El conflicto entre las generaciones forma parte de la vida que existió siempre, a diferentes grados y niveles en las diferentes sociedades.
Los grandes reprochan a los jóvenes su “irresponsabilidad’ mientras que éstos piensan que sus padres y sus abuelos no son más que anacrónicos y retrogradas.
Lo cierto es que ambas generaciones ve el mundo desde ángulos diferentes y cada una defiende ferozmente su punto de vista lo que provoca la ausencia de comunicación y la falta de respeto.
En esta óptica, cada generación es distinta a la otra y ninguna es santa o infalible sino todas cometen errores por lo que sería aconsejable la apertura de espíritu y una fuerte dosis de compenetración para poder llegar a un compromiso y una convivencia de visiones e ideas en el marco de una cultura de tolerancia y del respeto del prójimo. Dejando la arrogancia de lado y tratar de resolver sus malentendidos de manera que tomen en cuento que las necesidades y las circunstancias de ayer no fueron como las de hoy y no serán como las de mañana.
Si las generaciones lleguen a comprender esto podrían convivir tranquilamente y poner fin a un malestar evitable a través de la paciencia, la modestia, el amor y sobre todo, la comunicación.
Los grandes reprochan a los jóvenes su “irresponsabilidad’ mientras que éstos piensan que sus padres y sus abuelos no son más que anacrónicos y retrogradas.
Lo cierto es que ambas generaciones ve el mundo desde ángulos diferentes y cada una defiende ferozmente su punto de vista lo que provoca la ausencia de comunicación y la falta de respeto.
En esta óptica, cada generación es distinta a la otra y ninguna es santa o infalible sino todas cometen errores por lo que sería aconsejable la apertura de espíritu y una fuerte dosis de compenetración para poder llegar a un compromiso y una convivencia de visiones e ideas en el marco de una cultura de tolerancia y del respeto del prójimo. Dejando la arrogancia de lado y tratar de resolver sus malentendidos de manera que tomen en cuento que las necesidades y las circunstancias de ayer no fueron como las de hoy y no serán como las de mañana.
Si las generaciones lleguen a comprender esto podrían convivir tranquilamente y poner fin a un malestar evitable a través de la paciencia, la modestia, el amor y sobre todo, la comunicación.


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