Reflexiones poéticas  Por Iliass Ben Abdennour

Reflexiones

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Iliass Ben Abdennour Escritor/Analista
Highlights
  • La poesía exige mucho más que rimas y nace de la precisión, la emoción, el ritmo interior y la responsabilidad ante las palabras.
No todo lo que rima es poesía, del mismo modo que no todo lo que se publica merece necesariamente ser llamado poema. La poesía no consiste en perseguir una rima a cualquier precio, ni en colocar una serie de palabras juntas porque simplemente pertenecen al mismo campo semántico.
Hay rimas que, lejos de perfeccionar un verso, lo empobrecen y pueden producir un efecto cómico e incluso pueden arrancar una sonrisa, pero la poesía exige algo más que la coincidencia sonora: exige responsabilidad, precisión y un ritmo interior peculiar y armonioso.
Recuerdo haber leído o escuchado alguna vez una comparación que algunos celebraron: « Estás pegada a mí como un chicle ». No es la imagen en sí lo que me ha preocupado, sino la facilidad con la que a veces confundimos disparate con poesía, ingenio con ingenuidad y belleza con descaro. La metáfora no debería existir únicamente para llamar la atención, debe acariciar el alma, sugerir una emoción y revelar algo que permanecía oculto.
Escribir poesía implica, de algún modo, asumir una responsabilidad ante las palabras. No basta con escribir lo primero que nos viene a la cabeza y convertirlo inmediatamente en verso. Antes de publicar, convendría escuchar el poema, cuestionarlo, quitarle lo innecesario y preguntarnos si realmente tiene algo que transmitir. La poesía también necesita silencio, sosiego y revisión. A veces, escribir consiste precisamente en saber qué palabras debemos descartar.
Vivimos en una época en la que cualquiera puede escribir y publicar con una facilidad nunca vista. Esa democratización de la palabra es, sin duda, una posibilidad extraordinaria; pero también nos obliga a distinguir entre la abundancia de textos y la verdadera esencia de la poesía.
La poesía no debería medirse por la cantidad de versos escritos, sino por aquello que permanece en nosotros cuando ya finalizamos la lectura del verso.
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