América LatinaCrónicasFeaturedTú, por ejemplo

QUE EL ODIO Y EL RENCOR NO PREVALEZCAN SOBRE EL AMOR Elias D. Galati

Tribuna infomarruecos.ma

Hay momentos en nuestras historias de vida, en los cuales nos encontramos viviendo situaciones difíciles, y también en un contexto que no condice con nuestros valores e ideales, que no deseamos, y que sabemos es pernicioso para nosotros y para las generaciones futuras, si piensan  que el hombre debe ser amable y bondadoso, propender a la paz, la libertad y la justicia, ser solidario y equilibrado con sus hermanos.

En esas circunstancias el estado de ánimo y el espíritu con el que encaramos todos los días, nuestras relaciones,  nuestros trabajos y proyectos, no es el que nosotros deseamos.

Si  proponemos una vida feliz, de alegría, de serenidad y armonía, la vida en ese contexto impide que dicha propuesta pueda concretarse.

Desde el albor del día, nos levantamos azorados y preocupados sobre las situaciones que debemos enfrentar y como tenemos que actuar.

En especial, cuando pensar como pensamos, no es bien visto, somos tildados de anticuados, agitadores y otros epítetos y adjetivos.

Decía Ortega, soy yo y mis circunstancias, y es cierto las circunstancias condicionan; si bien no a todos su manera de actuar y comportarse, a todos su forma de encarar la vida, puesto que es un contexto indeseado, del cual no se puede escapar, y que condiciona a nosotros y a los que estan a nuestro alrededor.

En especial cuando las diferencias son tan profundas, que parece que las partes se constituyeran en bandos y que no sean opuestos sino enemigos.

En dicha sociedad imperará el odio y el rencor, y muchos comportamientos, como normas y actitudes se regirán y se formularán desde ese lugar.

Si a nosotros nos toca vivir esta situación, no vamos a quedar indemnes; evidentemente nos afectará en nuestro pensamiento, en nuestros roles y nuestra condición de ciudadanos y en la relación con los demás.

Asimismo nos tocará enfrentar con situaciones tales, que a una forma de ser y actuar honesta, solidaria y pacífica, se oponga otra violenta, rencorosa y a veces egoísta y deshonesta.

Pero trágicamente es el entorno en el que nos movemos y no podemos salir de allí.

Recuerdo el manifiesto de Sócrates ante su muerte, como modelo de actitud moral y de virtud: si no has tenido las agallas para cambiar el sistema, si no has tenido las agallas para irte, debes aceptar la voluntad de la mayoría.

Es un manifiesto desde la no aceptación de lo inmoral, de lo que no es ético, y no es justo, pero al ser condenado por sus ideas y por ser como es, acepta esa voluntad aunque sea injusta, rencorosa, operada por la envidia y el odio, porque esa es la regla y la actitud moral.

Entonces si no has podido cambiar el sistema, si no te has ido, debes aceptar lo que sostiene la mayoría.

¿Hasta donde? ¿Hasta cambiar tu concepto ético? ¿hasta aceptar el odio y el rencor por encima del amor?

En verdad, es la realidad que vives, que te angustia, te entristece y te conmueve.

Pero eres dueño de ti mismo y de tu pensamiento, y si quieres mantener tus valores y tus conceptos éticos, puedes hacerlo, el problema es atenerse a las consecuencias.

Sin embargo hay una pequeña posibilidad, una entidad común a todos los hombres que se llama conciencia.

Tarde o temprano, la conciencia te aparece, te martilla el espíritu sin prisa pero sin pausa, y aún en los momentos más trágicos y más perversos de la historia, el horizonte avisora una luz de esperanza.

Entonces debes sostener con tenacidad y con valor, aquello que es lo mas preciado que posees, aquello que se te ha dado como hombre, y que te dignifica en la responsabilidad que señala tu pretendida libertad.

Porque en el fondo todos procedemos libremente.

Ese valor, preciado y eterno, es el amor.

En un acto de profunda reflexión debes poner en juicio tus pensamientos, tus deseos, tus frustraciones, tus anhelos y priorizar que es lo más importante que hay en tu corazón.

No importa que te sientas abatido, traicionado, que no entiendas como se puede vivir así, en lugar de tener una vida pacífica y armoniosa.

No importa que sientas deseos de odiar, de buscar venganza, de sacar del medio a todos los que proceden de una forma amoral.

El amor es más importante y más profundo, y sólo el amor nos salvará.

Aunque te odien, aunque te desprecien, tú debes amar, es tu condición y tu objetivo en la vida.

Elias D. Galati

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page