Inefable es aquello que no se puede explicar con palabras.
Viene del término fablar del castellano antiguo, entendiendo que no hay palabras que puedan dar el significado de aquello que sucede, que se siente, que se acciona.
En nuestra vida cotidiana existen circunstancias que hacen que fuera imposible ponerlas en palabras, que no alcanza el símbolo lingüístico para entender verdaderamente aquello que se quiere expresar.
Se aplica a una experiencia o a la cualidad de una experiencia que no puede expresarse en palabras.
Puede entenderse también como un éxtasis místico.
La comprensión en el yo interior, el sentir que provoca el hecho, la emoción que se produce, el sentimiento que desata, no tiene forma de correlación con palabra alguna.
La manera esencial de llegar a lo inefable, es el amor.
El amor es un sentimiento esencial para todos los seres, se sabe lo que significa, las relaciones que provoca, el sentido existencial del mismo, pero la expresión de esa idea, en la concreción de sentimientos y acciones amorosas es imposible de expresarla.
El amor se siente, el amor se vive, el amor se derrama, el amor fluye entre los seres, sobre la tierra, embelleciendo, haciendo mejor y bondadosa la vida, dando felicidad a los seres.
Pero que es el amor, como lo expreso con signos lingüísticos, es tarea difícil e imposible.
Platón en uno de sus diálogos cuenta que Sócrates preguntaba sobre el amor, y entre sus oyentes se encontraba Pausanias, rey de Lacedemonia, quien le dijo, no te puedo decir que es el amor, no sé lo que es, pero te puedo decir lo que hace un amante: el amante de un alma bella, permanece fiel toda la vida porque ama lo que es verdadero.
Los diálogo platónicos son poéticos, y los símbolos que usa para contener el pensamiento de Pausanias son poesía.
Es poesía que aproxima, nos acerca a la verdad de lo inefable, que nos da un atisbo que permite empezar a comprender el sentir, el valor de aquello que se expresa.
Por supuesto que se podrá teorizar, dar nociones sobre el amor, pero poner en palabras el sentimiento, el accionar real de las relaciones amorosas, de los actos de amor, es sólo tarea y virtud del poeta.
Es la poesía la que encarna con esa palabra especial, virtuosa el verdadero significa de lo que es.
Existen otros sentimientos, otros hechos y acciones que tampoco se pueden expresar con palabras.
El tiempo; como expresar el tiempo.
Dice San Agustin, se lo que es el tiempo, pero si me lo preguntas, no te lo puede explicar. Ay de mí que ni siquiera sé lo que no sé.
Maria Elena Walsh lo puso en poesía: “quiero tiempo, pero tiempo no aburrido, tiempo de jugar que es el mejor”.
Cuando enseñaba Historia Contemporánea, al tocar la Guerra Civil Española, me era difícil hacer entender la crueldad, la violencia irracional e inhumana de la entrada de la Guardia Civil a Jerez de la Frontera.
No había como expresarla.
Recurrí entonces al Romance de la Guardia Civil Española de García Lorca.
“Los caballos negros son
las herraduras son negras,
sobre las capas relucen
manchas de tinta y de cera,
tienen por eso no lloran
de plomo las calaveras
con el alma de charol
vienen por la carretera.”
El ejercicio consistía en pensar como sería tener el alma de charol.
El poeta nos había dado la pauta para entender el significado con el signo lingüístico de la palabra poética.
Sólo la palabra enraizada en el verbo inspirado, sólo la palabra recreada y enriquecida con la inspiración de los dioses, que produce la maravillosa expresión, la belleza sublime del poema, nos permite acceder a lo inefable, entender lo inentendible, expresar lo que no se puede expresar, vivir la belleza, la virtud, la bonanza de una palabra buena, amable, pacífica, reveladora que nos acerca al infinito.
La palabra poética devela el símbolo.
La palabra poética abre la puerta hacia lo sobrenatural.
La palabra poética nos acerca al paraíso, es nuestra parusía anticipada, nos da la felicidad de creer, de amar, de vivir solidariamente en la felicidad común.

