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CPLATAM La voracidad argelina por el Sahara occidental marroquí Por Jamal Mechbal*

Houari Boumediene, presidente de Argelia y Hassan II, Rey de Marruecos. Fotografía de H24info en ” Quand Boumediene a tenté de faire assassiner Hassan II “

En días pasados analicé, en un primer artículo, cuál es la contraparte efectiva en el conflicto del Sahara occidental marroquí, a partir de la documentación y las declaraciones suministradas por las autoridades españolas que estuvieron vinculadas a lo que en su momento se denominó Sahara español. Los responsables y protagonistas españoles de la cuestión dejaron constancia ante el Congreso de los diputados, tanto de la actuación como de la implicación de Argelia en el tema del Sahara, desvirtuando el discurso que sostiene el régimen argelino hasta hoy y en el que pretende mostrarse desde una dimensión filantrópica evitando asumir de forma directa su motivación central en este asunto.

Marruecos recuperó la totalidad de sus territorios ocupados por España en un proceso con no pocas resistencias por parte de las autoridades españolas. El régimen franquista fue haciendo las devoluciones de manera gradual (Tarfaya en 1958, Ifni en 1969 y el Sahara en 1975), hasta que finalmente salió del Sahara a través de los acuerdos de Madrid. Entonces, fue Argelia quien se erigió como el actor central en la contienda territorial, aunque el régimen argelino mueve sus hilos de manera velada y encubierta, la evidencia demuestra que el Frente Polisario ha tenido un carácter instrumental y ha sido el medio para la finalidad argelina que busca hacerse con el Sahara marroquí. Por lo anterior, el accionar argelino ha sido determinante para mantener el conflicto. 
Nótese que las primeras columnas del ejército marroquí que llegaron al Sahara fueron recibidas, a la entrada de El Aaiún, por el General Salazar, según sus propias declaraciones al Congreso de España. Cuando se produjo el traspaso de poderes de España a Marruecos y el ejército marroquí se desplegó en el territorio se encontró con el ejército argelino que prestaba ayuda a elementos del Polisario para tomar posiciones en el territorio, con la intención de ocupar el Sahara marroquí y obligando, en muchos casos, al desplazamiento forzado de una parte de la población del Sahara hacia Tinduf, territorio argelino -cedido por Argelia- para albergar a la guerrilla del Frente Polisario.
El 25 de octubre de 1975, participantes de la Marcha Verde salen del campamento de Aït Melloul
Las batallas de Amgala (1 y 2)
En ese contexto, el primer enfrentamiento armado entre los ejércitos de Marruecos y de Argelia no tardó en producirse. Acaeció entre el 27 y el 29 de enero 1976 en el Oasis de Amgala, territorio del ex Sahara español ubicado a 260 kilómetros de la frontera argelina donde el ejército marroquí interceptó una columna de 400 soldados argelinos y mantuvo una batalla que duró 36 horas y se saldó con un elevado número de soldados muertos y 106 argelinos hechos prisioneros.
La excusa y justificación ofrecida por Argelia -para que su ejército se encontrase fuera de sus fronteras- fue el suministro de medicamentos y de ayuda humanitaria a la población. No obstante, Marruecos afirmó que eran fuerzas muy bien armadas que estaban brindado ayuda al Polisario. Fuentes marroquíes observaron que la presencia argelina tenía una doble misión: apoyar al Polisario y obligar, a punta de fusil, al desplazamiento forzado de los habitantes del Sahara hacia los campamentos de Tinduf para engrosar las filas de la población que presentan como refugiada, sin ningún documento, en más de cuatro décadas, que avale dicho estatus. Transcurridos 15 días de ese primer enfrentamiento, el 14 de febrero, nuevamente en la localidad de Amgala, tuvo lugar un nuevo enfrentamiento entre las fuerzas armadas marroquíes y el ejército argelino, aun cuando la Constitución argelina prohíbe acciones militares de su ejército fuera de su territorio.
