ASSAMAKA, Níger – Desde este puesto fronterizo aislado en las profundidades de las arenas del Sahara, los migrantes expulsados pueden ser vistos por centenares en el horizonte. Se ven como motas en la distancia, caminando penosamente por algunos de los terrenos más implacables del mundo bajo el sol abrasador.
Ellos son los que salieron vivos.


