Las otras saharauis rehenes en Tinduf

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     Una joven saharaui naturalizada española, Maloma Morales, está secuestrada por su propia familia biológica en los campamentos de Tinduf, en Argelia, desde el 12 de diciembre de 2015.

     Ella lo niega todo. Su reacción es entendible luego de la denuncia presentada ante el Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas contra Argelia y el Polisario por su incumplimiento en la protección de los derechos de varias jóvenes saharauis retenidas contra su voluntad en Tinduf.

     Son muchos los casos de jóvenes saharauis retenidas en el desierto argelino. Ellas han sido dadas en adopción en España en ocasión del llamado programa anual “Vacaciones en paz”. A cambio, la familia biológica recibe un estímulo económico, pero el negocio es más bien redondo para los mercaderes del Polisario y los intermediarios organizados en asociaciones ilícitas supuestamente de solidaridad.

     A través de una grabación difundida el 13 de febrero por las redes sociales afines al Polisario, Maloma, nerviosa y aparentemente enfadada, les pide a los españoles que la dejen en paz. “No estoy secuestrada por nadie”, les contesta indirectamente a sus padres adoptivos que reclaman su regreso.

     La familia adoptiva confiesa que una reacción así no es más que una “puesta en escena”. No son los únicos en pensar así. Es evidente. Basta un simple análisis visual de las imágenes, del ángulo de la toma, del enfoque y de la posición de la cámara para comprender que es un truco.

    Lo corrobora asimismo, una tensión no solo por la irritación de Maloma y por el contenido de su mensaje. El encuadre, los objetos que componen la imagen, los muebles que hay y los que no, los colores y la falta de perspectiva sugieren que la filmación no se realizó en una casa habitable, sino en estudio cualquiera.

     Llama la atención sobre todo la ausencia de la familia biológica, que no se compensa con la sospechosa presencia de las primas, mudas escoltas y frías estatuas, que si bien están en escena nunca entran en acción.

    Tal vez, el perceptible nerviosismo de la joven Maloma solo fue porque era un 13 de febrero víspera de San Valentín.