La mujer que Tú me diste, me tentó (Adán en el paraíso)
Hay mecanismos psicológicos que usa el hombre para poder sobrellevar as contingencias de la vida, que surgen en el arcano de los tiempos.
La negación y la transferencia son los principales, “yo no fúi y la culpa la tuvo el otro” están en todas las disculpas y las respuestas del ser.
Transferir significa pasar o llevar una cosa de un lugar a otro, figuradamente se usa también para señalar el pase de una situación, responsabilidad o circunstancia a otro u otros.
En este último sentido, la respuesta de Adán al ser preguntado si comió del fruto prohibido, fue una transferencia, lo comió porque la mujer que Dios le había dado lo tentó..
Es una exculpación, es descartar, deshacerse de la responsabilidad o de la culpa, si no hubiera sido por ello no habría sucedido.
En el psicoanálisis la transferencia es el desarrollo de una actitud afectiva por parte del paciente hacia el psicoanalista en forma positiva o negativa.
Psicológicamente transferir significa poner en el otro la responsabilidad, la culpa de hechos o circunstancias que hemos realizado o de acciones propias.
La culpa es la condición acerca de la responsabilidad de un individuo, formulado por otro o por el grupo social.
El sentimiento de culpabilidad es el estado emotivo en que se halla el individuo dominado por la creencia o seguridad que ha infringido alguna norma social, algun principio ético o alguna prescripción legal.
Este sentimiento es una carga demasiada pasada para la persona, y la misma trata de evitarla pensando que no ha obrado mal o que fue forzado por circunstancias externas o por otro, lo que hace que transfiera la responsabilidad y se exculpe.
La transferencia se basa en la convicción que el otro tiene algo que ver en todo lo que me pasa.
Lleva la marca de la culpa y es una protección del ego, herido profundamente por el sentimiento culposo.
Es una proyección o inversión de la culpa y daña profundamente cualquier vínculo o comunicación humana,
Transferir es abdicar, es entregarse, es desistir de la condición personal y de la responsabilidad que nos cabe como persona humana.
Nuestra dignidad de hombres, de donde surge nuestra libertad, nos hace responsables de nuestros actos.
Ese es el principio vital que nos lleva a los valores, a la bondad, al amor.
Cada ser tiene un rol, tiene un destino, señalado, creado armoniosamente en el contexto social y familiar, en la propia conciencia.
Ese destino nos señala la trascendencia, el fluir hacia el infinito, la comprensión que estamos destinados a ser únicos, inigualables, personales y auténticos.
No podemos transferir nuestra vida y nuestra responsabilidad como si fuera un objeto que hoy está aquí y mañana allá.
Es nuestra vida, en realidad somos nosotros mismos, es nuestro ser encarnado en esta madeja de hechos, circunstancias y actitudes que nos conforman y nos acompañan durante nuestra historia.
No hay forma digna de despegarse de la responsabilidad.
No hay vida digna sin aceptar quienes somos, que hacemos, como nos comportamos y como actuamos.
Hay una obligación personal y social que cumplir, y debemos cumplirla, siempre, sin condiciones.
Pero sobre todo la vida es un acto de amor, y debemos vivir amando.
No hay por ello nada más opuesto al amor, que dejar de lado nuestra responsabilidad, que transferir nuestros hechos y actos y ponerlos en cabeza de los otros.
Si debemos compartirlos, vivirlos en conjunto, desde nuestro ser hacia los demás pero con nuestra impronta.
Con el sello indeleble que son nuestros, que es nuestra forma de ser, de pensar y de actuar.
Vivamos en el amor con la responsabilidad de ser quienes somos auténtica y verazmente.

