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Venezuela recibió el 11 de noviembre de 2015 el mandato de organizar la V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur-Países Árabes (ASPA), mecanismo de cooperación birregional que reúne a 12 países miembros de Unión de naciones sudamericanas (Unasur) y 22 países de la Liga Árabe. La cita está programada para el próximo año, eventualmente en el mes de septiembre. Hay sin embargo un problema. ¿Qué hará el gobierno venezolano en relación a la llamada “república árabe saharaui”, ente de ficción reconocido por Caracas pero que no tiene registro en la Liga árabe y por tanto no es bienvenido en la reunión entre árabes y sudamericanos? Aquí no caben medias tintas y Caracas debe asumir que la ideología no lo puede todo. Los países árabes se encargarán de recordárselo en la oportunidad. Pero esa no será la primera vez que Venezuela pase por una situación tan embarazosa. Reveses similares ha sufrido en dos oportunidades anteriores, el primero en septiembre 2009 cuando fracasó en su maniobra por imponer la participación de la “república saharaui” en la II cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur-África (ASA) en Isla Margarita. El comandante Hugo Chávez, con mayor prestigio y ascendiente entre los africanos, se tuvo que echar atrás, porque 22 países del continente amenazaron con retirarse en bloque en solidaridad con Marruecos si la presidencia imponía la presencia del ente de ficción. A su vez, el gobierno del presidente Nicolás Maduro sufrió la misa frustración el año pasado ya que el ente, supuestamente reconocido por más de 80 Estados del Sur, no pudo estar presente en la Cumbre del Movimiento de los No Alineados (MNOAL) también celebrada en Isla Margarita. Venezuela y aquellos países latinoamericanos que por motivos ideológicos, apatía o conveniencia todavía apoyan en foros internacionales al separatismo saharaui, deberían reflexionar al importante hecho de que no pueden estar mejor informados sobre la realidad del conflicto saharaui que los propios países árabes que no admiten en su seno a tal ente artificial inventado por Argelia.
Venezuela recibió el 11 de noviembre de 2015 el mandato de organizar la V Cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur-Países Árabes (ASPA), mecanismo de cooperación birregional que reúne a 12 países miembros de Unión de naciones sudamericanas (Unasur) y 22 países de la Liga Árabe.
La cita está programada para el próximo año, eventualmente en el mes de septiembre. Hay sin embargo un problema. ¿Qué hará el gobierno venezolano en relación a la llamada “república árabe saharaui”, ente de ficción reconocido por Caracas pero que no tiene registro en la Liga árabe y por tanto no es bienvenido en la reunión entre árabes y sudamericanos?
Aquí no caben medias tintas y Caracas debe asumir que la ideología no lo puede todo. Los países árabes se encargarán de recordárselo en la oportunidad. Pero esa no será la primera vez que Venezuela pase por una situación tan embarazosa. Reveses similares ha sufrido en dos oportunidades anteriores, el primero en septiembre 2009 cuando fracasó en su maniobra por imponer la participación de la “república saharaui” en la II cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América del Sur-África (ASA) en Isla Margarita.
El comandante Hugo Chávez, con mayor prestigio y ascendiente entre los africanos, se tuvo que echar atrás, porque 22 países del continente amenazaron con retirarse en bloque en solidaridad con Marruecos si la presidencia imponía la presencia del ente de ficción.
A su vez, el gobierno del presidente Nicolás Maduro sufrió la misa frustración el año pasado ya que el ente, supuestamente reconocido por más de 80 Estados del Sur, no pudo estar presente en la Cumbre del Movimiento de los No Alineados (MNOAL) también celebrada en Isla Margarita.
Venezuela y aquellos países latinoamericanos que por motivos ideológicos, apatía o conveniencia todavía apoyan en foros internacionales al separatismo saharaui, deberían reflexionar al importante hecho de que no pueden estar mejor informados sobre la realidad del conflicto saharaui que los propios países árabes que no admiten en su seno a tal ente artificial inventado por Argelia.


Super insightful and fresh perspective.