL PASADO, Elias D. Galati (Argentina)

Reflexiones

 

El  pasado es el tiempo que pasó y las cosas que sucedieron en él.

Forma parte de nuestra existencia, y en gran parte determina el presente, lo actual, en especial en cuanto a las personas, a los pueblos y  a la naturaleza.

El análisis de lo que uno es, señala cual ha sido su pasado, que le ha sucedido, y como se fue constituyendo.

Comprender el pasado, y en especial valorarlo es muy importante en la vida personal y social.

En especial el juicio y la responsabilidad que se asume sobre él, sobre nuestro comportamiento y sobre la actuación y la importancia de nuestra conducta en los resultados y la proyección de las acciones.

Pero hay una tentación existencial, volver al pasado, porque ya lo dijo el poeta “todo tiempo pasado fue mejor”.

Esa tentación es palpable en los tiempos de crisis, tanto personal, como grupal y de los pueblos, y sobre todo cuando no se encuentran las soluciones a los problemas, por ser graves, y porque no tenemos la capacidad o las agallas para resolverlos, o estamos tan comprometidos con ellos, que se enmarañan en nuestra condición.

Este volver al pasado es una irresponsabilidad y una cobardía.

Porque este volver al pasado es desistir del futuro.

Irresponsable, porque se pretende dejar de lado nuestro compromiso existencial con la vida personal y social, de crecer, progresar, mejorar y hacernos cargo de nuestros errores, nuestras falencias y nuestros actos non sanctus.

Cobardía porque involucra desistir de la dignidad humana, que es un continuo devenir hacia el futuro, hacia la perfección y hacia el crecimiento.

En el plano individual la fantasía nos lleva a la infancia, a querer volver a ser niños en un presente idílico, sin responsabilidad, sin ataduras, que nos permita actuar a voluntad e impunemente, porque no se nos culpa ni se nos castiga.

En el plano social, es tratar de volver a un lugar donde me sentía mejor, donde podía cumplir mis deseos, sin preocuparme de mis deberes,  y donde no me alcanzaba la participación del otro, y el deber de ser con los demás como conmigo mismo.

Volver al pasado, es renegar de la dignidad humana.

Pero pretender que la comunidad vuelva al pasado, que los demás deban acompañarnos en este viaje irreal, es perverso y pretencioso, y nos pone en el papel de dioses menores y paganos, a los cuales se debe obedecer.

Sucede algo más, en especial en las comunidades.

A veces ese volver al pasado, no es expreso, no hay una palabra, un mandato, una resolución que nos lleve a él, pero las condiciones que imponemos a la vida social, a la vida de las personas, hacen que muchas circunstancias nos retrotraigan al pasado.

Que se empiecen a notar hechos y conductas, que ya eran perimidas, comportamientos de otras épocas, ya superados, y a los que todos le habíamos puesto un manto final y no estaban en consideración.

Entonces en la sociedad empiezan a aparecer brotes de miseria, propios de otras épocas, circunstancias sanitarias y sociales arcaicas, visiones educativas perimidas y dejadas de lado por ineficaces, discusiones propias de épocas anteriores, como el autoritarismo, la irresponsabilidad, la falta de castigo a las infracciones, la prioridad de los intereses de los poderosos sobre las de la comunidad, y la discusión sobre si en algunos momentos y lugares es pertinente el odio, la violencia, la discriminación y la xenofobia.

Todo esto no como algo explícito y expuesto, sino como consecuencia de conductas y prescripciones que en lugar de tender a mejorar, tienen a permitir los privilegios y las diferencias.

Se va creando en el entramado social un núcleo, que ya no vive con la condición actual, sino que pretende que todos deban volver a una situación que le sea favorable a sus intereses y a su causa.

Entonces la ley puede violarse sin castigo, los privilegios deben comprenderse como condición del mando, y la libertad y el derecho de todos es cuestionado.

Disfrazado con la condición que ha cambiado la sociedad, que hubo un período que debe borrarse y volver atrás y que debe privilegiarse esa concepción por encima de la dignidad, la libertad, el progreso y la vida digna de todos los habitantes, que esconde la codicia, el egoísmo y el autoritarismo, tanto individual como grupal.

¿Qué debemos hacer?

Defender nuestra dignidad, nuestra libertad y la justicia.

Proceder como hombres desde la bondad, la honestidad, la humildad, la igualdad de condiciones y de derechos, y la responsabilidad de los actos de todos y cada uno, sin distinción.

Sólo en ese marco de igualdad y de responsabilidad, seremos libres, veremos progresar a nosotros y a nuestros pueblos, y haremos un mundo mejor.

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