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La respuesta de Marruecos a Venezuela tardó pero llegó

 Medios locales e internacionales reseñaron esta semana la firmeza con la que el representante de Marruecos ante Naciones Unidas, Omar Hilale, rechazó las reiteradas calumnias del representante venezolano, Rafael Ramírez.

Las extravagancias del venezolano y sus incesantes ataques a Marruecos, con el único afán de quedar bien con el socio argelino de Caracas, exceden los límites de lo tolerable. Por ello, bienvenida la contundente respuesta del embajador Hilale.

Ya era hora de que alguien ponga las cosas en su lugar y le pare los pies al jactancioso chavista, que se cree con más derechos de los que se tiene y con atribuciones que no le corresponden, y cuyas exacciones y bravatas hemos denunciando desde diferentes tribunas.
Otra ironía de los tiempos que vive la ONU y de democracia simulada, el venezolano presidente del Comité Especial de Descolonización de la Organización, malinterpreta su papel de abogado del diablo y debe estar delirando si realmente cree que asumiendo ese papel defiende los derechos de los pueblos.
Es un disparate mantener tal discurso cuando el mundo entero sabe que en su sojuzgada patria el sufrido pueblo venezolano se muere de hambre y que los líderes opositores, incluso los moderados, pudren en los calabozos militares y civiles del chavismo.
Por otra parte, el hombre está investigado en el parlamento de su país por malversación de miles de millones de dólares durante su presidencia de la empresa Petróleos de Venezuela (PDVSA) entre 2004 y 2014. Por tanto, es el menos indicado para hablar de libertades y de derechos. 
De hecho, en un país serio donde funcionan las instituciones democráticas y prima la ley, que no es el caso de la Venezuela chavita, un funcionario calificado en la Asamblea Nacional de jefe de “banda delincuencial”, ya habría renunciado al cargo o demitido, mientras dure la investigación dado que las pruebas en su contra no son pocas.
Según la Comisión investigadora del parlamento, son más de 10 cajas que contienen más de 1500 documentos que comprueban la malversación de más de 11,271 mil millones de dólares en la estatal PDVSA, el mayor desfalco sufrido por la empresa por lo que la Asamblea acordó por unanimidad pedir al presidente Nicolás Maduro destituirle de sus funciones en la ONU.
Pero no es difícil entender los motivos del régimen para mantenerle en el puesto, ni el afán protagonista de Rafael por los derechos de los saharauis. Se trata de honrar la memoria del expresidente Hugo Chávez quien al recibir de Argelia, a medidos de la pasada década, la encomienda de actuar de agente del separatismo saharaui en América Latina, ordenó una ayuda al Frente Polisario.
Por entonces, el Rafael era titular del superministro de energía y petróleo y también presidente de la supraestatal PDVSA. Fue él, precisamente, el encargado por el Comandante Chávez de tramitar la supuesta ayuda a los saharauis.
Solo que la prometida ayuda, ni bien salió de las arcas del Estado, fue a parar en los bolsillos de los corruptos, algo muy natural en la Venezuela chavista donde la norma indica que a todo aquel que gestiona una actividad le corresponde una tercera parte de su valor económico.
Afortunados pues, los chavistas defensores de los derechos de los pueblos y bienaventurado el Rafael abanderado de las causas de los “oprimidos” y “voz de los pueblos por la paz”.
El Rafael no es jefe de “banda delincuencial” como se le ha calificado en la Asamblea Nacional y nunca debió ser notificado sobre la investigación en su contra en parlamento. Eso sí, debe aclarar el destino de los dos millones de dólares supuestamente donados por el Comandante a los campamentos saharauis en Tinduf.
 
 
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