-DESDE TAFÍ DEL VALLE – “CUANDO LA HUMILDAD TAMBIÉN JUEGA” Por Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

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Hoy vuelve a jugar la Argentina.

Y otra vez, como si una antigua campana invisible llamara a todos los corazones, el país se detendrá frente a una pelota.

No será solamente fútbol.

Nunca lo es cuando juega una nación que aprendió a sufrir, a esperar, a caerse, a levantarse y a seguir creyendo.

La Argentina ha dado al mundo hombres y mujeres extraordinarios.
Premios Nobel de la Paz.

Escritores inmensos.

Científicos, artistas, embajadores de la cultura, del pensamiento, del deporte y de la vida.

También nos dio jugadores inolvidables.

Nos dio a Di Stéfano, que fue elegancia.
Nos dio a Maradona, que fue fuego, rebeldía y milagro.
Y nos dio a Messi, que acaso sea otra cosa: la grandeza caminando en silencio.

Porque Messi no impresiona solamente por sus goles, sus Balones de Oro, sus copas, sus récords o sus distinciones.

Messi impresiona porque, habiéndolo ganado casi todo, sigue pareciendo aquel niño que no olvidó de dónde viene.

No necesitó gritar para ser escuchado.
No necesitó humillar para vencer.
No necesitó disfrazar su grandeza con soberbia.

Su mayor lección quizás no esté en la zurda, sino en el alma.

En la perseverancia de quien fue rechazado por pequeño y terminó siendo gigante.
En la humildad de quien pudo creerse dueño del mundo y eligió seguir siendo hijo, esposo, padre, compañero.

En la ternura de mirar a su mujer y a sus hijos como si allí estuviera el verdadero trofeo.
En la paciencia de esperar años para levantar la Copa que el destino parecía negarle.

Por eso, cuando hoy ruede nuevamente la pelota, no miremos solamente al jugador.

Miremos al hombre.

Al hombre que nos recuerda que el talento sin humildad se vuelve ruido, pero el talento con humildad se convierte en ejemplo.

Desde Tafí del Valle, donde los cerros conocen mejor que nadie el valor del silencio, pienso que Messi se parece a esas montañas: no necesitan hablar para imponerse.

Están.

Y con estar, enseñan.

Ojalá que esta tarde la Argentina gane.

Pero ojalá, sobre todo, que nuestros niños comprendan que se puede llegar muy alto sin dejar de ser sencillo.

Que se puede triunfar sin perder la familia.

Que se puede ser admirado por millones y seguir abrazando como un hombre común.
Que se puede tocar la gloria y, sin embargo, seguir mirando al cielo con gratitud.

Porque cuando rueda una pelota, el mundo se emociona.

Pero cuando un hombre grande conserva la humildad, el mundo aprende.

Y tal vez esa sea la victoria más difícil.

La que no se mide en goles.

La que no entra en ninguna estadística.

La que queda escrita, silenciosamente, en el corazón de los pueblos.

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