CARTA A LOS LECTORES “LA MOTITA” – UNA APARICIÓN CRIOLLA- Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

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Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón Escritor y poeta

La noche se presentaba perfecta para asistir al encuentro de siempre. El brillo sin igual de millones de estrellas y el imperturbable cielo azulado eran sus mejores aliados. Una vez más salió en silencio de su humilde hogar y se perdió en la espesura del monte que a esa altura ya se había convertido en su mejor amigo. Llegó al lugar sagrado y esperó el celestial encuentro de siempre. Pasaron unos instantes y el milagro volvió a iluminar la oscuridad del bosque impenetrable trayendo sosiego a su alma. Alucinada, observó la imagen divina por eternos segundos y regresó con urgencia a su pequeña casa. Los enérgicos latidos de su corazón le habían quitado la voz, pero no el poder de asombro. La familia reunida en la mesa la miró (otra vez) con desaire y con ganas de no escucharla justo en el momento en el que recuperó su palabra. La he visto de nuevo, juro que la he visto de nuevo, anunció vivamente, pero ninguno de los comensales quitó su mirada de lo que ofrecían los platos servidos. Un silencio aterrador y la indiferencia colectiva fue la única respuesta. Por enésima vez en su vida, clavó su mirada al piso de tierra y encaró por la precaria puerta de lienzo para no regresar nunca más. Si la niña cansada de que la tomaran por loca por lo que decía y afirmaba, se introdujo en la espesura del monte santiagueño para no volver jamás a su hogar. Pero esa iluminada decisión de la joven Telesfora no pasó inadvertida. Su hermano Juan Cruz, logró convencer a los vecinos y a sus propios parientes de que valía la pena llegar hasta el lugar de las apariciones para comprobar o desechar finalmente, lo que la niña les venía anunciando. Una noche fieles lugareños caminaron hasta el preciso lugar donde  la joven afirmaba que aparecía una imagen divina. Instalados en la zona marcada, junto a un árbol, hicieron vigilia toda la noche. Pasaron algunas horas y el frío comenzó a adormecer las ansiedades. Para mitigar la helada soledad del monte, prendieron una enorme fogata, a la que se abrazaron con fuerza para soportar hasta el amanecer y  precisamente, cuando el sol anunciaba su arribo al cielo santiagueño, el milagro se produjo. En medio de enormes llamas que ardían en todo su esplendor, una imagen celestial enmudeció al monte y a todos sus habitantes. Era la Virgen María, la que tantas veces se le apareció a la niña, a quien nunca le habían dado crédito y habían dejado partir para siempre. Asombrados y sorprendidos por lo que sus ojos captaban, los testigos de aquella divina aparición apagaron las llamas y comenzaron, sin saberlo, a forjar la historia de la VIRGEN DE HUACHANA. ¿Qué vienen a buscar peregrinos? “…Sólo vengo a agradecerle a la Virgencita… Huachana es una fiesta que se hace gracias a la generosidad de los que conocen a la Virgen y se enamoran de ella. Nuestras flores son un regalo que en estos montes Santiagueños son difíciles de encontrar. “Se quemaron las ramas del churqui, pero la imagen de la Inmaculada Concepción que sólo la Telesfora veía se materializó en madera que pudieron ver todos, hasta los más incrédulos. El churqui al arder le quemó a la Virgen un dedo. Por eso le dicen la motita”

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