Marruecos debía defender sus fronteras de las pretensiones expansionistas de Argelia en un momento de gran inestabilidad interna. No olvidemos que el 10 de julio de 1971, tuvo lugar un intento de golpe de Estado militar; un año más tarde, el 16 de agosto de 1972, se repetía otro intento de golpe militar que trató de derribar el avión donde viajaba el Rey Hasan II; y, siete meses después, el 3 de marzo de 1973, un grupo armado que se infiltró desde Argelia y se dirigió a las montañas del Atlas empezó una lucha armada. Días después, curiosamente, el 10 de marzo de 1973, nació el movimiento de liberación del Sahara.
Era evidente la conflictividad interna en Marruecos cuando España sorprendió con el anunció de que pretendía llevar a cabo un referéndum para la autodeterminación de la población del Sahara, excluyendo la opción de la reintegración del territorio y de la población en Marruecos. De avanzar la apuesta española, la reivindicación marroquí de recuperar su Sahara se habría desvanecido para siempre, además de los riesgos que entrañaba la emergencia de un pseudo Estado que la España franquista y colonialista anhelaba controlar y teledirigir.
Argelia, consciente de la inviabilidad del proyecto, persistió en su codicia sobre el territorio. Tenía un momento propicio para avanzar en su proyecto de expansión ante un reino marroquí debilitado y un régimen franquista que contaba sus últimos días, mientras que Argelia estaba en auge y tenía ingentes ingresos y excedentes del petróleo, además de haberse convertido en el líder populista y vocero del Tercer Mundo, vio la ocasión de disponer de una organización fácil de penetrar y de manipular, integrada por jóvenes nativos del Sahara, inmersos en el sueño de la revolución. Si Argelia no avanzaba en su apoyo y cooptación de la naciente guerrilla quedarían, exclusivamente, en manos del líder dictador Muamar el Gadafi. Ese fue el momento del ahora o nunca para Argelia, quien añadió a sus “revoluciones” (“revolución agraria”, “revolución industrial” y “revolución cultural”) en marcha, una nueva revolución: la “revolución saharaui”. Houari Boumédiène, presidente argelino, soñaba con convertir a Argelia en el Japón del Mediterráneo y disponer -como lo hacían Marruecos, España y Francia- de dos fachadas marítimas, una sobre el Mediterráneo y la otra sobre el océano Atlántico.
El escenario era adverso para Marruecos, ciudadanos y autoridades eran conscientes de los desafíos, Hassan II tenía que moverse con rapidez para retrasar o cambiar el rumbo del proyecto que el régimen franquista se disponía a llevar a cabo. Y lo logró. Solicitó a la Asamblea General de la ONU, paralizar el referéndum hasta que la Corte Internacional de Justicia, el principal órgano judicial de las Naciones Unidas establecida en La Haya en 1945, hiciera su dictamen consultivo sobre el estatus del Sahara. Esa fue, en su momento, una actuación ingeniosa para ganar tiempo y reaccionar con mayor contundencia en los meses siguientes. Efectivamente, en este periodo, Hassan II gestionó con absoluta discreción el plan y la logística necesarias para entrar pacíficamente al Sahara y reintegrar al Reino la totalidad de sus territorios.
Por orden de Hassan II, Ahmed Osman, primer ministro y cuñado del monarca, está a cargo de guiar a las tropas durante la Marcha Verde
El Rey Hassan II organizó una movilización social en la que 350 mil ciudadanos, civiles desarmados, atravesaron las fronteras coloniales. Una maniobra de alto riesgo si se considera que 350 mil era la cantidad de nacimientos que se producían en Marruecos en un año. De estos 350 mil ciudadanos marroquíes movilizados por la recuperación de su Sahara cabía la posibilidad de que unos 35 mil perdiesen la vida para que Marruecos recuperase su territorio, en caso de que el ejército español hubiese respondido disparando a la gente desarmada. Un riesgo que aceptó el pueblo marroquí y, especialmente, los ciudadanos que decidieron movilizarse. Pero el riesgo no solo fue para los marroquíes que marcharon hacia el sur, también lo aceptó Hassan II, quien era consciente del precio que pagaría la Corona, en caso de algún fallo en la Marcha Verde.

