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Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… excluyente, selectiva y casi exclusivamente con una Ínfima parte de los saharauis. Mi amigo M. es un hombre de muy pocas palabras. “¿Qué puedo decir en estos pintorescos campamentos? Y cuando se insiste para que diga algo responde espontáneamente “Llevo 43 años sin comprender nada. Mejor no hablar de lo que no se comprende”.Como M, alias Ould M’Birik la abrumadora mayoría de esta reprimida población piensa lo mismo.Y es que, como me dijo, no sin advertirme que lo había pensado “mil veces de mil maneras”:“Creo, Khalil, que cuando Naciones Unidas decidan llevar a cabo una investigación de cómo ha llegado esta población a estos campamentos en tan inhóspito desierto argelino, solucionaremos este problema y apagaremos los falsos ímpetus argelinos de un referéndum de autodeterminación”.Me explicó con lagrimas en los ojos como, él y su esposa, entonces aun sin hijos habían sido capturados por comandos del Polisario ayudados por la autoridad colonial española y llevados en condiciones infrahumanas a Tindouf.“Ahora, como el resto de mis hermanos y hermanas secuestradas y traídas a estos campamentos por fuerza nunca lo arrepentiríamos lo suficiente”.“Marruecos, según él, debe exigir esta investigación para que el mundo sepa que nadie en estos campamento está por su voluntad”.Seca sus ojos antes de revelar con la murada fija en el horizonte: “Mis tres hijos no los vi desde hace 11 años. Están en Cuba. El otro día me anunciaron la muerte de Mahduf, el menor en un conflicto africano que no tiene nada que ver con nuestra ‘causa’”.No quiere seguir… “prefiero el silencio”.El silencio de M… el silencio de la población de estos tristes campamentos en el que los jóvenes mueren por causas ajenas.
Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… excluyente, selectiva y casi exclusivamente con una Ínfima parte de los saharauis.
Mi amigo M. es un hombre de muy pocas palabras. “¿Qué puedo decir en estos pintorescos campamentos? Y cuando se insiste para que diga algo responde espontáneamente “Llevo 43 años sin comprender nada. Mejor no hablar de lo que no se comprende”.
Como M, alias Ould M’Birik la abrumadora mayoría de esta reprimida población piensa lo mismo.
Y es que, como me dijo, no sin advertirme que lo había pensado “mil veces de mil maneras”:
“Creo, Khalil, que cuando Naciones Unidas decidan llevar a cabo una investigación de cómo ha llegado esta población a estos campamentos en tan inhóspito desierto argelino, solucionaremos este problema y apagaremos los falsos ímpetus argelinos de un referéndum de autodeterminación”.
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Me explicó con lagrimas en los ojos como, él y su esposa, entonces aun sin hijos habían sido capturados por comandos del Polisario ayudados por la autoridad colonial española y llevados en condiciones infrahumanas a Tindouf.
“Ahora, como el resto de mis hermanos y hermanas secuestradas y traídas a estos campamentos por fuerza nunca lo arrepentiríamos lo suficiente”.
“Marruecos, según él, debe exigir esta investigación para que el mundo sepa que nadie en estos campamento está por su voluntad”.
Seca sus ojos antes de revelar con la murada fija en el horizonte: “Mis tres hijos no los vi desde hace 11 años. Están en Cuba. El otro día me anunciaron la muerte de Mahduf, el menor en un conflicto africano que no tiene nada que ver con nuestra ‘causa’”.
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No quiere seguir… “prefiero el silencio”.


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