Ganador-ganador: El rey Mohammed VI y el presidente chino coinciden en su llamado a un nuevo orden mundial
Por el Dr. Abdallah Boussouf
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El mundo actual ya no necesita más retórica bélica ni la lógica de los conflictos de suma cero, sino el desarrollo de una nueva visión que establezca relaciones internacionales más justas y equilibradas. Las últimas décadas han demostrado que la lógica del poder y la dominación solo ha perpetuado profundos desequilibrios, ya sea mediante guerras devastadoras o mediante formas de dependencia económica y política que han sumido a muchos países del Sur Global en un círculo vicioso de debilidad. En este contexto, han surgido voces influyentes que abogan por la ruptura del modelo de « ganar-ganar » que ha regido las relaciones internacionales durante décadas y por un modelo alternativo basado en el principio de « ganar-ganar ».
En su discurso final, de apenas ocho minutos de duración, el presidente chino enfatizó que el orden internacional actual atraviesa una verdadera crisis debido a la lógica del conflicto y la hegemonía, y abogó por la construcción de un nuevo orden global basado en el interés mutuo y el desarrollo compartido. Esta propuesta no surgió de la nada. Más bien, refleja la consciencia de una superpotencia como China de que la estabilidad global solo se logrará si todos se sienten beneficiarios, no meros peones en el juego de los grandes equilibrios de poder.
Sin embargo, esta idea no surgió de la nada. Su Majestad el Rey Mohammed VI fue el primero en proponerla a principios del tercer milenio, al sentar las bases de una visión estratégica para las relaciones de Marruecos con África. En sus numerosos discursos, Su Majestad enfatizó que el continente africano no necesita retórica tutelar ni compasión, sino alianzas prácticas que generen proyectos tangibles y logren un desarrollo humano sostenible. El Rey ha enfatizado repetidamente que la cooperación entre África y África debe basarse en la igualdad y el respeto mutuo, lejos de la lógica de la explotación y las imposiciones. Esto se ha plasmado en las importantes iniciativas y proyectos lanzados por Marruecos en el continente. Desde el proyecto del gasoducto Nigeria-Marruecos hasta las inversiones bancarias y comerciales, pasando por los proyectos de energía renovable, y las iniciativas sanitarias que Marruecos inició durante la pandemia de COVID-19 con el envío de medicamentos y vacunas a varios países africanos, el principio de « ganar-ganar » se ha convertido en una realidad, convirtiéndose en una práctica en lugar de un eslogan político. Esto ha reforzado la imagen de Marruecos como un país emergente en África, capaz de tender puentes de cooperación Sur-Sur con un espíritu de solidaridad e integración, en lugar de dependencia y división.
Si bien el discurso del presidente chino se centró en la necesidad de superar el juego de suma cero en las relaciones internacionales, el reciente mensaje real dirigido por Su Majestad el Rey Mohammed VI a los participantes en la sesión actual del Instituto de Derecho Internacional, celebrada en Rabat el pasado agosto, añadió una importante dimensión a este debate global. Su Majestad hizo un llamamiento al establecimiento de un nuevo orden mundial que respete el derecho internacional y rompa con la lógica de la fuerza y la política de hechos consumados. Enfatizó que el respeto a la legitimidad internacional no es simplemente una obligación legal, sino una garantía fundamental para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. Este mensaje reafirmó que el llamado a un enfoque de beneficio mutuo no se limita a sus dimensiones económicas o de desarrollo, sino que también abarca sus dimensiones jurídicas y morales, dado que un orden internacional justo solo puede basarse en fundamentos jurídicos claros y vinculantes para todos.
La convergencia entre la visión de una superpotencia como China y la de un país en ascenso como Marruecos refleja un profundo cambio en el pensamiento geopolítico contemporáneo. China, una potencia emergente a punto de alcanzar el liderazgo mundial, entiende que sus intereses solo se sustentarán mediante la construcción de un equilibrio justo que beneficie a todas las partes. Marruecos, un país en ascenso en África, entiende que su futuro está ligado al fortalecimiento de la integración regional y a la participación en alianzas justas con sus socios africanos y globales. Esta convergencia entre el Lejano Oriente y el Magreb revela un hilo conductor que une ambas visiones: rechazar la lógica de la explotación y la hegemonía, y ofrecer una alternativa basada en la equidad y la justicia.
El pensamiento occidental en materia de relaciones internacionales ha basado tradicionalmente sus teorías en la lógica del poder, ya sea en el realismo clásico, que consideraba que el interés era el fin que justificaba los medios, o en el liberalismo, que vinculaba la cooperación a las ganancias políticas de las grandes élites. Hoy en día, el principio de « ganar-ganar » sienta las bases de lo que podría llamarse un « nuevo realismo », pero humano y moral, que trasciende la lógica de la Guerra Fría y las guerras coloniales. Mide la fuerza de los Estados por su capacidad para construir alianzas justas y sostenibles, no por su capacidad para imponer hegemonía o control.
Desde esta perspectiva, puede decirse que el rey Mohammed VI fue pionero en cristalizar este concepto desde el continente africano, convirtiendo la cooperación Sur-Sur en una piedra angular de la política exterior marroquí. Cuando China adoptó este enfoque a nivel mundial, parecía que asistíamos a una amplia transformación geopolítica que reconfiguraba las relaciones internacionales sobre bases más justas y equitativas. Asistimos a un momento crucial que podría marcar el inicio de una revolución silenciosa en el pensamiento político global, una que restablezca el respeto por el derecho internacional y sitúe a los seres humanos en el centro de las relaciones entre los Estados.
Quizás la historia recuerde que este llamamiento conjunto, de Rabat a Pekín, marcó el comienzo de una nueva era en las relaciones internacionales, donde el juego de « ganar-perder » ya no es aceptable. En cambio, se ha vuelto imperativo la transición a un modelo de « ganar-ganar » que logre un desarrollo compartido, promueva intereses mutuos y respete el derecho internacional. Se trata de una visión estratégica que mira hacia el futuro y devuelve a las relaciones internacionales su dimensión humanitaria y moral en un momento en que el mundo más necesita equidad mutua y justicia integral.
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