 

Ciudadanos marroquíes durante la Marcha Verde en la frontera española del Sahara
España estaba en jaque. Si el ejército español se hubiese atrevido a disparar contra una población civil y desarmada habría cometido un genocidio, con la consecuente repulsa internacional y la guerra con Marruecos en un momento en que Franco agonizaba y se preparaba la transición hacia un sistema monárquico y democrático. Por tanto, la prioridad para España era sacar a su ejército del Sahara y evitar una guerra colonial indeseada e inoportuna. La salida del Sahara era la única solución posible para una España deseosa de asumir y enfrentar sus propios desafíos internos. La retrocesión del territorio del Sahara mediante un acuerdo y por la vía pacífica (movilización social) y diplomática (en Naciones Unidas y en negociación bilateral con España) también era la única salida para un Marruecos persistente en recuperar su Sahara (el sur de Marruecos era determinante para asegurar su existencia, su continuidad territorial con África y su futuro africano). En caso contrario, el Reino de Marruecos se habría visto cercado y asfixiado por Argelia mediante un apéndice, un Estado ficticio.
En este sentido resulta pertinente mencionar al ministro Adolfo Martín-Gamero, que en su calidad de ex Embajador de España en Marruecos declaró sobre la descolonización del Sahara el 14 de marzo de 1978, ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados, sintetizando la dramática cuestión del Sahara (los subrayados son míos):
los Acuerdos de Madrid fueron la inevitable consecuencia de un largo pasado de incomprensiones, de una política de  testarudez  y ciega ante la evidencia […] Políticamente consiguieron lo único posible dentro de lo necesario […] Al firmar los Acuerdos de Madrid, España ciertamente contradijo su postura anterior en favor de la autodeterminación; pero en realidad lo que hizo fue que se desvaneciera el sueño de un Estado saharaui, para mí, invento de un período hoy superado […] Aquel proyecto de un Estado saharaui independiente sólo se justificaba como forma de ir tirando sin marcharse del Sahara[…] Y si hubiese llegado a tener que materializarse [la autodeterminación] lo hubiera sido, como vasallo de España para cubrir intereses de todo tipo, lo que hubiera tenido un sentido, aunque encubriese una forma de neocolonialismo (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Sesión del día 14 de marzo de 1978. Número 31. 1978).
Gamero afirmó que en la misma “idea de la autodeterminación había un intento de imponer conceptos jurídico político occidentales y modernos, en mi opinión, sobre un área culturalmente ajena a los mismos. «Frontera», «Estado nacional», «soberanía», «territorio exclusivamente soberano», etc., son conceptos extraños a unas poblaciones nómadas que no han superado el estado tribal, que desconocen la idea de frontera, que viven a caballo de diferentes Estados vecinos” (Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Sesión del día 14 de marzo de 1978. Número 31. 1978).
Respecto a ese último punto, puso como ejemplo la tribu de los erguibat, resaltando con razón, que esta tribu acampa en cinco Estados diferentes. Y, yo añado que, lo mismo puede decirse en relación con las tribus de Laroussien, Oulad Dlim, etc. Esta realidad es una de las razones, sino la principal, que convenció a las Naciones Unidas de que el referéndum contemplado en el Plan de arreglo es inaplicable. Desde entonces, la idea del referéndum se ha ido abandonando paulatinamente en favor de una solución negociada.

El 12 de noviembre de 1975, un voluntario marroquí blandió la bandera del Reino en la frontera española del Sahara. El territorio pasará a administración marroquí dos días después.
Marruecos frente al desafío bélico y de desarrollo en el Sahara
Marruecos asumió que llevar el Estado a la región del Sahara implicaba ingentes inversiones, como puede constatarse actualmente. El Reino de Marruecos asumió el costo elevado de desarrollar y de modernizar ese territorio, de integrarlo en el tejido económico y social, de garantizar el suministro de agua, electricidad, infraestructuras, de manera paralela al desarrollo y progreso de las otras regiones que integran el territorio nacional. Pero, como se ha descrito en párrafos anteriores, no tuvo el camino libre y debió hacer frente a una guerra asimétrica, injusta y cruel impuesta por sus hermanos magrebíes, ricos en gas y en petróleo. Ellos podían permitirse agenciar experimentos revolucionarios para desestabilizar a Marruecos. La Argelia de Boumédiène y la Libia de Gadafi estuvieron financiando al Polisario y dotándolo generosamente de armamento, carros de combate, tanques, cañones y sofisticados mísiles de fabricación rusa (SAM6 y SAM7), que las fuerzas militares marroquíes no poseían en ese entonces.
