Es innegable: la diplomacia marroquí dirigida por Nasser Bourita está cosechando una serie de éxitos hasta hace poco inimaginables en un mundo globalizado, pero con la mirada convergida cinica y exclusivamente hacia los intereses propios.
Karima Benyahich en España y un dinámico, conocedor del entorno y extraordinariamente eficaz equipo de embajadores en América Latina, ante la UE en Bruselas y los Consejo de derechos humanos en Ginebra, han dado un, realmente, milagroso impulso a una diplomacia que lo necesitaba acuciantemente.
Tanto que, en la misma semana, con España, turismo, fomento y Canarias, entre otros dominios de cooperación y declaraciones de una clara voluntad de ambos países de reforzar e implementar su cooperación en todos los dominios.
¿Es un ¡milagro? Si no lo es, lo parece mucho en un país con Podemos o Izquierda Unida.
En América Latina ya hemos hablado en más de una ocasión de la metamorfosis geopolítica y diplomática para con nuestro país, gracias, sin género alguno de dudas, a las nuevas/nuevas embajadoras/embajadores en los países de esta importante parte del mundo.
En EEUU, en Rusia y en Turquía para la cual “la integridad territorial y la estabilidad de Marruecos es una prioridad”.
Excelente trabajo, pero que se debe intensificar, readaptar constantemente y estar “al loro” de los imperativo y advenimientos que van produciéndose en este mundo exageradamente mundializado.
O sea: que no se debe bajar la guardia, aunque el adversario esté KO.
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