La bonanza de recursos, no obstante, no libró a Argelia de sus flagrantes contradicciones. Junto al Polisario reclamaban la autodeterminación de la población del Sahara y, paralelamente, proclamaron el nacimiento en territorio argelino de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), con la idea de imponerla, ya no mediante referéndum, sino a través de la lucha armada y la violencia revolucionaria. Contaron con el apoyo de varios jefes de Estado del continente africano y de manipulaciones dentro de la misma Organización para la Unidad Africana (OUA), donde los gobernantes africanos, dicho sea de paso, llegaron al poder a bordo de los tanques, no de las urnas, muchos de estos altos funcionarios han acumulado un notable historial de corrupción, desangrando a sus pueblos y apropiándose de la riqueza de sus países.
Cuando Hassan II propuso la celebración de un referéndum en el Sahara, el 26 de junio de 1981, en Nairobi, ante los jefes de Estado y los gobiernos africanos reunidos en la Cumbre de la OUA, el Polisario rechazó esa propuesta bajo el pretexto de que ese era un trámite superado tras la proclamación de la RASD, reconocida en ese momento por varios países, por tanto, el Polisario le exigía a Marruecos que reconociera la RASD y negociara la entrega del territorio del Sahara. En el diario El País, del 27 de junio de 1981, su corresponsal en Argel, Manuel Ostos, escribió: “La tesis de un referéndum sobre la autodeterminación del pueblo saharaui, considerada por el Polisario como un tema rebasado por la existencia de una RASD reconocida por veintiséis países africanos”.
Argel movilizó su diplomacia y sus recursos financieros para hacer posible la entrada de la RASD en la OUA, a pesar de que no reunía las condiciones de un Estado (disponer de territorio, pueblo y ejercicio de soberanía). Con ese accionar desvirtuaron la autodeterminación, predeterminada desde Argel, como se había tratado de hacer con España, según la declaración de Cortina Mauri ante el Congreso español.
Así pues, el Polisario, apoyado por los regímenes de partido único de los dictadores de Argelia y Libia, siguió la ruta de la violencia revolucionaria y de la lucha armada, incluyó en sus acciones terroristas el secuestro de civiles, las operaciones de piratería y los actos terroristas contra embarcaciones, la toma de rehenes y sus posteriores asesinatos. Las víctimas fueron ciudadanos de países europeos, ajenos al conflicto territorial sobre el Sahara, principalmente de nacionalidad francesa y española.
Francia respondió desde el primer momento con firmeza y responsabilizó a Argelia. Su aviación empezó a bombardear a las columnas del Polisario en suelo mauritano. España, fue chantajeada en diferentes ocasiones y se vio atacada mediante actos de piratería contra sus barcos de pesca y otras acciones terroristas contra sus pescadores (asesinatos a sangre fría y secuestros de la tripulación que eran llevados como rehenes al territorio argelino). El partido de gobierno en España, en ese entonces, Unión de Centro Democrático (UCD) se vio obligado a ceder reconociendo a la organización político-militar Frente Polisario. La Asociación Canaria de Víctimas del Terrorismo (Acavite), cuenta entre las víctimas del Polisario a unas trescientas familias españolas que reclaman justicia. Las autoridades españolas condecoraron, de manera póstuma, a algunos de los caídos como víctimas del terrorismo del Frente Polisario. Los crímenes permanecen en la impunidad y sus responsables siguen en libertad.
Marruecos enfrentó al Polisario política y militarmente. Solo unos meses después de que la oferta de Nairobi fuese rechazada por el Polisario, Hasan II viajó a Washington, el 20 de mayo de 1982, logrando un importante acuerdo militar que le permitió al ejército marroquí ser más operativo ante las amenazas que enfrentaba. Al año siguiente, en junio de 1983 y luego de retrasar las elecciones en Marruecos durante siete años, se celebraron elecciones municipales en todo el país. Elecciones que incluyeron las localidades del Sahara y, en las que, por supuesto, participó la población saharaui en igualdad de condiciones que el resto de sus conciudadanos en todo el territorio nacional. A partir de entonces, la población del Sahara ha participado de los diferentes referéndums para incorporar reformas y enmiendas a la Constitución marroquí, además de participar en las elecciones democráticas (legislativas y comunales), en calidad de candidatos y electores, tal y como lo hacen los ciudadanos en todas las regiones de Marruecos. Eventos democráticos que no se conocen bajo el régimen del Frente Polisario que pretende ser el “representante único del pueblo saharaui”.

Hassan II, Rey de Marruecos, en la primera entrevista que concedió a la Televisión Española, el 9 de febrero de 1985
Hassan II, el 1º de septiembre de 1984, como el gran estratega político que fue y en una maniobra espectacular, aceptó una unión con Libia y con ello puso fin a lo que llamaba el periodista francés Edouard Sablier la pista Gadafi. La pista Gadafi fue una ruta que cruza todo el Sahara, desde el suelo libio hasta la frontera marroquí a través de Argelia, donde instalaron y enterraron depósitos de todo tipo de armamento, armamento al que accedía el Polisario para equiparse y realizar sus acciones de hostigamiento a Marruecos. Probablemente, tras la caída del Gadafi, se ha vuelto a utilizar esa ruta como depósito de armas en cooperación con otras organizaciones terroristas que operan en la zona del Magreb.
El diario El País del domingo 2 de septiembre de 1984, en su editorial titulado “La alianza entre Libia y Marruecos” comentó las consecuencias de este acuerdo: “Un hecho fundamental es que el problema del Sáhara occidental no se resolverá por el hecho de que Libia haya abandonado al Frente Polisario. Ese problema exige necesariamente la concertación entre Marruecos y Argelia, así como seguir la vía del referéndum sobre la autodeterminación, aceptado en principio por Marruecos y exigido reiteradamente por la Organización para la Unidad Africana (OUA) y por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)”.
En efecto, el hecho de que Libia abandonase al Polisario no resolvía el problema, pero hizo que todo el peso de la guerra fuera asumido por Argel mientras que Marruecos terminaba la construcción del muro de defensa y contención. La violencia revolucionaria y la lucha armada del Frente Polisario, que desde Argelia dirigía contra Marruecos y contra la población marroquí, también llegaban a su final con el alto el fuego auspiciado por Naciones Unidas en 1991. Ello puso fin a la piratería, a los asesinatos y secuestros de marineros y a las demás formas de terrorismo empleadas por el Polisario. Entre tanto, quedó demostrado que no era el pueblo del Sahara el que estaba en armas, sino que determinados grupos guerrilleros eran los que perpetraban las acciones terroristas desde Argelia, con su consentimiento y apoyo.
El régimen argelino en su antagonismo con Marruecos se sometió a asumir el costo de una guerra (impopular para los argelinos) contra Marruecos. Los tiempos de bonanza económica quedaron en el pasado. La caída de los precios del gas y del petróleo afectaron severamente las arcas del régimen argelino para continuar patrocinando indefinidamente el experimento separatista del movimiento que alberga en su territorio. De hecho, el descontento argelino estalló en octubre de 1988, se le conoció como la rebelión de las masas, el pueblo argelino tomó las calles de varias ciudades y levaron barricadas, se incendiaron las comisarías de policía, los edificios de las administraciones públicas y los locales del partido único Frente de Liberación Nacional (FLN). Todos los edificios y los locales relacionados con el régimen, entre ellos la sede del Polisario en Argel, conocieron la ira del pueblo y la rebelión argelina. El llamado “ejercito del pueblo” no dudó en disparar contra su pueblo, ocasionando centenares de muertos y miles de heridos. Con este hecho inició una cruel guerra civil argelina, consecuencia del fracaso de las cuatro revoluciones preconizadas por el presidente Houari Boumédiène: la revolución agraria, la revolución industrial, la revolución cultural y la revolución saharaui. Todas estas revoluciones interconectadas entre sí y que permitirían que Argelia se erigiera como la Gran Potencia del Mediterráneo y con una salida al océano Atlántico. Ese es el verdadero centro del problema del Sahara.
*Jamal Mechbal es jurista, ex diplomático marroquí y columnista en medios de España y Marruecos.
Artículo para CPLATAM -Análisis Político en América Latina-
Octubre, 2018
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